El expresidente del Gobierno, Felipe González, ha expresado este viernes su "infinita tristeza" por la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, pese a las discrepancias políticas que ha reconocido mantener con él en distintos asuntos, y ha defendido que no se atreve a "creer" las acusaciones que pesan sobre el también expresidente socialista.
A su llegada al acto en el que ha recibido el premio Ana Frank, González ha subrayado que la presunción de inocencia de Zapatero es "indiscutible" y ha añadido que no lo imagina "en ese papel", en referencia a su supuesta implicación en una trama de tráfico de influencias, falsedad documental y blanqueo de capitales recogida en el auto del juez José Luis Calama.
En esa misma línea, ha señalado que el auto le parece “muy impresionante”, aunque ha insistido en que ello no altera el derecho del investigado a defenderse ni su presunción de inocencia, que ha reivindicado de forma tajante.
Preguntado por la actuación del juez instructor, González ha destacado su papel como el de un "juez de garantía", asegurando que está adoptando decisiones "muy medidas" y que se trata de una actuación "extraordinariamente respetable".
El exjefe del Ejecutivo ha reconocido también sus diferencias políticas con Zapatero en cuestiones como su relación con el actual Gobierno o la política hacia Venezuela, aunque ha recalcado que esas discrepancias no le impiden sentir un "profundo" e incluso "infinito" sentimiento de tristeza por su situación judicial.
Sobre el posible impacto de esta imputación en el PSOE, se ha limitado a responder: "Yo no represento al PSOE", evitando entrar en valoraciones políticas sobre el partido.
Ya en el coloquio posterior a la entrega del premio Ana Frank, concedido por el Centro Ana Frank Argentina para América Latina y la Organización de Estados Iberoamericanos por su aportación "a la consolidación democrática, a la integración europea y a los procesos internacionales de paz", González ha reiterado su postura y ha insistido en la necesidad de preservar la presunción de inocencia, al tiempo que ha reivindicado la figura de Ana Frank como símbolo frente a un escenario global marcado por el "odio y el enfrentamiento".
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