Todo el orfeón de plástico, todos los maniquís con ropa de playa del PSOE estaban en el Comité Federal haciendo de eso, de orfeón y de maniquís, ahí alrededor de Sánchez como alrededor de Marisol con playa, coro y tómbola. Yo no sé qué se creía el personal que podía pasar, ni con Page ni sin Page, que lleva años diciendo lo mismo, quejándose de lo mismo, como esa señora del médico del Seguro que parece él, con el designio, la resignación y la incurabilidad de lo suyo. El PSOE ya no es un partido, es una tapadera. Lo que estamos aprendiendo cada día, con cada sentencia y cada caso, es que todo era lo mismo. Begoña vuelve a enlazar con Barrabés, y Zapatero con Leire (era como el Cyrano de la fontanera y le escribió hasta cuatro folios de ideas, requiebros o estocadas para aquella primera y loca comparecencia suya). Están todos en todo, en los rescates, en las mordidas, en las adjudicaciones, en las cloacas, en los despachos de los ministerios, de la Fiscalía, de la Sepi o de la propia Moncloa. El PSOE ya es sólo una tapadera, como esas lavanderías de las películas, y lo que parecían en realidad en el Comité Federal no era un coro de Marisol ni un escaparate de chanclas, sino lavanderos de barrio chino sin nada que lavar o con todo por lavar. Salvo por la señora del Seguro, claro, perdida también como en el barrio chino.

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El PSOE es una tapadera y por eso su funcionamiento ya no tiene que ver con la lógica de la política ni del lavado de ropa, sino con la lógica del verdadero negocio que hay en el sótano, tras las cortinas de macarrones, entre los verdaderos hervores del dinero o del chuleo. Hace tiempo que la supervivencia del PSOE no es la supervivencia del PSOE sino la de Sánchez, y no distinguir esto es no distinguir la lavandería del lavadero, fumadero, casino o cocina que hay debajo, tras varias hileras de empleados, carritos, taquillas, tablones y gorilas. Si el PSOE quisiera de verdad sobrevivir, lo que haría sería tirar enseguida a Sánchez al contenedor, con las mondas y los menudillos. Sánchez ha conseguido que el PSOE ya no sea un partido hegemónico sino perdedor o incluso tóxico. Después de rebañar entre los varios y a veces incompatibles frikismos de la izquierda y del nacionalismo, apenas puede aspirar a acercarse a la derecha. Está siendo expulsado de los gobiernos regionales, sus ministros van a las elecciones autonómicas como a morir en una novillada, y sus alcaldes y concejales piensan en las elecciones municipales como en el matadero municipal, esa otra olla de sangre. Y esto era así incluso antes de desmadrarse y desbordarse la corrupción y las cloacas. O sea que no sé yo qué entienden algunos por sobrevivir. Se referirán a sobrevivir ellos, claro.

Sánchez rehizo el PSOE para que nunca pudieran volver a hacerle lo que ya le hicieron, por eso ese Comité Federal en el que otras veces hemos visto lágrimas, traiciones y venganzas sobre sus crudos estampados de flores y de pueblo, como en las telenovelas de la hora del café y la pastilla, ahora es una especie de tablero de retratista de feria. Sí, esos tableros con escena típica, con majos y flamencas con agujero en la cara, que total da igual quién esté detrás tocando la guitarra de corcho o dando palmas de madera. Sánchez purgó el partido, premió a los fieles, defenestró o compró a los críticos, cambió las reglas para hacer de ese Comité Federal una especie de comité de fiestas, y por eso ahora no cortan cabezas ni envenenan a los herederos, ni siquiera aplauden el proyecto o el futuro del partido, sino seguir ahí, con la cabeza metida en el tablero, con flor, caracolillo y jamón de pintura. Esto, cuando hace falta ponerle al líder un decorado de gloria o de jota, porque el resto del tiempo basta con estar ahí, lavando sin lavar nada, o lavando lo que no hace falta lavar, o jugando a las cartas sin más, o lo que se haga en estas lavanderías tapadera.

Su funcionamiento ya no tiene que ver con la lógica de la política ni del lavado de ropa, sino con la lógica del verdadero negocio que hay en el sótano

El PSOE ya no es el PSOE, apenas queda la Moncloa como un frágil palafito en medio del desastre. O no tan frágil, después de todo. El PSOE como partido se puede hundir, de hecho ya se ha hundido, pero Sánchez resiste, que es de lo que se trata, ése es el negocio que hay en el sótano, lleno de tapetillos verdes y tatuajes de dragón. El PSOE sin ideología y sin moral, al que le pillan al presidente comprando la presidencia, al que le pillan de trinque, de vacilón o de fontanería mafiosa no ya a los ministros y secretarios de organización sino hasta a los curas como Zapatero; este PSOE que queda, en fin, es ya otra cosa. Claro que aún tiene el presupuesto, los organismos, a los 61 o a bastantes más, a los cuadros que no le deben nada al votante sino al jefe, a los que van a poner la cara de majo progresista en el tablero o en la tertulia, a los ministros y cargos juramentados que hacen de las instituciones y servicios públicos un mero cuartel de artillería sanchista o, aun peor, una barricada de escombros. Y tiene a los pobres que se creen lo del lawfare aun viendo cómo se descubren solos, uno tras otro, sus sinvergüenzas, puteros, mangantes, sicarios, aprovechados, chantajistas y reinas moras con carrocita de calabaza o desayuno con diamantes. No, no es poca cosa todavía.

Puede que el PSOE no funcione como partido político, pero sí como lo que tiene que funcionar, como tapadera. Mientras Sánchez resiste en el búnker, con la cara entera como una mascarilla de oxígeno, el PSOE sigue echando vapor por sus comités, sus chimeneas o sus alcantarillas, todo muy de barrio chino. Si la tapadera aguanta, el negocio aguantará. Lo que parece difícil es que aguante mucho más, a pesar de que en el Comité Federal o en la prensa del Movimiento aún estén haciendo de coro de Betty Missiego, de lavandero con kungfú o de pizzero con recortada. Todos salvo la señora del Seguro, claro, que sigue enseñando la misma radiografía, más como un luto que como una enfermedad. De todas formas, aunque caiga la tapadera, aunque terminen pillando al mafioso con manzana o incluso al guapo estafador que jugaba con los dados cargados, la cosa no terminará ahí. Puede ser incluso peor, porque ya no se tratará de salvar el negocio del sotanillo sino el mismísimo pellejo.