La próxima visita diplomática del presidente francés Emmanuel Macron a Madrid no representa un encuentro diplomático más entre dos países. El encuentro constituye el último capítulo de una de las dinámicas geopolíticas más determinantes del Viejo Continente. A lo largo de los siglos, la relación entre España y Francia han pendulado violentamente entre la rivalidad a la fraternidad y con ella, el resto de Europa. Por ello, para comprender la cumbre hispano-francesa de hoy exige mirar al pasado y rastrear el origen de una alianza que transformó a dos rivales implacables en primos carnales antes de que la marejada revolucionaria desarbolara el tablero diplomático.

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Del odio acérrimo a la dinastía común 

Durante los siglos XVI y XVII, la rivalidad entre la Casa de Austria en España y la Casa de Valois (posteriormente la casa Borbón) en Francia empapó con sangre toda Europa. El país galo, al verse rodeado por posesiones españolas, era el enemigo natural de los ibéricos, pero fueron derrotados una y otra vez en los campos de batalla de Pavía, San Quintín y Nápoles. La rivalidad entre ambas naciones era tal que rozaba incluso la animadversión pura. Prueba de ello fue la reacción de la corte francesa al enterarse de la victoria hispana sobre los turcos en Lepanto. Hubo un silencio absoluto en el gobierno en París, mientras toda Europa festejaba el triunfo cristiano. Incluso en Londres se congratularon de la noticia, donde se repicó las campanas de las iglesias y se encendieron grandes bonfires como celebración.

La captura del rey Francisco I de Francia "le Roi Magnifique" tras la batalla de Pavía, 24 de febrero de 1525.

Sin embargo, el primer año del siglo XVIII trajo consigo un giro dramático en el equilibrio europeo. Tras la muerte sin descendencia de Carlos II y el fin de la Guerra de Sucesión Española, el trono recayó en Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia. Con la coronación de Felipe V en Madrid, las relaciones entre España y Francia dieron un giro de 360 grados, ya que los viejos enemigos mortales pasaban a estar regidos por la misma dinastía. Esta afinidad consanguínea se institucionalizó a través de los Pactos de Familia (1731, 1743 y 1761), tratados defensivos y ofensivos mediante los cuales los monarcas borbónicos de Madrid, París, Nápoles y Parma actuaban como un bloque geoestratégico unitario frente a la hegemonía marítima británica. Durante más de ocho décadas, ser "primos carnales" significó ser aliados militares por todo el globo, desde América a Asia.

Cuando la revolución rompió la alianza coronada

El engranaje diplomático de los Pactos de Familia saltó en pedazos con el estallido de la Revolución Francesa en 1789. La decapitación de Luis XVI en la guillotina aterrorizó a la corte madrileña de Carlos IV y a su vez borró de un plumazo la raíz misma de la entente hispano-francesa: el vínculo monárquico entre ambos países.

Alegoría del Tratado de los Pirineos entre Francia y España de 1659. Jean-Léon Gérôme.

A pesar de ello, España siguió confiando en sus antiguos aliados con breves alianzas tácticas posteriores, pero estas se mostraron altamente ineficaces. Finalmente, la cooperación entre ambos países dejó de existir tras la invasión peninsular de 1808 y la subsiguiente Guerra de la Independencia. La ocupación de las tropas napoleónicas, la cual fue uno de los episodios más trágicos de la península, dejó una huella indeleble en la memoria colectiva española. Si bien es cierto que la monarquía momentáneamente instaurada en Francia apoyó a los borbones españoles en 1823, la antigua fraternidad dinástica desapareció, dando paso a un profundo recelo popular que tardaría décadas en disiparse.

Del recuerdo histórico al Tratado de Barcelona

La cumbre celebrada hoy en Madrid por Emmanuel Macron se enmarca en un escenario radicalmente distinto al de la Europa borbónica o napoleónica, pero los ecos del pasado siguen presentes. Tras la consolidación del Tratado de Amistad y Cooperación Reforzada (Tratado de Barcelona), la alianza transpirenaica vive una era de sintonía estratégica en el seno de la Unión Europea.

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno de Francia, Emmanuel Macron reunidos en Nueva York, el 22 de septiembre de 2026. | EPA/AAP EFE

Así como los Borbones del siglo XVIII buscaban contrarrestar el poder británico en ultramar, las actuales relaciones entre España y Francia buscan liderar la autonomía estratégica de Europa, la transición energética trasatlántica y el desarrollo de infraestructuras clave como el corredor de hidrógeno verde H2Med. Un ejemplo de cooperación fue la respuesta del Gobierno francés a la reciente “invasión” de la ciudad autónoma de Ceuta. París expresó su apoyo político y diplomático a España y rechazó tomar medidas coercitivas contra Madrid, defendiendo la gestión española y la continuidad de la libre circulación. 

Así, las guerras durante el Siglo de Oro y la sombra de Napoleón han dado paso a una cooperación institucional madura donde Madrid y París se reconocen, una vez más, como socios preferentes.