La investigación abierta en torno a Jonathan Andic por la muerte de su padre presenta una serie de contradicciones y lagunas en las pesquisas policiales. Tal y como ha podido saber El Independiente a través de fuentes conocedoras de la investigación, el atestado elaborado por los Mossos d'Esquadra podría presentar inconsistencias y falta de rigor, además de un posible sesgo acusatorio que debilita las hipótesis incriminatorias planteadas inicialmente contra el primogénito.
Los excursionistas tuvieron que impedir que fuese a socorrer a su padre
Uno de las primeras cuestiones que plantean son los episodios relativo a los dos excursionistas que auxiliaron a Jonathan Andic inmediatamente después de la caída de su padre. En el atestado, los Mossos afirmaron que, a pesar de las gestiones realizadas, les fue imposible localizarlos. Sin embargo, fuentes del caso señalan que el número de teléfono, el nombre y los apellidos de ambos estuvieron en manos de la policía durante meses sin que se realizara comprobación alguna.
Fue el pasado 22 de junio cuando el testimonio de estos excursionistas pudo escucharse en sede judicial. Según su declaración, atendieron a Jonathan Andic tras el accidente y tuvieron que impedir que bajara a socorrer a su padre, mientras se encontraba en un evidente "estado de shock", profundamente afectado por la traumática situación.
La actuación de los Mossos respecto a estos testigos ha despertado suspicacias: en un primer momento calificaron su testimonio como "muy relevante", pero tras no localizarlos, pasaron a tildarlo de "poco relevante" bajo el argumento de que habían interactuado con Jonathan 15 minutos después del accidente. En contraste, la policía sí consideró oportuno tomar declaración a personas que hablaron con el investigado mucho tiempo después o que, incluso, ni siquiera llegaron a verle.
¿Era la huella encontrada anterior a la caída?
El atestado policial incorporó como indicio una marca hallada en el suelo en la zona del suceso, de la que también informó El Independiente, y que al parecer, no podría haberse generado de forma fortuita sino solo a través de la fricción de la zapatilla en contadas ocasiones sobre la tierra. No obstante, el estudio encargado a la Unidad de Montaña de los Mossos determinó que no correspondía a la huella de ningún calzado y que era imposible establecer cuándo, cómo o quién la había realizado.
El informe de dicha unidad especializada concluyó que todas las simulaciones eran "no concluyentes" y añadió un dato crucial que fue omitido en el auto de la jueza: ''no se puede determinar si este resbalón ya estaba realizado con anterioridad a la caída''. Además, las fuentes confirman que la zona donde ocurrió el incidente nunca fue acordonada.
El viaje a Quito
La policía autonómica alimentó, a juico de las fuentes, la hipótesis de que Jonathan Andic había mentido al denunciar el robo de su teléfono móvil durante un viaje relámpago a Ecuador, motivado por un proyecto editorial, una información que habría trascendido después a través de los medios de comunicación que se habrían hecho eco de la noticia. Los investigadores sospechaban que dicho viaje nunca existió y que el terminal no se había conectado desde allí, una tesis que llegó a sugerirse a determinados medios de comunicación a pesar de que la defensa ofrecía aportar las tarificaciones de las llamadas.
Recientemente, según las fuentes consultadas, los Mossos se habrían visto obligados a rectificar tras realizar las comprobaciones oportunas. A través de nuevas diligencias, la policía ha corroborado la versión de Jonathan tras contrastarla con el conductor que este contrató en Quito para desplazarse, desmontando así otra de las sospechas del atestado.
Sesgo sobre la relación familiar
Otra de las premisas de los Mossos para incriminar al primogénito era la afirmación de que padre e hijo nunca habían paseado juntos antes del día del accidente. Esta aseveración fue refutada por la defensa mediante la aportación de una fotografía de ambos durante una caminata en el año 2021, existiendo además constancia de más paseos familiares.
Fuentes conocedoras del caso señalan que los investigadores partieron de un "evidente sesgo" al presuponer que el rastreo de los terminales móviles les otorgaba un conocimiento omnisciente sobre la vida de una persona.
Exposición mediática y "un ejemplo manual de pena de telediario"
El entorno del caso denuncia una grave vulneración de la presunción de inocencia de Jonathan Andic tras su detención. Al ser trasladado a los juzgados de Martorell, donde ya aguardaban los medios de comunicación, el investigado fue conducido esposado en repetidas ocasiones a escasos metros de los periodistas.
Durante estos traslados, Andic estuvo rodeado por hasta siete agentes de policía, cuando el protocolo habitual establece un máximo de dos agentes por detenido. Según denuncian las fuentes, esta sobreexposición buscaba proyectar una imagen pública de peligrosidad innecesaria, alimentando una condena social previa en lo que califican como un ejemplo de manual de "pena del telediario".
Para las fuentes cercanas a la investigación, el documento policial adolece de un "efecto túnel" y está contaminado por un claro sesgo de confirmación que impide valorar los elementos con la debida objetividad. El texto concluye de manera tajante: el atestado se limita a enumerar supuestos indicios, pero no aporta ninguna prueba sólida contra el investigado
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