Fijar el inicio del viacrucis de los Andic aquel 14 de diciembre sería ver el bosque, pero no los árboles. Para entender cómo se llega hasta Collbotó, hay que retroceder varios lustros y situarse en el origen de las desavenencias entre Isak Andic, fundador y propietario de Mango, y su primogénito, Jonathan. Y ese origen hay que buscarlo, al menos en un primer momento, en el terreno empresarial.

PUBLICIDAD

Corría 2014 cuando Jonathan Andic asumió la presidencia adjunta de la compañía. Por entonces, la firma atravesaba un periodo de plena expansión y cerraba el ejercicio con 107 millones de euros de beneficio neto. Sin embargo, apenas un año después, el negocio experimentó un brusco giro, con un desplome de las ganancias hasta los cuatro millones de euros. Fue entonces cuando Isak Andic decidió apartar a su hijo de la primera línea ejecutiva y asumir de nuevo las riendas de la compañía. Sin saberlo, aquel movimiento sembraba la primera semilla de un conflicto que, años después, alcanzaría su punto más dramático. La crisis corporativa se agravó en 2016, cuando la firma textil registró pérdidas de 61 millones de euros, un resultado que terminó por consolidar al fundador al frente de la gestión.

PUBLICIDAD

El paso de Jonathan a Mango Man

Tras las pérdidas récord del año anterior, Isak Andic aceleró un viraje estratégico destinado a blindar Mango frente a los vaivenes familiares y devolver el rumbo de la compañía a los números verdes. Mientras el fundador reforzaba la cúpula directiva con el fichaje de ejecutivos externos, Jonathan Andic vio recortado de forma paulatina su peso ejecutivo en la compañía, quedando al frente de la división masculina, Mango Man. Fue en 2018 cuando llegó Toni Ruiz y asumió el cargo de director general, algo que marcó el alejamiento definitivo del primogénito de la primera línea de mando. La compañía comenzaba a recuperarse financieramente cuando Jonathan quedaba al margen de la gestión.

Con Ruiz como consejero delegado con plenos poderes, la empresa poco a poco fue recuperando los ceros en su cuenta de resultados y en el año 2020 obtenía unos ingresos récord que superaban los 3.000 millones de euros. En paralelo al éxito comercial de la cadena de ropa, padre e hijo continuaban distanciándose: aparecía por entonces un nuevo personaje, probablemente el más problemático, en el vínculo paterno filial: la herencia.

El patrimonio que removió las aguas

La cuestión patrimonial terminó convirtiéndose en uno de los principales puntos de fricción entre padre e hijo. Según la información recogida posteriormente durante la investigación de la muerte de Isak, Jonathan habría reclamado a su padre una parte de su patrimonio en vida, una petición a la que el fundador de Mango habría acabado accediendo con la intención de preservar la relación entre ambos. Sus hermanas, sin embargo, ofrecieron ante la jueza una versión distinta: aseguraron que las llamadas donaciones o entregas en vida formaban parte de la manera en que la familia gestionaba el patrimonio y que las cantidades entregadas a cada hijo se descontaban después de la herencia para garantizar un reparto equilibrado.

Con el negocio familiar gestionándose por terceras personas, las discusiones entre Isak y Jonathan abandonaron la sede corporativa de Palau-solità de Plegamans, o como ellos lo llamaban, "El Hangar". El patrimonio familiar comienza a ser objeto de disputas, y la punta del iceberg se llama Punta Na, la sociedad gestora del imperio textil. Todo ello fomentó las reticencias de Isak a delegar la fortuna del grupo sin garantías, una situación que incendió las discrepancias sobre el volumen de los dividendos y los derechos sucesorios con respecto a Judith y Sara, las hermanas.

En marzo de 2023 aparece la que será una de las vigas maestras de uno de los casos de mayor impacto social y mediático de los últimos tiempos en nuestro país: Julia Lüderwaldt. Las sesiones de los Andic con esta heterodoxa terapeuta, contratada por algunas de las mejores familias de Barcelona y cuyos métodos han sido cuestionados por numerosos colectivos profesionales, se extendieron hasta 2024.

Hacia mediados del mismo año, la relación personal se encontraba significativamente deteriorada debido a discrepancias por el reparto patrimonial. Jonathan reclamaba a su padre una parte de la herencia en vida, algo sobre lo que Isak no estaba de acuerdo pero que acabaría por aceptar según trascendió después, influido por la terapeuta, que le habría convencido de dar ese paso para evitar que la relación con su hijo terminara de romperse.

Una fundación que podía cambiar el patrimonio

Cuando Jonathan conoce la intención de Isak de modificar su testamento para constituir una fundación benéfica –Fundación Mango–, su actitud hacia su padre cambia, aparentemente tras la mediación de la terapeuta, que habría tratado de acercar posturas ante la negativa de Isak a transmitirle la herencia en vida.

En este contexto, Lüderwaldt acudió al prestigioso psiquiatra Antoni Bulbena, quien discrepó abiertamente del planteamiento defendido por la terapeuta y rechazó que el proceso de reconciliación familiar debiera articularse en torno a la transmisión anticipada de la herencia a Jonathan Andic. A juicio de Bulbena, supeditar la estabilidad de los vínculos familiares y afectivos a una operación patrimonial no constituía una práctica clínica adecuada ni era compatible con su criterio profesional.

La terapia

No obstante, la terapia sigue su curso en manos de Lüderwaldt. No ha trascendido el número de sesiones que se realizaron ni el contenido de las conversaciones que tuvieron lugar en ellas. Pero sí se sabe que el tono con el que el hijo comenzó a dirigirse al padre cambió de registro gracias a una serie de misivas comprometedoras publicadas por La Vanguardia: "No me extraña que pensaras que era capaz hasta de matarte"; "Comprendo que era imposible sanear nuestra relación, no me sorprende que la cuerda se rompiera" o, "Jejeje, lo que sí voy comprendiendo es que tener un hijo como yo es lo más duro que puede pasarle a un padre".

El 7 de diciembre de 2024, un Mercedes-Benz AMG aparcó en el acceso a Collbató. Volvió a hacerlo el día 8 y, de nuevo, el 10. Era el vehículo de Jonathan Andic, que, según se ha conocido posteriormente, acudió acompañado por la terapeuta y por una "especie de asesora" de esta. La instrucción judicial interpretó aquellas tres visitas a Montserrat como un posible reconocimiento previo de la zona.

El día de autos

El 14 de diciembre de 2024, Isak Andic aceptó realizar a solas aquel recorrido con su hijo por los senderos de las Cuevas del Salnitre, en el macizo de Montserrat, en un intento de hallar en la montaña el espacio para encauzar sus desavenencias. Apenas habían recorrido una parte del trayecto cuando la travesía se truncó: el empresario cayó por un cortado de más de cien metros de altura y falleció de manera instantánea.

A las 12:36 horas, Jonathan realizó una primera llamada a los servicios de emergencia para avisar del accidente. En una segunda comunicación a las 13:13 horas y en su posterior declaración ante los Mossos d'Esquadra, modificó los detalles de la escena: afirmó que él caminaba unos metros por delante, que su padre se había detenido a tomar unas fotografías y que solo escuchó un eco de piedras antes de ver un cuerpo rodar. El 31 de diciembre, en una nueva comparecencia, el hijo encuadró aquellas caminatas dentro de una rutina habitual entre ambos.

Se abren diligencias

Aunque las actuaciones fueron archivadas provisionalmente el 20 de diciembre de 2024 al catalogarse la muerte como un accidente de montaña, la Unidad de Investigación de los Mossos d'Esquadra solicitó la revisión de la causa en enero de 2025. Fue entonces cuando la magistrada Raquel Nieto Galván, titular del Juzgado de Instrucción número 5 de Martorell, ordenó la reapertura de las diligencias previas bajo pieza secreta.

Entre el 24 y el 26 de marzo de 2025, coincidiendo con la divulgación mediática de la reapertura del expediente, Jonathan realizó un viaje de ida y vuelta a Quito, Ecuador, donde se deshizo de su teléfono móvil iPhone 14 y adquirió un terminal nuevo tras borrar el contenido previo. Las indagaciones policiales posteriores no hallaron constancia formal de la denuncia por robo que alegó su entorno. En junio de 2025, Jonathan dejó la operativa diaria de Mango Man para centrarse en el área patrimonial. En octubre de ese mismo año pasó de testigo a investigado, procediéndose a la intervención de sus dispositivos electrónicos y a la toma de declaración al personal doméstico sobre la rutina real de las excursiones familiares.

La detención, los hallazgos periciales y la fase procesal

El pasado 19 de mayo, los Mossos d'Esquadra detuvieron a Jonathan Andic bajo la acusación de homicidio. La jueza decretó prisión provisional eludible mediante fianza de un millón de euros, suma que fue abonada para obtener la libertad provisional con medidas cautelares de retirada de pasaporte y comparecencias periódicas.

La resolución judicial sustentó su decisión en cuatro indicios determinantes. En primer lugar, los peritajes de la Unidad de Montaña concluyeron que la marca de calzado hallada en el margen del precipicio exigía una presión deliberada y una tracción en cuatro tiempos, patrón técnicamente discordante con un tropezón fortuito. A esto se sumó la autopsia, que reveló un impacto de espaldas y la total ausencia de erosiones en las palmas de las manos que sugirieran un instinto de protección o frenado. Asimismo, los estudios de campo fijaron que, a la distancia señalada por el investigado, resultaba imposible no presenciar el despeñamiento.

Por último, el teléfono de la víctima fue hallado en su bolsillo sin registros de actividad fotográfica reciente, lo que cuestionó la versión de Jonathan. En los meses siguientes, el juzgado requirió la declaración de la psicoterapeuta para evaluar la incidencia de su mediación en el conflicto familiar.

El 3 de julio de 2026, las hermanas Judith y Sarah Andic comparecieron en sede judicial. Durante la sesión, respaldaron la nitidez de los procesos que rodearon la revisión testamentaria y descartaron el móvil económico como detonante. En la misma jornada, el testimonio de un psiquiatra ratificó, no obstante, que la dinámica familiar había estado marcada por discrepancias financieras en el pasado.