GERMÁN, PEPI, ÁFRICA Y OTRAS CEUTÍES DEL MONTÓN. Margarita Robles, ministra con toreritas, parecía haber ido al Congreso como a un velatorio y, más que explicaciones, daba cabezadas, té y pastas en TVE 24 horas. No es que esté mal pedir disculpas, e incluso dejar una lágrima seca, que algo así dejó ella, como una astilla añadida al rosal de su pañuelo: "Si se ha llegado tarde, que se ha llegado tarde, mis disculpas. Si los ciudadanos de Ceuta se sienten abandonados, angustiados, solos y tristes, es porque algo habremos hecho mal". No está mal, a pesar de ese sonsonete y esa pose de arrastrar las toreritas como barriendo el velorio. No está mal, sobre todo teniendo en cuenta que sus compañeros del Gobierno no dejan de echarse flores, como si se echara flores a sí mismo el finado. En Más vale tarde hacían el miércoles una buena recopilación de ese festivo entierro gubernamental o nacional. Ángel Víctor Torres, mando único 26 días después, cosa que le ha sumado gafe a su propia pinta de gafe, hablaba de "actuación en una primera fase acertada" y de "presencia permanente", y era como si quisiera justificar la inutilidad de su puesto. Mónica García salía otra vez diciendo que "habían estado desde el primer momento", como si hubieran estado en un palquito, igual que falleras. Elma Saiz, con su tono inverosímil de anuncio de seguros, habló en diferentes foros y momentos de "respuesta extraordinaria", de "legalidad y humanidad", y hasta se atrevió a decir, tras el Consejo de Ministros, que "Ceuta es hoy el corazón de España", poniendo en la mesita su corazón espinado y de plástico, o el de todo el Gobierno matancero y también de plástico.

En Más vale tarde se preguntaban: "¿Todos contra Margarita Robles en el Gobierno?". A Robles no sólo le negaban sus compañeros la lágrima de telaraña y el dolor de corazón, sino la actuación del CNI. A la vez que Robles se desangraba en seco en su comparecencia o velorio, como esas maestras que sangran en tiza su pedagogía incomprendida, Marlaska, ministro también con corazón de espino, negaba la versión o la verdad de la ministra. O sea, negaba que el CNI avisara de lo que iba a pasar o podía pasar en Ceuta, algo que no mejora en nada la cosa. Que el CNI no se entere o que Marlaska no quiera enterarse viene a ser igual de grave y nos deja igual de indefensos. Pero la ceguera o sordera de Marlaska se ha convertido en la versión oficial. A medio camino entre la sordera y la ceguera, Patxi López nos venía a decir, rascándose la oreja o frotándose los ojos, que las dos cosas pueden ser verdad a la vez. El caso es que ni las flores ni las lágrimas ni los rascamientos les sirven a los ceutíes ni a España. Margarita Robles pedía perdón incluso con una lista santera de nombres, una ristra almodovariana de estampitas o vecinos, mencionando a "Germán, Pepi, África…", a los que no creo que les consuele que la ministra se seque la lágrima seca ni se abroche la rebequita ya abrochada, como Chus Lampreave. Para el Gobierno ellos son sólo Germán, Pepi, África y otros ceutíes del montón. Como para no pasar de la tristeza a la furia...
DULCE MÚSICA DEL ODIO. Con los ministros arrojándose encima flores o cenizas, como en una desenfadada y morbosa tomatina, y Pedro Sánchez simplemente pasando a la siguiente pista de su playlist burbujeante, los ceutíes terminaron por echarse a la calle. "Se va a armar la gorda", avisaba un vecino en las noticias de Antena 3 ya el miércoles, y así fue. A Ángel Víctor Torres, el mando único gafe o póstumo, casi funerario (se va mimetizando con Salvador Illa), iban a buscarlo al hotel para llamarle de todo sonora, frutal y familiarmente, o sea para llamarlo "hijo de puta", a él y a su presidente merengón y veraniego. Acosaban, insultaban y empujaban a los reporteros, y hasta los niños hacían peinetas a la cámara. Los inmigrantes atacaban los vehículos de los militares; los militares, que van sólo con escoba y fiambrera, huían de los inmigrantes. El jueves, los ceutíes rompieron el cordón policial y llegaron a incendiar algunas de las chocillas de los inmigrantes, que ardían húmeda y pobremente, como palafitos. Después de un mes sin soluciones, todo estallaba.

No es verdad que el Gobierno haya estado allí "desde el minuto uno", que dicen los ministros con pinta de árbitro comprado. Ni está allí tampoco el resto de España que dice empatizar y enfurecerse al lado de los ceutíes, con la pegatina de la solidaridad como la de un plátano. Hay una distancia insalvable entre la vida y el relato ideológico, entre las buenas intenciones y la supervivencia, entre la experiencia diaria y esos planos de las playas amazónicas y de las calles enzocaladas que vemos en las noticias como si fueran un documental de leones. Es muy difícil ir a buscar la pegatina después de escuchar en En boca de todos a ese marroquí que explicaba que "no puedes tener una hija de 16 o 15 años y soltarla sola, normal que la vayan a violar, porque hay tanta gente aquí que no puedes distinguir al bueno del malo". En el mismo programa, una de esas señoras de Ceuta entrenada ya en revolcar comentaristas le contestaba así a una tertuliana humanitaria, geopolítica y cartelera que le acababa de decir que "su enfado era peligroso": "Trae a tus hijos aquí y los sacas a la calle si tienes cojones, que desde Madrid sentadita y pintadita es muy fácil". Lo mismo le podría haber dicho la señora a Marlaska, que en su comparecencia recomendaba "calma" como el que recomienda yogur con bífidus.
Marlaska, beatífico, apareciéndose como un san José entre el celaje de sus canas, nos recordaba que "la violencia no es el camino para resolver ningún problema" (los problemas debería resolverlos el Gobierno, pero está todavía en el pedalo, como Sánchez). Bolaños, que parece un sobrino bachiller de Mohamed VI, pedía "no faltar al respeto a Marruecos" y evitar "cualquier discurso racista o xenófobo". A Mónica García, otra que vive en los documentales, como si en vez de ministra fuera botánica, lo que le parece, simplemente, es que "se ha creado un relato alarmista". A todos ellos los arrastra por el hopo la señora de Ceuta, o sea la realidad. Lo que no sabemos es hasta qué punto este caos hace sonreír al presidente DJ, más inspirado que horrorizado al poder meter en el mix la dulce música del odio.

CHAO, PESCAO. Ya podían rabiar los ceutíes, y llorar sin llorar por los ojales y por el orzuelo Margarita Robles, que en Mañaneros, ahora con Jesús Cintora saludando con su sonrisa de dentellada, la estrella era Ayuso, su "chao, pescao" y su ático volandero y volátil. Horas se llevaron con eso, incluso con un humorista haciendo de pescado (el humorista, Marc Biarnés, desangelado, montando su parodia con material de cocina, era como un Wyoming con depresión y viviendo con los padres). La verdad es que Ayuso ha ido perdiendo vista, medida y aura desde que se arrejunta con macarrillas y aguilillas de los negocietes, pero a lo mejor la solución sería vivir en un palacio o castillo, como el lehendakari vasco (yo propongo, para ella que está entre princesita y madrastra, el Hospital de Jornaleros, que ya es de alguna consejería absurda y rutinaria). Lo más curioso fue ver a un colaborador, serio y como notarial, decir que ese no "rendir cuentas" de Ayuso (eso venía a significar lo del pescado) era propio de "un sistema autoritario", que puede serlo incluso aunque "se ganen elecciones". Era curioso porque nadie dijo que esas declaraciones fueran golpistas ni atentaran contra la democracia. De todas formas, ni siquiera Ayuso fue suficiente cuando llegó el fuego a Ceuta y los ministros seguían pareciendo gatos mojados por la realidad. Hubo que recurrir a Aznar, allí en Ceuta como con la tea con la que se quemó el bigote, y recordar eso de que "el que pueda, que haga". Los ultras, nuevos y viejos, son los culpables de aquello, como saben todos. Sánchez, y sus ministros de cabezada o de ofrenda, podrían irse de vacaciones otra vez. Incluso despedirse diciendo "chao, pescao".

ROCK DJ. Me da la impresión de que, entre el odio ultra, el relato alarmista y los ministros estrellones con mando único y tétrico, nadie se preocupa por el presidente Sánchez. O sea, cómo está él, si come bien, si se adapta a los horarios y a la rutina, si suspira al volverse a poner los pantalones largos, si sufre el síndrome posvacacional como el españolito común. Como no aparece y como hemos oído rumores de vacaciones de las vacaciones, que no hay nada tan duro, ya no sabemos si ha acampado en la cama, si le duele la camisa o si llora mirando sus fotos de pesca submarina. Yo sí me he acordado de él al ver los anuncios de los coleccionables de quiosco que llegan ahora, dicen que para aprovechar esta depresión del españolito septembrino. Hay muñequitos de Disney, hay novela rosa, hay vinilos de rock... La novela rosa, que es algo así como el relato de su política, lo animaría bastante. Aunque yo creo que lo suyo serían los vinilos de rock, él que es tan marchoso y guatequero. Así podría volver a recomendar canciones y sentirse, otra vez, como en la Mareta. Y que arda Ceuta, pero con DJ.
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