Todavía con la resaca emocional por la vigilia de los jóvenes encima, los católicos españoles han salido en masa a llenar el centro de Madrid, en una misa histórica que se recordará durante años. Más de 1,2 millones de fieles se han congregado en la Plaza de Cibeles para atender la eucaristía presidida por el papa León XIV este domingo, por la fiesta del Corpus Christi. Una de las grandes fiestas para los cristianos: llegados desde todos los rincones de España y del mundo, algunos han esperado toda la noche en Cibeles para poder ver al santo padre.
“Hoy la Iglesia que camina en Madrid se convierte en casa abierta y asamblea convocada por Dios”, ha señalado el arzobispo de la capital, José Cobo, al comienzo de la misa. Desde el suelo, miles de ojos estaban puestos en el pontífice. Con sillas plegables, echados sobre esterillas en el suelo o bajo la sombra de los árboles, los fieles llenaban la plaza desde primera hora de la mañana.
Una de las primeras en llegar ha sido María Paula, que ha esperado la llegada del santo padre a Cibeles desde la noche pasada. Peruana residente en Madrid desde hace seis meses, quizás sea una de las personas entre el público con una relación más estrecha con León XIV. “Yo participaba en las misas que él hacía”, comenta con ilusión. Esta mujer era una de las cincuenta personas que acudían a las misas dominicales que el entonces obispo de Callao, Robert Prevost, ofició durante su etapa en el país sudamericano.
“Él es peruano por voluntad propia”, dice sobre un papa nacido en Estados Unidos pero que desarrolló buena parte de su carrera eclesiástica en Perú. Un “orgullo” para todos los ciudadanos de este país. Cuando Prevost fue designado para ser el sucesor de Francisco al frente de la Iglesia, María Paula lo vivió como “una emoción muy grande” por la cercanía que había tenido con el santo padre. Ahora, ha pasado de ser parte de ese medio centenar de fieles que lo acompañaba en Callao a presenciar una misa multitudinaria para más de un millón de personas en Madrid.
La familia de María Paula está en Perú, por lo que ha acudido a la misa junto a algunas amigas. Como ella, son mujeres inmigrantes. Sienten que el papa intercede por las personas en su situación: “Me parece muy bien que esté apoyando a los inmigrantes, que sufrimos un poco al llegar a otro país que no conocemos”, agradece esta mujer. En este proceso, ha tenido que adaptarse a una nueva cultura y diferentes formas de vida, explica, por lo que para ella es un reconocimiento que León XIV hable sobre su situación durante su visita a España.
Los españoles, encantados con su mensaje para los desfavorecidos
El mensaje que el papa está dando sobre la inmigración en esta visita también es el más valorado por Iván. Padre de dos hijas, ha llegado esta misma mañana a Madrid desde Yepes (Toledo). Cree que para ellas es bueno oír hablar al santo padre sobre la integración de los inmigrantes y la cercanía hacia los pobres y los más necesitados: "Que al final es el mensaje de la Iglesia".
Las palabras que León XIV está dejando estos días en sus diferentes actos en nuestro país están llegando al corazón de los cristianos que lo acompañan. Es el caso de Diego, que trabaja en Sevilla pero ha viajado hasta Madrid para poder participar en la vigilia y la misa de este domingo. Aunque él ya había presenciado una de sus eucaristías en San Pedro del Vaticano, asegura que este viaje le está ayudando a conocer al nuevo pontífice. Una opinión que comparte Yannik, de Elche: "La gente dice que este papa no ha dado tanto de que hablar, ni tantos titulares, ni ha sido tan mediático".
En el caso de José, un vecino del madrileño barrio de Aluche, agradece la "clase de humildad" que dio León XIV este sábado, cuando visitó el centro CEDIA de acogida de personas sin hogar en Carabanchel. Para él, fue una muestra de que el pontífice "se acerca a las zonas de abajo", que suelen pasar desapercibidas; tanto que él, que vive a medio kilómetro del recinto, no lo conocía. "La comitiva pasó al lado de la puerta de mi casa", comenta este veterano en visitas papales, que colaboró como voluntario durante uno de los viajes de Benedicto XVI a nuestro país.
Religiosos llegados de Camerún y el Congo
La celebración de la misa en Cibeles es el gran acontecimiento religioso de la etapa madrileña de la visita. Entre todas las personas que esperaban con atención la llegada del papamóvil desde Colón, había numerosos religiosos. Una de ellas era Pauline, hermana de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia. Procedente de Camerún, lleva viviendo siete años en España, aunque su labor como misionera la ha llevado fuera de nuestro país en numerosas ocasiones. La última fue a la India, de donde regresó hace seis meses.
Mientras miraba emocionada al paseo de Recoletos, por donde se esperaba que pasase el santo padre saludando a los asistentes, ha detallado la "gran alegría" que siente por ver a tantos creyentes congregados en un mismo lugar. "Incluso los jóvenes, muchos se volcaron y se van involucrando", ha añadido.
Cerca de Pauline, Remi aguardaba con la misma ilusión que su compañera religiosa. En su caso, es novicio de la Orden de la Merced en Valladolid. Llegó a Madrid el viernes por la noche, emocionado ante la posibilidad de conocer a León XIV: "Es la primera vez que voy a ver a un papa", admite en español, idioma que ha aprendido en los nueva meses que lleva viviendo en nuestro país. Este joven nació en la República Democrática del Congo, país que Francisco visitó en 2023, cuando él ya no residía allí. Antes de llegar a España, pasó por Camerún y Ruanda. "Para mí es una suerte", ha sentenciado Remi antes de volver a fijar su atención en las pantallas que mostraban el recorrido papal hasta Cibeles.
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