La llegada de Negu Gorriak a Ceuta el pasado domingo situó al colectivo en el centro de la atención mediática, en un contexto marcado por las protestas que desde hace casi dos meses se suceden en la ciudad en torno a la situación migratoria.
Fue durante su presencia en la ciudad autónoma, cuando se divulgó la idea de que algunos de los representantes de Negu Gorriak habían atacado y destrozado el vehículo de representantes políticos. Las investigaciones de la Policía Nacional a las que tuvo acceso Europa Press, desmintieron esta versión: en el interior del coche agredido viajaban Julia Ferreras, diputada ceutí del partido Ceuta Ya!, Rafael Borrego, activista e integrante de la Flotilla a Gaza, y Sofía Cánovas, abogada experta en derechos humanos. La multitud concentrada confundió a los ocupantes del turismo con integrantes Negu Gorriak, procediendo a zarandear el coche y a lanzarle huevos.
El episodio ha dado mayor visibilidad a una agrupación que en los últimos meses ha desarrollado buena parte de su actividad en torno a las migraciones, las fronteras y el derecho a la vivienda. Sin embargo, su trayectoria comenzó en el ámbito urbano navarro y vasco, donde fue articulando sus primeras iniciativas de "solidaridad, apoyo mutuo y desobediencia civil".
Lejos de responder a la estructura de un partido político o de un sindicato convencional, Negu Gorriak se presenta como un colectivo de solidaridad, desobediencia civil y apoyo mutuo con base en Navarra. Su actividad pública comenzó a documentarse en 2025, principalmente a través de Instagram, con publicaciones centradas en lo que el propio grupo denomina el "régimen fronterizo".
Paralelamente a sus iniciativas relacionadas con las políticas migratorias, el grupo desarrolló actuaciones en Pamplona y San Sebastián vinculadas al reparto de alimentos a personas sin hogar. En ambos casos, sus acciones se plantearon como respuesta a normativas municipales que restringían estas prácticas y bajo consignas como "Dar de comer no es delito" o "La solidaridad se practica sin pedir permiso", que la agrupación enmarca en una reivindicación de carácter social y de lucha de clases.
El conflicto por el desalojo de Aranzadi en Pamplona
Sus primeras apariciones en prensa se remontan al 13 de abril de 2026, entonces, la Policía Municipal de Pamplona ejecutó el desalojo del antiguo convento de Aranzadi, un recinto donde pernoctaban personas sin hogar. Según las estimaciones proporcionadas por Negu Gorriak-Derecho a Techo, en el lugar dormían 75 personas el día de la intervención y hasta 140 a lo largo del invierno, mientras que los datos del Ayuntamiento situaban la cifra de residentes en 96.
En respuesta al desalojo, la organización alojó a 20 de los afectados en las instalaciones de la librería Katakrak y coordinó redes para la gestión de trámites administrativos, traducción de documentos, ayuda económica y tramitación de pasaportes. Días después o, tal y como informó Europa Press, el colectivo promovió una segunda manifestación en Pamplona que reunió a unas 250 personas, según cifras de la Delegación del Gobierno.
La marcha que se inició en la librería Katakrak, finalizó ante el Ayuntamiento de Pamplona, desplegando pancartas con lemas como "Vuestras fronteras, nuestras trincheras". Durante la movilización, reclamaron al Consistorio la cesión de locales municipales para su gestión autoorganizada, advirtiendo de que, de no concederse, recurrirían a la ocupación de espacios.
Delimitación ideológica y diferencias con el abertzalismo
En el ámbito político y mediático, la organización ha sido objeto de señalamientos que la vinculaban con el entorno "proetarra" o la izquierda abertzale. Sin embargo, la información pública difundida por el propio colectivo no respalda la existencia de una vinculación orgánica con la organización terrorista ETA ni con el independentismo armado.
Por otra parte, aunque el colectivo emplea el mismo nombre que la banda de rock euskaldun fundada por Fermin Muguruza en los años noventa —grupo integrado en el panorama cultural del abertzalismo clásico—, no existe relación ni continuidad entre ambas entidades. De hecho, a nivel formal e ideológico, Negu Gorriak presenta algunos rasgos que lo diferencian del nacionalismo vasco tradicional y de las organizaciones cuya actividad se ha articulado históricamente en torno al eje identitario o soberanista.
En primer lugar, destaca el patrón lingüístico empleado en sus materiales de difusión. El colectivo publica de manera habitual comunicados, carteles, convocatorias y mensajes en redes sociales en formato bilingüe, utilizando tanto el castellano como el euskera y otorgando a ambas lenguas una presencia similar. Esta práctica contrasta con la de determinados sectores del abertzalismo más ortodoxo, donde el euskera suele ocupar una posición predominante en la comunicación interna y externa. El uso equilibrado de ambos idiomas parece responder a una voluntad de dirigirse a públicos diversos y de ampliar el alcance de sus mensajes más allá de un ámbito estrictamente vasco o navarro.
Además, el marco ideológico que proyecta el colectivo tampoco se estructura principalmente en torno a reivindicaciones vinculadas a la construcción nacional vasca, la autodeterminación o la independencia territorial. Las campañas, declaraciones y acciones públicas de Negu Gorriak se centran, sobre todo, en cuestiones relacionadas con el derecho a la vivienda, la atención a personas migrantes y sin hogar, la crítica a las políticas de control fronterizo y la defensa de planteamientos internacionalistas. Conceptos como la abolición de las fronteras, la solidaridad entre pueblos o la denuncia de las desigualdades económicas aparecen de forma recurrente en sus mensajes.
Todo ello, situaría al colectivo más cerca de tradiciones políticas de carácter social, anticapitalista e internacionalista que de organizaciones cuyo eje principal es la reivindicación nacional. Aunque determinadas estéticas, referencias culturales o espacios de militancia puedan coincidir con sectores de la izquierda abertzale, la actividad pública de Negu Gorriak se ha orientado principalmente hacia cuestiones sociales y migratorias, sin que la reivindicación soberanista ocupe, al menos de forma visible, un lugar central en su discurso.
Metodología operativa y alianzas internacionales
Para desarrollar su actividad, Negu Gorriak mantiene vínculos con distintas redes y organizaciones dedicadas al apoyo a personas migrantes y a la denuncia de las políticas de control fronterizo. Entre ellas se encuentran L’Aurora y No Name Kitchen. Esta última se define como un movimiento de activistas de base que combina la asistencia directa a personas en movimiento con acciones jurídicas, políticas y de sensibilización, mientras que L’Aurora se presenta como un grupo de apoyo a organizaciones de rescate y como un espacio de defensa de los derechos de las personas migrantes desde una perspectiva internacionalista.
Esta red de colaboración explica parte de la actividad desarrollada por Negu Gorriak fuera de Navarra y, en particular, su desplazamiento a Ceuta. El colectivo anunció su participación en labores de apoyo a personas inmigrantes y el reparto de suministros, en línea con el trabajo que desarrollan las organizaciones con las que mantiene contacto. Su actividad se inserta así en un ámbito más amplio de colectivos que cuestionan las políticas de control fronterizo y defienden la libertad de movimiento y los derechos de las personas inmigrantes.
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