EL JOKER Y EL CLOWN. Era como si Wyoming, el clown carrozón, y Sánchez, vestido como el Joker, se hubieran juntado en una de payasos siniestros de Álex de la Iglesia (ya hizo Wyoming con él Muertos de risa). Wyoming es un rojales carrozón, ciego y peñazo como todos los carrozones con lo suyo, sea la política o el chachachá. Lo sacaban en su cadena, para promocionar la entrevista, y se quejaba él de que la juventud “no tiene conciencia de clase”, ya ven. Normal, cuando la propia izquierda ha sustituido el concepto por las identidades tribales, y de todas formas ya llevaba toda la historia traicionando a su clase. Para los jóvenes, incluso los de PISA, ocho años de Sánchez son media vida, y con eso basta. Como Wyoming es rico y viejo (el carrozón rico es el verdadero carrozón, el diletante de sus nostalgias fetichistas, el crucerista de su vida), no se da cuenta de nada de esto. Así que sigue con su chachachá, y seguirá con Sánchez o con otro, que la izquierda, como el chachachá, ya es una cosa más sentimental que útil. 

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Wyoming, palomo cojo de la izquierda, soldado de cantina de la gran causa contra el franquismo filatélico y la derecha numismática, le hacía al presidente una entrevista que era como el chocolate que se le ofrecía antes al señor cura (ha hecho mucho Wyoming también de cura franquista, de santos hostiones de mano blanda y mala leche cuartelera). Pero Sánchez no era el cura, sino un Joker monocromático y espasmódico intentando explicar una catástrofe nacional con latiguillos de Mariscos Recio en un programa de humor cínico. Cuando dijo que los ceutíes “van a salir más fuertes”, creí que iba salir un chorro de agua, o de ácido sulfúrico, o de gas venenoso, desde una margarita de pega o un pin de la Agenda 2030 de su solapa.

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Sánchez donde Wyoming: entrevista con el Joker. | Atresmedia

Sánchez sigue creyendo que no necesita más que su imagen terrorífica y beatífica a la vez, como un payaso con lágrima o un mártir asaeteado, para convencernos o convertirnos. Sigue creyendo que puede hacerlo todo, o que no tiene por qué hacer nada, mientras tenga estribillos sobre fachas o sobre percebes. Es más, prefiere el latiguillo a gobernar, hacer promoción de su imagen superpuesta a la realidad (se creerá otra Sydney Sweeney pero con balones en la huevera) a solucionar el problema, prefiere engañarnos a trabajar. Ni siquiera se preocupaba por tranquilizarnos: al preguntarle Wyoming, como acercándole los sobaos, si se volvería a repetir lo de Ceuta, el presidente con sonrisa de cicatriz sólo nos decía que “mientras exista la desigualdad entre una parte de la frontera y la otra, siempre va a existir el desafío de la inmigración”. Cosas de la vida. O, si acaso, cosas de Vivas.


COMO BART SIMPSON EN PATINETE. Mientras Sánchez y Wyoming se pintaban uno a otro la sonrisa y la lágrima, como haciéndose las trenzas, Juan Jesús Vivas pasaba por El hormiguero. A Sánchez le habían contraprogramado el argumentario y el clown, le habían montado la contraentrevista o antientrevista, como la semana pasada con Cristina Pardo y Óscar Puente. Pablo Motos no es Pardo, ni Alsina, ni va a buscarle demasiado las cosquillas a unos entrevistados que van allí de promoción o a la piscina de bolas (incluso cuando fue Sánchez, Motos se achicó). Pero es que darle caña a Vivas parece como pegarle al abuelo. Vivas no es ya el presidente de Ceuta sino seguramente el abuelo de Ceuta, como decía yo ayer. No tiene uno la impresión de escuchar a un político sino la vocecilla con pastilla de menta del pueblo. Y no porque sea un mesías, sino porque los ceutíes dicen lo mismo que él, hasta los del PSOE. La gran mayoría de los españoles dicen lo mismo que él, y contra esto Sánchez no puede, así se vista de Joker o de Superman.

El abuelo de Ceuta le gana a Sánchez en el discurso y le ganó incluso en audiencia. Empezaron a decir los malpensados que eso le dio rabia al presidente superestar (ya lo glosé ayer) y lo llevó a decir o escupir la frase de la semana: “Eso, a Vivas”. Pasaba, derrapaba o se escapaba Sánchez gamberramente por los pasillos del Hemiciclo, como Bart Simpson en patinete, cuando le preguntaron por los más de 1.600 inmigrantes menores que están en Ceuta. Sacudiéndose el polvo de la solapa, polvos pica pica quizá como en lo de Hombres G, contestó: “Eso, a Vivas”. Me hizo gracia cómo Ferreras presentó la frase de Sánchez, dando golpes con los nudillos en la mesa como si golpeara la mollera de Sánchez, hecha de mármol de lápida. Sánchez no es tan frío como cree, enseguida le pueden la rabia, la chulería, la frustración, todos los sentimientos que dominan al ególatra y que enseguida le llevan a la venganza, aunque él diga que sólo es la enfermedad del beso o de la democracia, como en sus cinco días de desmayito o soplo en el corazón. Y aquí se le volvió a notar.

Sánchez derrapando en el Congreso en modo gamberro: multiplícate por cero. | Atresmedia

La consigna esta semana ha sido atacar a Vivas, que es como atacar al gremlin bueno. Pero la verdad es que es lo que hace siempre Sánchez, culpar a otro y eludir las responsabilidades en patinete o fueraborda, como este verano. Y eso que en esto las tiene todas, empezando por permitir el asalto y siguiendo incluso con los menores: la magnitud de la crisis la hace imposible de manejar por Ceuta, ni siquiera con un superabuelo con olor a eucalipto. Las avalanchas, el caos y la sensación de total desbordamiento que se han visto en el traslado al nuevo campamentillo del puerto nos demuestran que sigue sin haber ni toldillos ni soluciones para todos, o sea que no hay soluciones para nadie. Pero tenemos un presidente que se va a buscar el prospecto de las competencias, y la sombrillita de la falta de cooperación ya en septiembre, durante una crisis de Estado, porque es su costumbre o porque le han estropeado la fantasía de prime time, como si fuera Paz Padilla. Al Superman con bermudas le va a ganar siempre no ya un superabuelo, sino cualquiera medio decente o medio normal.


Sofía Puente, hermana 'secreta' del ministro de Transportes e instructora de la ley de nietos. | TVE

LOS HERMANOS DE LA DESTRUCCIÓN. Esta semana se nos ha dado a conocer nada menos que la hermana de Óscar Puente, Sofía Puente, que son los dos juntos algo así como los hermanos Malasombra o unos Dioscuros tenebrosos de la destrucción sanchista. Yo creo que se bastarían ellos dos solos para derruir España: si Puente representa la demolición o el abandono de los servicios e infraestructuras públicos, Sofía se está encargando de demoler la democracia en su fundamento físico, en su pulpa, en el puro sufragio universal con su censo y su voto ciudadanos. Sofía Puente es fiscal, y además secretaria general para la Innovación y Calidad del Servicio Público de Justicia, cargo igual de irónico pero más largo que el de Bolaños. Y, sobre todo, es la funcionaria responsable de que la ley de nietos pueda funcionar como pucherazo. En Malas lenguas la habían llamado, a pesar de esto o justo por esto, para explicar la bondad de esta ley de nietos o entrenietos, verdaderos o apócrifos, y la maldad del Supremo, esos tacañones de derechos.

A la hermana Puente, casi secreta, descubierta como si fuera la princesa Leia, lo del Supremo y lo de la oposición le parece una cosa “trumpista que pretende deslegitimar el resultado electoral”. Más o menos como a Silvia Intxaurrondo, la monja con guitarra del sanchismo, a la que también le hemos oído, mientra levantaba las manos como pidiendo espantos y aleluyas, eso de que el Supremo “va a extirpar el derecho de 400.000 nacionalizados, españoles como ustedes y como yo, porque si entran en el censo alterarían el resultado electoral”. Esa presunción de españolidad es justo el problema. Lo que dice el Supremo es que una funcionaria, o sea la hermana Puente, porque ha sido ella, no puede dictar una instrucción que altere una ley, y que si mediante esa instrucción se concede la nacionalidad española, no se está concediendo según la ley, o no se puede asegurar que así sea. Y eso, que haya ciudadanos que voten sin tener derecho a ello, sí altera de manera irremediable la legitimidad del sufragio.

Borrell, otro superabuelo trumpista contra el Puto Amo. | RTVE

La norma en sí no tiene por qué derivar en pucherazo. La sospecha del pucherazo viene cuando el PSOE se moviliza para usar la laxitud de su propia norma para hacer minería del españolito desconocido y del votante arrimado, que es lo que ha estado haciendo, que si no a ver para qué tanto movidón repentino por los derechos y las morriñas de los nietos y recontranietos, tanto personal por los consulados y tanta campaña afiliando gente sobre el amable terreno del peronismo y similares, con más recursos y velocidad que las afiliaciones de Ceuta. El Supremo no habla de pucherazo, el pucherazo es cosa de los malpensados o los pensantes. Sólo señala la posible ilegalidad de esa norma, y el daño irreparable. De todas formas, hasta el propio Josep Borrell, ante un espantado Xabier Fortes, fue más allá: “Derecho a voto y nacionalidad no van juntos, hay países en Europa que lo distinguen claramente. En Alemania, si estás mucho tiempo fuera y no demuestras que tienes un vínculo, no tienes derecho al voto. Los llamamos residentes ausentes pero los nietos no son residentes, no lo han sido nunca”. Y se manifestaba Borrell favorable a que aquí se abriera ese debate. Será otro trumpista, otro desclasado u otro que va de superabuelo contra el Puto Amo.