En la recta final de la campaña de Castilla y León, a dos días del cierre, y con un ala crítica de militantes desplazados o de exmiembros purgados del partido metiendo presión para la celebración de una Asamblea extraordinaria, Vox trasladó dos mensajes este jueves a través de su número dos. El vicepresidente y secretario general, Ignacio Garriga, afirmó que el próximo lunes el PP tendrá a un Vox mucho "más fuerte" en Castilla y León, y, por otro lado, desprestigió esos movimientos de los críticos que encabeza el exportavoz en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros.

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Para Garriga, Espinosa y otras personalidades como Javier Ortega Smith, recién expulsado de militancia del partido, al borde de la salida del grupo del Congreso y atrincherado dentro del grupo municipal, con mayoría de su lado, en el Ayuntamiento de Madrid, meten presión en estos momentos por "frustraciones". Espinosa mantuvo una posición discreta desde su salida, algo que empezó a dejar atrás en la previa a la presentación de su fundación Atenea, en septiembre. Desde entonces fue afeando los cambios de criterio de la dirección del partido, el arrinconamiento de tendencias ideológicas más liberales y clamó por un entendimiento con el PP. Ortega, en cambio, ha ido al choque desde el primer segundo que tuvo conocimiento de su desplazamiento como líder local. Ello desencadenó su baja tras la pérdida de otras competencias y ha abierto la veda en los tribunales, a priori por incumplimiento en la protección de datos en lo relativo a su expulsión.

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Garriga fue más allá durante una entrevista en Telecinco este jueves. "Hay un síndrome que se llama el 'del príncipe destronado' y eso es lo que algunos que antes estaban en Vox y ahora no están parece que están sufriendo. Lo que antes les parecía bien, lo que ellos votaron a favor de unas reglas internas y de unos estatutos y de unas decisiones, hace quince días todo era magnífico y Vox era un partido democrático. Ahora resulta que se les pide que cambien de posición en el terreno de juego y Vox ya no es democrático", expuso. Garriga reaccionó así al ser interpelado por las últimas declaraciones de Ortega, en las que trasladaba que el partido está dominado por empresarios.

Para el vicepresidente de Vox "no hay que darles más importancia" a estas críticas. Cree que quien no se encuentra a gusto dentro de las filas del partido "se puede ir". Entre esas filas, figuras como el diputado Carlos Hernández Quero o el portavoz económico, José María Figaredo, han restado relevancia a movimientos como el de Espinosa estos días de campaña en Castilla y León.

El PP debe hacer un "ejercicio de humildad"

Entrando en materia electoral, durante esa entrevista Garriga trasladó que los ciudadanos castellano-leoneses están "hartos" de la inmigración masiva que satura, dice, los servicios públicos; que compromete la identidad y dispara la inseguridad. Por eso, el dirigente de Vox prevé que el lunes Alfonso Fernández Mañueco y el PP tendrán que sentarse con "un Vox más fuerte". Deberán hacer "un ejercicio de humildad". Estas palabras llegan mientras las negociaciones en Extremadura y Aragón avanzan a puntillas pero cuando públicamente ambas formaciones aparentan haber roto de nuevo los puentes. Para Alberto Núñez Feijóo, a Vox "ser patriota le viene grande". Para Abascal, a Feijóo "España le queda grande". Este ha sido el último cruce de reproches en campaña, el fin de semana.

Vox sabe que el resultado del domingo será mejor que el de febrero de 2022, pero igualmente Garriga es consciente de que deberá haber tarde o temprano un entendimiento con Génova. Admite que están "condenados" a ello. Pero antes, la formación reclama aproximación a sus políticas y claridad en el PP para comprender que la etapa de "turnismo" se ha agotado. Están hablando por ahora "medida a medida, programa a programa" con el PP, con el campo, la bajada de impuestos, el acceso a la vivienda, la seguridad en las calles y el combate de la inmigración ilegal en la mirilla. Algo que el PP sí ha aceptado en la Comunidad Valenciana, argumenta Garriga.