La situación en el sur del Líbano sigue deteriorándose. En las últimas 48 horas, los cascos azules de la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL) han registrado un “intenso fuego y explosiones en y alrededor del pueblo de Naqoura, cerca de nuestra sede”, según ha informado la portavoz de la misión, Kandice Ardiel. “Balas, fragmentos y metralla han impactado en edificios y zonas abiertas dentro de nuestro cuartel, poniendo a los soldados en riesgo”, ha añadido. Como consecuencia, los efectivos han tenido que refugiarse en los búnkeres de la base para evitar daños.

Además, en la mañana de este un proyectil alcanzó un edificio dentro del cuartel. UNIFIL ha destacado que especialistas en desactivación de explosivos están trabajando para neutralizarlo y que todo apunta a que fue disparado por “una entidad no estatal”. La misión ha recordado que “no existe solución militar para este conflicto” y ha instado a todos los actores a “poner las armas a un lado y comprometerse con una solución a largo plazo antes de que más personas resulten heridas”.

Respuesta en defensa propia

No es un hecho aislado. El 15 de marzo, los cascos azules fueron atacados mientras patrullaban en Yatar, Dayr Kifa y Qallawiyah, también por grupos armados no estatales. Según UNIFIL, “el fuego en Yatar impactó a tan solo cinco metros de los soldados” y, aunque dos patrullas respondieron en defensa propia, no se registraron heridos. La misión subrayó que la presencia de armas fuera del control del Estado en la zona “es una violación de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU” y que “cualquier ataque contra los cascos azules constituye una grave violación del derecho internacional humanitario y podría ser un crimen de guerra”.

La violencia se ha intensificado desde la noche del 18 de marzo, cuando UNIFIL alertó de un “preocupante deterioro de la situación entre Líbano e Israel”, con “intercambios de fuego, actividad aérea y terrestre intensificada, y una mayor presencia de fuerzas israelíes dentro del territorio libanés”. La misión recuerda que los cascos azules permanecen en sus posiciones, “reportando violaciones, mediando entre las partes y facilitando el acceso humanitario y la protección de civiles donde es posible”.