El empresario Alberto Escolano, socio de Víctor de Aldama, ha comparecido como testigo en la primera sesión del juicio del "caso mascarillas", donde ha detallado las dificultades con las que tuvo que lidiar con Jessica Rodríguez, expareja del exministro de Transportes José Luis Ábalos. Las complicaciones vinieron como consecuencia del piso de Torre Madrid donde esta residió, cuyas rentas abonó Escolano durante unos meses.
El testigo ha explicado que fue el propio Aldama quien le indicó que debía buscar un piso para una mujer, algo que, a su juicio, encajaba con otras gestiones similares que ya había realizado anteriormente como "detalles" para clientes. Sin embargo, en esta ocasión, la situación pronto se volvió más compleja de lo habitual. Su declaración ha venido después de la de la propia Rodríguez, que ha explicado al Supremo que pensaba que todos los gastos eran sufragados por Ábalos.
La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil detalló en uno de sus informes que las mensualidades del piso eran pagadas por uno de los socios de Aldama, Alberto Escolano. Según los investigadores, esta fue una de las formas que tenía el empresario de agasajar al exministro, quien a cambio tenía capacidad para facilitar contratos a la trama.
El empresario ha señalado que Rodríguez mostró desde el primer momento una actitud exigente, especialmente por su insistencia en ocupar una vivienda concreta. "Se empeñó en que quería la planta 13", ha relatado, subrayando que la disponibilidad no era inmediata. Pese a ello, accedió a gestionar el alquiler, aunque tuvo que pedirle que esperara unos días hasta que el inmueble quedara libre. "Yo la quiero ya, y tiene que ser ya", le trasladó ella, según su testimonio.
Con el paso del tiempo, Escolano ha asegurado que fue consciente de la identidad de la inquilina y de su relación con el entonces ministro. A partir de ahí, las tensiones aumentaron. En su declaración, ha descrito a Rodríguez como una persona que "siempre se quejaba de todo" y ha relatado episodios en los que, según él, amenazaba con recurrir a Ábalos cuando Koldo García no atendía sus demandas. "Voy a llamar a Ábalos y se va a cagar", ha afirmado que llegó a decirle en alguna ocasión.
Además, el empresario ha explicado que la vivienda presentaba algunas deficiencias, como problemas con el congelador, que provocaron que la inquilina perdiera comida en varias ocasiones. Estas incidencias, unidas a la relación tensa que mantenían, acabaron generándole, según ha reconocido ante el tribunal, "quebraderos de cabeza" continuos hasta que dejó de hacerse cargo del pago del piso. "Cuando Víctor me dijo que dejara de pagarlo yo, encantado", ha zanjado.
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