Este domingo el PP de Alfonso Fernández Mañueco se juega su continuidad al frente de la Junta de Castilla y León. Tendrá que llegar a pactos como en las últimas dos legislaturas, y todas las encuestas apuntan a una dependencia directa de Vox como hasta ahora. Pero de fondo el PP además compite por otro récord, alcanzar las cuatro décadas de gobiernos ininterrumpidos en la región. Si se atiende al histórico, teniendo en cuenta a Alianza Popular, el precedente de lo que es hoy la marca popular, Mañueco alcanzaría ese hito el julio del próximo año. Sería en enero de 2029 si solo se toma como referencia al propio PP, constituido ese mismo mes de 1989.
Castilla y León supera por unos años la prolongación que viene dándose en territorios como la Región de Murcia y la Comunidad de Madrid, con el PP en el poder desde mayo y junio de 1995 (son 31 años). Por debajo está Galicia, con ejecutivos seguidos desde 2009, durante 17 años. Las encuestas vienen destacando en esos feudos que no hay peligro de sorpasso. Hay una pequeña distinción: tanto en Madrid como en Galicia se gobierna con mayoría absoluta. López Miras está al borde de ella, y el reciente golpe territorial dentro de Vox puede suponerle un aliciente para ello.
El caso de Castilla y León se da por varios factores. El primero es el fortalecimiento del bipartidismo. PP, primero, y PSOE, después, tienen más del 50% de los votos territoriales. A nivel nacional sucede lo mismo, con más del 60% si se atienden a los resultados de las últimas generales de 2023. España es una rara avis si se compara con el resto de Europa. Los partidos tradicionales están bajo mínimos en Francia, la izquierda es tercera fuerza en Alemania mientras que AfD ya compite con la conservadora CDU por la primera posición. En Italia, el homólogo del PP se mueve entre la cuarta o quinta plaza mientras que los socialdemócratas son la principal fuerza de oposición. Y en general, las derechas democráticas están por detrás de sus rivales populistas. En Polonia, en Chequia, en Países Bajos... Hay varios elementos que permiten explicar esta fuerza de PP y PSOE en la comunidad.
Se suma otro elemento como el envejecimiento de la población. Si se atienden a los estudios más recientes publicados en la recta final de la campaña, NC Report incluye una estimación del voto por edades. El bipartidismo despunta de los 45 hacia delante. En la franja de 18-29 años el ganador es Vox con un 10,9% del total, seguido del 10% del PP, el 9,2% del PSOE y el 5% de En Común -integra a IU-Movimiento Sumar-Equo-. Entre los 30-44 años, sigue estrecha la competencia con un 16,4%, 15,4% y 13,4% en el mismo orden, con los socios de Sumar en 4,5 puntos.
Cuando se pasa de los 45 a los 64 años, la situación cambia. En esa franja el PP domina con el 21,4% de los votantes, seguido del 18,4% del PSOE. Vox se queda en un 10,1% y los magentas con el 1,9%. Más allá de los 65, el PP consigue el 22,9%, el PSOE el 16,6% y Vox sigue bajando a los 9,9 puntos. La edad es determinante para el voto bipartidista y conservador. Y si se mira las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística (INE), de los 2.097.768 electores llamados a las urnas, 1,2 millones, más de la mitad, superan los 45 años. Son aproximadamente 330.000 votantes hasta los 54 años, 340.000 hasta los 64, 320.000 hasta los 74, y otros 330.000 hasta los 84. Por encima habría unas 170.000.
De los 2,09 millones de electores llamados a las urnas, 1,2 millones superan los 45 años
La mayoría de esos electores participaron en las primeras elecciones de 1983, cuando las dos fuerzas mayoritarias eran populares y socialistas, lo que ha promovido una identidad de siglas que se refuerza desde el territorio, desde los ayuntamientos. Ambos son los que cuentan con mayor asentamiento, seguido de IU, con más de un centenar de concejales y la alcaldía de Zamora.
La participación y el sistema electoral
Aquí entran en juego dos factores electorales: la participación y el sistema electoral. Respecto a la primera, hasta la entrada de Podemos, Ciudadanos y Vox a la competición, la participación ha sido superior al 70% generalmente. Ahora al 65% de media, en un momento de mayor desafección política. Se prevén cifras similares, por encima de las de 2022 un 58% que supuso la más baja de la historia autonómica. Con todo, el electorado más mayor sigue siendo el más fiel a las urnas, lo que refuerza la posición del bipartidismo. Opciones como Vox están empezando a calar en entre los más jóvenes, los adultos jóvenes y los nuevos votantes como opción protesta frente a un panorama de muchas incógnitas, entre otras en materia de vivienda. Son los que han crecido toda su vida dentro de la rueda de esos gobiernos populares.
El sistema electoral castellano-leonés, por su parte, beneficia directamente a los grandes partidos, aunque progresivamente menos por esa consolidación de nuevas fuerzas. Fuentes de partidos como Vox o Sumar dan, en fuentes, cuenta de esas dificultades para abrirse paso. Se rige por la ley D'Hondt, pero las nueve provincias que componen la región son pequeñas y reparten pocos escaños, que en su mayoría recaen en PP y PSOE, o en fuerzas pegadas al territorio como la leonesista UPL, que apunta a crecer en estas elecciones. El siguiente reparto de escaños es el de 2022 -Segovia ahora sumará otro procurador por crecimiento de población, se elegirán 81- y está monopolizado por PP y PSOE.
Las estimaciones de escaños de media dan al PP 31-32 en esta nueva elección; 26-27 al PSOE; unos 16-18 a Vox; 3-4 a UPL; 1-2 a Soria Ya y con 0-1 a XA y a En Común. Pero el bipartidismo sigue reforzado. Si en la anterior Mañueco y la candidatura del socialista Luis Tudanca sumó 59 de los 81 escaños, ésta sería 56-59 nuevamente. GAD3 estima el siguiente reparto, con Vox al alza pero PP y PSOE cosechando la mayoría de procuradores, entre el 68% y el 71%:
Al margen del plano autonómico, esa tendencia se da en los mismos porcentajes en las generales. En 2023, el 41,5% y el 32,4% de los ciudadanos castellano-leoneses votaron a PP y a PSOE. Vox permeó en el 13,7% y Sumar en el 7%.
Territorio conservador
¿Por qué el voto para el PP -y por ende para el arco de la derecha- es superior? Sociológicamente Castilla y León ha sido una comunidad conservadora. Hay varios datos en el CIS de febrero que pueden ayudar a percibir ideológicamente a sus ciudadanos. El 55,7% de los votantes se considera católico (21,7% practicante). Es la quinta comunidad más religiosa tras Canarias, Galicia, Andalucía y Castilla-La Mancha. Es, al mismo tiempo, la cuarta economía española con mayor presencia de la agricultura y la ganadería, con el 7% según la OCDE. Son algo más de 58.000 personas de las 759.000. El sector suele tender hacia la derecha, de ahí las luchas entre populares y Vox por captar el voto del sector, o la agitación de asuntos como Mercosur por parte de Santiago Abascal y los suyos.
Pero sí hay un dato clave es la autodefinición ideológica en una escala del 1 al 10, siendo ésta última cifra "muy de derechas" en el CIS. Hay dos posiciones clave. La mayoría se identifica en el centro con un 23,3% en el 5 y votando a partes iguales a PP y PSOE. El centroderecha, con un 12,7% en el 6 y un 8,1% en el 7, alcanza el 20,8%. Le sigue un 18,7% de personas que en el 10 se identifican a la extrema derecha. Muy cerca del número de electores que tendrá Vox en estos comicios. Tienen mayor peso que el centroizquierda, que suman en 3-4 un 13,2%, y que quien se identifica como de "extrema izquierda" en 1, con el 10,5%.
En vista a estos datos, el PSOE no tiene posibilidad de dar un gran vuelco hacia la izquierda en los próximos años pese a su asentamiento, gran culpable de su resistencia. Primero, porque en su único gobierno vino con viento de cola por los 202 escaños logrados por Felipe González en 1982. Segundo, porque la apuesta discursiva del PSOE en estos momentos es muy potente por la izquierda, aunque su candidato Carlos Martínez mantiene una propuesta mucho menos ideológica. De hecho, no es un confirmado sanchista, en vista a sus apoyos a anteriores perfiles del partido. No es un candidato íntimo a Ferraz. Su fortaleza recae en su proximidad al territorio, por su papel como alcalde de Soria, entre otros.
En Castilla y León, dada la realidad social, los comicios se ganan mayoritariamente por el centro. Eso también explica la incapacidad de las izquierdas alternativas de entrar con fuerza en las Cortes, además de la penalización por el sistema electoral. Tanto el voto a Vox como a partidos como Podemos o IU-Sumar vienen especialmente de las zonas urbanas. Aunque hay excepciones. Esta campaña el voto provincialista a partidos como Soria Ya o Por Ávila puede verse perjudicado por un desplazamiento a Vox. En zonas de alto riesgo de despoblación, Abacal apunta como alternativa.
Uno de los ejemplos clave para el PSOE allí es el modelo de Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha, donde viene revalidando su mayoría absoluta con una propuesta socialdemócrata, centrada y con ciertas perspectivas conservadoras en cuanto asuntos de apego al territorio, al sector primario o tradiciones como la tauromaquia.
Cinco presidentes del PP
Mañueco es el que peores resultados ha cosechado hasta la jornada de hoy, y a espera de las urnas, en el territorio. En su primera convocatoria perdió frente a Tudanca por la división de ese voto de centroderecha con Ciudadanos. Ganó en 2022 con 31 escaños a Tudanca, con algo más de 16.700 votos, por el desgaste del segundo y pese a la irrupción de Vox con 13 escaños.
Desde José María Aznar con AP -con Jesús Posadas como relevo tras su salto nacional-, y luego con el PP, la marca se fue consolidando desde los 31 escaños -como ahora Mañueco- y los 493.000 votos en 1987. Con Juan José Lucas a los mandos se llevó al partido a los 43 procuradores y a un 44,2% de los votos en 1991. En esa etapa fue donde el partido se consolidó definitivamente hasta esa ruptura bipartidista formalmente con Podemos, Ciudadanos y Vox. En sus segundas elecciones de 1995, Lucas dobló la base electoral de Aznar y llegó en 1999 a los 50 escaños y un 52,2% de mayoría absoluta, con un PSOE en cifras similares a las actuales.
Tras su nombramiento como ministro, cedió los mandos a Juan Vicente Herrera, que dotó de estabilidad al partido con tres convocatorias seguidas (2003 y 2007) logrando los mismos 48 procuradores y entre el 49-52% de los apoyos. Lo aumentó en 2011 a 53 representantes (51,5%), coincidiendo con el peor momento del PSOE a raíz de la crisis económica y tras la marcha de José Luis Rodríguez Zapatero de la presidencia del Gobierno. La entrada de Ciudadanos y el aumento de los repartos a cuatro principales partidos, con mayor competencia provincial, llevó a Herrera en 2015 a 42 escaños y el 37,7%. Una pérdida de casi 14 puntos. Con esa herencia de peso político dirige ahora Mañueco las siglas.
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