Enrique Ávila conoce Ceuta desde dentro y lleva años estudiando los movimientos migratorios. Hoy analiza una crisis que, a su juicio, trasciende el fenómeno fronterizo y obliga a mirar también a Marruecos, a la actuación de las administraciones y al papel de la Unión Europea. Habla de una ciudad desbordada por la llegada masiva de personas y de las dificultades para gestionar una situación para la que, sostiene, no existen respuestas convencionales. También tiene un criterio para abordar cómo está afectando lo ocurrido a la convivencia, a la relación con Marruecos y a la necesidad de que España tome decisiones para evitar que algo así vuelva a ocurrir.
Ávila es politólogo, experto en migraciones y geopolítica, pero, sobre todo, ceutí. Y es desde ese conocimiento de la ciudad, de su frontera y de sus particularidades, desde donde responde a las preguntas.
P.- ¿Qué está pasando en Ceuta?
R.- La crisis migratoria no es algo que haya surgido por generación espontánea. En realidad, lo que ha pasado en Ceuta tiene un origen perfectamente identificado: es una invasión de un grupo de personas elevadísimo que se puede situar entre las 70.000 que dice el gobierno y las 80.000 que dicen otros. Algunos han llegado a cifrarlo en hasta 100.000. Lo que está claro es que fue una masa humana hasta ese momento desconocida.
Se ha producido una violación de nuestro territorio nacional y de nuestra soberanía, y la violación ha venido de nuestro vecino
P.- Desde su doble perspectiva —como ceutí y como experto en migraciones—, ¿qué diferencia encuentra entre lo que está ocurriendo ahora y lo que ocurrió en 2021?
R.- El número de personas. Por muy buena intención que haya en calificar esto como un "movimiento migratorio", creo que no es correcto. Un movimiento migratorio es de gente que, como reconoce la carta de derechos humanos, busca una vida mejor. Hay que tener en cuenta que cruzaron la frontera en 48 horas una masa de unas 80.000 personas. 80.000 personas es prácticamente la población que tiene Ceuta, una ciudad que tiene 19 kilómetros cuadrados, pero que, como recalco muchas veces, es ficticio porque, en realidad, vivimos en 9 kilómetros cuadrados. Ya de por sí tenemos una densidad de población altísima. Y luego hay que valorar otra cosa. Se dice: "Muchas se fueron", pero ha pasado un mes y no sabemos cuántos entraron. Lo primero que tienen que dar son datos de a qué nos estamos enfrentando.
P.- ¿Cuál cree usted que es el error principal que se está cometiendo al analizar la crisis?
R.- Hay que hablar con firmeza. Tenemos una legislación para los movimientos migratorios. Incluso contempla la inmigración irregular, algo que implica echarle muy buena voluntad, porque la inmigración irregular parte de personas que se ponen en situación ilegal y que les otorga derechos a través de nuestra legislación.
Contra la inmigración irregular, mi experiencia, y llevo ya muchos años en esto, es que la única forma de atajarla es que el éxito sea cero, que una persona diga: "Entrando irregularmente no alcanzo ningún beneficio; en cambio, entrando regularmente puedo acceder a muchísimos". Esa tiene que ser la valoración que haga alguien que piensa emigrar. En cualquier caso, no tenemos una legislación que nos permita resolver una crisis de esta magnitud. Habría que tomar medidas para que esa legislación se quede en suspenso en los aspectos que impiden resolverla.
P.- En ese sentido, si tuviera que señalar una medida prioritaria que deberían adoptar tanto España como la Unión Europea para afrontar esta situación, ¿cuál sería?
R.- Hay que ser realistas. Marruecos, por mucho que diga, no los va a recibir: no está recibiendo ni a los cadáveres. Sabemos que en la zona española se recuperaron alrededor de 80. No se sabe cuántos hay en la zona marroquí. Es un tragedia, se han producido muertes por haber permitido estas avalanchas.
Indudablemente, en Ceuta no hay sitio para que estén y Marruecos no se va a hacer cargo. Hay que trasladarlos a algún sitio y trasladarle a la Unión Europea que, como es una situación excepcional, se debe adoptar una medida excepcional y que hay que trasladarlos a la península. No veo otra solución. No deberíamos repartirlos por España como dice el Gobierno. Estas personas tienen que ser conscientes de que han entrado irregularmente, han invadido un país y se van a ir. Deberían llevarlos a un sitio en el que no tengan libre circulación por el resto de España ni adquieran ninguna condición que les permita acceder a los derechos mientras su situación siga siendo irregular.
Si Marruecos se cree que los musulmanes de Ceuta, por el hecho de ser musulmanes, quieren ser marroquíes, está muy equivocado
P.- ¿Cómo se puede hacer esto que usted propone y tomar esas medidas sin comprometer los derechos fundamentales de las personas migrantes?
R.- Son personas y los derechos universales hay que respetarlos. Pero esas leyes no están pensadas para estas situaciones. Estamos en un contexto que no guarda ninguna proporción con lo que permiten las leyes. Y, por lo tanto, ante una situación excepcional, se deben tomar medidas excepcionales, insisto. Las garantías que exige la ley española se pueden aplicar cuando hablamos de un número razonable de personas. No cuando hablamos de una ingente masa, pues creemos que aquí quedan en torno a diez mil personas.
Se les debería llevar a una zona en la que vayan a estar controlados hasta que seamos capaces de saber quiénes son, cuántos son y qué se puede hacer con ellos: habrá que ver quién tiene derecho de asilo, quién tiene el tratamiento que deben tener los menores, alguna familia. Pero tiene que ser ya en una situación en la que estén perfectamente controlados, porque ahora mismo no hay ningún control.
Algo así hicieron en Grecia en el año 2015 con la crisis que ocasionó la guerra de Siria. Entonces se tomaron medidas y se habilitaron unos lugares en los que las personas estaban recogidas para su propia protección también y estaban aguardando a que se tramitaran y a que se aclararan las diferentes situaciones que tenían. Y, en virtud de esas situaciones, a qué tenían derecho. No olvidemos que en la Unión Europea, durante la crisis del 2015, hubo Estados europeos como Alemania y Austria que cerraron sus fronteras. Algo que no está contemplado en los tratados de la Unión Europea.
P.- ¿Cree que Marruecos está desempeñando un papel fundamental en lo que está ocurriendo en Ceuta?
R.- Demostrar que Marruecos ha fomentado esto es muy difícil. Pero demostrar que al menos fue, como se llamaría en justicia, un colaborador necesario, pues no opuso resistencia a que entraran, es palpable: se ve en las imágenes que tenemos. Se ha producido una violación de nuestro territorio nacional y de nuestra soberanía, y la violación ha venido de nuestro vecino. Marruecos es parte interesada en desestabilizar la ciudad pues le beneficia porque en el fondo la idea de Marruecos es que Ceuta y Melilla son suyos, es una narrativa que mantienen. A pesar de lo que dice el gobierno —que yo supongo que no se lo creen ni ellos—, Marruecos no es un vecino fiable, no es un vecino que colabore. Ya le he puesto un ejemplo, no aceptan la devolución de los cadáveres para que sean enterrados en el sitio en que viven con su familia.
P.- Habla usted de la soberanía...
No lo han conseguido por las vías legales, ni en la ONU, ni en ningún tribunal al que han acudido, entonces recurren a los hechos. Dicen: "Yo miro el mapa y veo que Ceuta y Melilla están en Marruecos". Y yo respondo: "No, yo miro el mapa y veo que Ceuta y Melilla están en África, que es una cosa diferente.
Hablan de la devolución de Ceuta y Melilla y nunca han sido de Marruecos. Pero en su discurso hay un fallo: si Marruecos se cree que los musulmanes de Ceuta, por el hecho de ser musulmanes, quieren ser marroquíes, está muy equivocado. Los musulmanes de Ceuta saben qué derechos les otorga la Constitución española y qué derechos tienen si estuviesen al otro lado de la frontera.
Lo tienen muy claro: tienen familia al otro lado de la frontera. Una cosa es que tengan la solidaridad por los lazos familiares que les unen a Marruecos, pero tienen clarísimo que la condición de españoles les da un punto de superioridad en cuanto a derechos, condiciones socioeconómicas en relación a los que viven en Marruecos. Y aquí, en Ceuta, tenemos mucha experiencia con esto.
P.- Habla de musulmanes, una confesión que representa prácticamente la mitad de la demografía de Ceuta ¿Qué impacto cree usted que está teniendo lo que está ocurriendo ahora mismo sobre la convivencia entre las distintas comunidades ceutíes?
R.- Por un lado está la comunidad hindú, que es muy pequeñita. Tiene además una facilidad digna de agradecer que nos hace participar a todos en sus celebraciones religiosas. Las hacen prácticamente en la calle, abren su templo a todo el mundo. Yo he participado muchas veces en sus festividades: porque lo hacen muy festivo todo. La comunidad israelita es más cerrada, pero muy respetuosa, igual que cuando llega Janucá. Esto es un espacio de convivencia que es difícil de explicar si no lo ves. Tenemos muy claro, sobre todo teniendo en cuenta que hay tantas confesiones, que no tiene nada que ver la nacionalidad con la religión que practicas.
Esto ha sido un ataque a la soberanía española
Por lo tanto, esta situación no es buena. Parece que viene gente de fuera a separarnos. Porque aquí han venido, no voy a decir que con intención de, pero por desconocimiento, han conseguido dejar discursos de enfrentamiento. En Ceuta también viven marroquís, inmigrantes marroquís, que trabajan aquí y que esperemos que pueda seguir siendo así. Han desempeñado su trabajo sin ningún problema. Igual que hay portugueses que trabajan a este lado de la frontera y españoles que trabajan al otro. Una cosa normal en el mundo de la globalización en el que vivimos.
P.- Habla de los marroquís, ¿Cómo cree que afectará la crisis a las relaciones entre España, Marruecos y la Unión Europea?
R.- La crisis humanitaria la tiene que resolver España, puede pedir ayuda a la Unión Europea o a Frontex para ese trabajo de clasificar al personal, muy importante. Frontex tiene mucha experiencia en eso. Pero España debe dar la imagen de que es un Estado capaz de resolver esto por sí solo.
Las relaciones con Marruecos hay que dejárselas clarísimo, negro sobre blanco. Esto ha sido un ataque a la soberanía española. Esto no puede suceder: hay que considerar que esto podría ir a mayores y que España tomaría las medidas que no ha tomado ahora, que debería haber tomado ya. Tenemos muchas herramientas a nuestro alcance que nadie se explica por qué el Gobierno español actúa como si desconociera.
P.- Dice que es una situación que debe resolver España, pero en el caso de que la crisis escalase, ¿con qué aliados o apoyos internacionales cree que contaría España?
Tendríamos que tener el apoyo de la Unión Europea. Independientemente de que España tiene capacidad sobre Marruecos para ejercer mucha presión en muchas áreas, pero la Unión Europea tiene que ser determinante en esto. El tratado de Lisboa en eso es muy claro.
P.- Por último, se está hablando también del margen de actuación que tiene realmente la Administración autonómica ante una crisis de estas características ¿qué valoración hace usted sobre la respuesta del Gobierno autonómico?
R.- No se tomaron en cuenta las lecciones aprendidas en el año 2021. Por supuesto que la magnitud de esta la supera con creces. Las capacidades de la ciudad autónoma son muy cortitas. Puede tener cierta previsión de la llegada de algunos inmigrantes, pero no de tantos y menos si se dejan repartidos. Quizás, desde el primer momento, se debería haber separado a los menores del resto, pero poco más puede hacer la ciudad autónoma con sus medios, salvo pedir el apoyo del Estado. La ciudad solicitó desde el principio que se declarase el estado de alarma, de forma que asumiese el control el Estado; que es quien tiene las herramientas.
Y, ¿sobre la gestión del Gobierno central?
La invasión empezó más o menos sobre las 9 de la mañana del día 30. Efectivamente, en 48 horas entraron, vamos a suponer, 80.000 personas. Si se hubiese actuado antes, a lo mejor se había cortado a las 11 o a las 12 y a lo mejor estaríamos hablando de diez mil o quince mil personas. Si yo tuviese que calificar, como antiguo profesor de política la actuación del Gobierno de España, sería muy generoso si le pusiera algo más de un cero. Pero muy, muy generoso.
La actuación del Gobierno de España se ha caracterizado por la ausencia total de actuación. Su primera misión es garantizar que esto no vuelva a pasar. Imagínese que antes de que se resuelva esta crisis hay otra avalancha. Entonces, ¿qué pasa? Si no somos capaces de resolver esta, ¿qué hacemos? El Estado español debería dejarle claro a Marruecos que las consecuencias serían muy graves. Y eso no lo ha hecho, lo que diga después cuelga de un alambre, porque no tiene base.
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