Las herencias hay quien las acepta y quien las repudia. Depende de cómo las tasen, si como un incómodo legado de sangre a reparar o como un tesoro a salvaguardar. En Euskadi, una parte de los jóvenes se ha enfrentado a este dilema en los últimos años, a la duda de elegir interpretación ante el legado sociopolítico que les dejaba la generación de sus padres.

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No es una herencia que deje indiferente. Se acumuló durante seis décadas a golpe de atentados, coacciones y justificaciones imposibles. Todo en pos de una patria soberana que había que arrancar al "enemigo invasor". Unos la construyeron en el 'frente político', otros en el 'militar', en ETA y su mundo.

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Arnaldo Otegi cumplirá 68 años en julio. Soledad Iparraguirre, 'Anboto', 65 el próximo 25 de abril. Ambos simbolizan bien el último medio siglo de 'lucha' que ha recibido la generación de sus hijos. Hoy el primero pisa moqueta en las instituciones y la segunda ha recuperado parcialmente la libertad de su condena sangrienta. También la generación de sus padres libró un proceso similar a finales de los años 50. Entonces, las juventudes del PNV abandonaron la formación por considerarla débil en su oposición al Franquismo por la defensa del pueblo vasco. Fue el inicio de lo que poco más tarde derivaría en el nacimiento de ETA en 1959.

Ahora, en las prisiones y fuera de ellas aún hay quien reprocha a Otegi y los suyos haberse 'rendido' ante el enemigo. Y se lo hacen saber recurriendo a los jóvenes, a las nuevas generaciones, como motor del nuevo tiempo. Para ello, en los últimos años han iniciado la construcción de una suerte de nuevo camino de "lucha". Esta vez la patria comparte espacio con el discurso comunista, con el 'obrero y el proletariado' como destinatarios. Las ikurriñas dan un paso atrás para abrir el camino a las enseñas rojas, cuando no a la hoz y el martillo.

El nuevo camino de la lucha

La fórmula: la constitución de una amalgama de organizaciones juveniles dirigidas a captar voluntades en ámbitos que van desde el feminismo hasta el cultural, el de la vivienda o el universitario. Plataformas orientadas a reprochar y cuestionar los pasos dados a quienes se han 'institucionalizado', en referencia a la izquierda abertzale tradicional representada hoy por Sortu y EH Bildu.

En el otro 'frente juvenil' abertzale están los fieles a Otegi. También ellos se han apresurado a reinventarse ante los jóvenes con otra larga lista de organizaciones dirigidas a atraer a nuevos adeptos. Más bien a no perderlos. La izquierda abertzale ha visto cómo en este tiempo de 'institucionalización' en el que se ha sumergido, el otrora poder casi absoluto que poseía sobre amplios sectores juveniles se lo han arrebatado sus críticos.

Ambas estructuras conviven de modo paralelo en Euskadi y Navarra. Es en una carrera por atraer a quienes no conocieron los años de violencia que en muchos casos aplaudieron sus padres. Una parte ya ha decidido intentar normalizarse, la otra ha renovado su lucha en clave "proletaria", "antifascista" y "anticapitalista". Unos piden "la vuelta a casa" de los presos de ETA, los otros van más allá y reclaman la amnistía para ellos.

Más comunismo, menos ikurriñas

Ambos lados comparten su condición abertzale y de izquierdas, pero en distintas intensidades y prioridades. La convivencia entre ellos en la disputa por un mismo espacio no siempre ha sido pacífica. Lo hacen en ocasiones en un clima de tensiones. La división se percibe en las calles, en la Universidad y en el ámbito cultural y económico juvenil. Basta pasarse por los campus universitarios públicos para sentir el pulso en una guerra de carteles, proclamas, convocatorias y manifestaciones. Unos abrazan más la bandera comunista que la ikurriña y otros enarbolan la enseña vasca pero sin renegar de sus mayores que hoy apuntalan al Gobierno de España.

Es el nuevo tiempo que desde hace casi más de una década se ha ido configurando en la parte más abertzale de la juventud vasca y navarra desde que en 2011 ETA dejó de matar y en 2018 anunciara su disolución.

La lista de organizaciones es larga. Entre los críticos destaca el Mugimendu Sozialista (MS), integrado por GKS (Gazte Koordinadora Sozialista), EHKS (Euskal Herriko Kontseilu Sozialista) y la antigua Ikasle Abertzaleak (Sindicato de Estudiantes) ahora reconvertida en Ikasle Antolakunde Sozialista (IAS). De este sector juvenil crítico también forman parte organizaciones como Itaia, (Movimiento feminista), Erraki (Movimiento de apoyo a los gaztetxes). En su entorno revolotean otros movimientos más amplios, no sólo dirigidos a los jóvenes, como la coordinadora independentista Jardun, -que considera "ejemplar" la lucha de los militantes de ETA "a los que debemos respeto"-, el movimiento pro amnistía 'Tinko' o la Organización de presos de ETA disidentes, ATA.

El caso de Peru Iparragirre, hijo de 'Anboto' y 'Antza'

En la línea oficial afín a Bildu y a la tradición de la izquierda abertzale figura otra amalgama de movimientos. De algún modo intenta clonar la infraestructura de los 'críticos' para no perder músculo social: Ernai (Juventudes de Sortu), Ikama (Movimiento estudiantil), Bilgune feminista (Movimiento feminista), EPPK (Colectivo de presos de ETA). Incluso en el País Vasco francés la izquierda abertzale impulsa su propio movimiento juvenil: Xuti Gazte.

Si alguien escenifica bien esa ruptura generacional es Peru Iparragirre. Su árbol genealógico más reciente está marcado por ETA. Es hijo de dos jefes de banda terrorista, Mikel Albisu, alias 'Mikel Antza', y Soledad Iparragirre, 'Anboto', históricos responsable político y jefe militar de la organización terrorista. Pero además, Peru es nieto de históricos miembros vinculados a los inicios de ETA.

La organización juvenil GKS durante uno de sus actos para convocar una manifestación. | GKS

Peru tiene hoy 30 años. Su infancia estuvo marcada por la vida de sus padres. Nació en Toulouse (Francia) en 1996, mientras vivían en la clandestinidad. Ambos fueron detenidos en 2004. Antes, en 2000, ambos habían dejado el cuidado de su hijo en manos de una familia libertaria que conocían. Después relatarían su experiencia en un libro 'Sí, nosotros alojamos a un terrorista de 3 años'. Fueron quienes le enseñaron a leer y a escribir. Más tarde, quedó a cargo de su abuelo paterno, Rafael Albisu, uno de los pioneros de ETA.

Hoy al joven Iparragirre se le considera uno de los ideólogos de la corriente juvenil crítica con Otegi. Rechazan la 'institucionalización' de EH Bildu. A Peru le mueve más el proletariado que la patria vasca. La organización a la que se le vincula, GKS (Gazte Koordinadora Sozialista) considera que la izquierda abertzale oficial responde hoy a un modelo "burgués" de entender la lucha política y social.

El fin de ETA, el inicio de la fractura

La fractura llegó con el final de la violencia. Tras la ilegalización de la izquierda abertzale en 2003 por sus vínculos con ETA. No fue hasta 2012 cuando volvió a ser legal. Para ello, su nueva formación, Sortu, tuvo que repudiar la violencia, al menos en sus estatutos. Para entonces, ETA ya había anunciado el cese de sus atentados. Aquel viraje liderado por Otegi abrió una fractura en ese mundo que el tiempo fue agudizando.

Es en ese contexto cuando los 'críticos' empiezan a organizarse. Algunos movimientos procedían incluso desde el interior de las cárceles con presos de ETA que consideraban una traición la "rendición" a la que habían accedido los de Otegi. Una suerte de traición a la "lucha", a la "revolución" de décadas de cientos de miembros de la banda. Figuras como los presos de la banda Iñaki Bilbao, Patxi Ruiz, Jon Kepa Preciado muestran abiertamente su rechazo.

Un año después de disolverse ETA uno de los movimientos juveniles más importantes en el entorno de la izquierda abertzale rompe con Otegi. Se trata de Ikasle Abertzaleak, sindicato estudiantil fundado en 1988, con gran peso en las universidades públicas e institutos y en otro tiempo cantera para el entorno radical abertzale. En 2019 decide distanciarse de ese mundo y adherirse a GKS, el movimiento de ideología comunista que ya había comenzado a extenderse con éxito entre los jóvenes.

GKS se fundó como Coordinadora Juvenil Socialista en febrero de 2019 con el objetivo de superar lo que considera que es "una dominación burguesa" y combatir las "distintas formas de opresión" que existen. Defiende un "levantamiento de la clase obrera". De ideología abiertamente comunista e independentista, penetra rápidamente no sólo en los ámbitos estudiantiles sino en sectores afines a organizaciones antisistema, sectores del fútbol, feminismo, cultura… e inicia una oposición directa contra el movimiento juvenil de Sortu: Ernai.

La financiación, la gran batalla

La lucha por las vías de financiación es el gran foco que visibiliza la fractura entre estos dos mundos juveniles abertzales de izquierda. Históricamente el entorno de la izquierda abertzale se ha financiado a través de la gestión de locales juveniles (Gaztetxes) y sobre todo de las 'txosnas' o casetas instaladas en fiestas populares. El control y dominio de acceso a numerosas comisiones de fiestas y locales en Euskadi lo tenía Ernai y GKS reclamó su parte. Disputas que en algunos casos desembocaron en enfrentamientos físicos, como ocurrió en 2022 en San Sebastián por el control de un "Gaztetxe".

A medida que han ido pasando los años, el movimiento crítico ha ido ganando simpatías entre las nuevas generaciones. Más activo y con más capacidad para multiplicarse en distintos frentes: el feminista el 8-M, el 'obrero' el 1-Mayo, el 'antifascista' el 12 de octubre, el soberanista en el 'Aberri Eguna' que hoy se celebra en Euskadi. Unos y otros no han descuidado la organización anual de una suerte de "colonias" políticas o fines de semana en los que la fiesta se combina con las conferencias y la formación política. Este fin de semana Otegi ha participado en el 'Gazte Topagune' que los suyos han celebrado en Abadiño y que concluía con cientos de jóvenes corenado el 'Eusko gudariak' puño (izquierdo) en alto.

La inquietud no tardó en instalarse en Bildu al descubrir que GKS y su entorno era capaz de aglutinar a miles de jóvenes en manifestaciones. La imagen de miles de jóvenes, siempre vestidos de negro, enarbolando banderas rojas, no ikurriñas, visibiliza que no eran lo mismo. Convocatorias que Ernai también ha intentado replicar, incluso en su estética con el negro como "uniforme" juvenil y la ikurriña como gran referente, convirtiendo este tipo de actos en una suerte de termómetro del estado de dominio generacional de cada una de las dos corrientes.

La 'cohabitación' entre revolución e institución

En diciembre de 2023 el sector crítico se conforma como partido político: EHKS (Euskal Herriko Kontseilu Sozialista). Por ahora no concurrirá a elecciones, pero la réplica "crítica" a Sortu ya está constituida. Se presentan con el objetivo de "convertir el comunismo en una fuerza de masas" y reforzar "la lucha del proletariado" contra la "decadente sociedad capitalista".

El historiador y director del Instituto Valentín de Foronda de Vitoria resume como una "cohabitación" entre "la revolución y la institución" la posición que hoy mantiene la izquierda abertzale histórica en una "sociedad aburguesada, liberal y tranquila como la vasca". A sus críticos los sitúa como a los que aún añoran el pasado y "quieren mantener la llama encendida" pero sin alejarse demasiado del espacio ideológico más inmediato de lo que hoy es EH Bildu.