A un corresponsal de guerra se le presupone lo evidente: que sepa contar una historia, manejar una cámara o plantarse delante de un micrófono. Lo que no siempre se ve es todo lo demás. Orientarse donde no hay referencias, conducir por terrenos complicados, reconocer a tiempo un artefacto explosivo, frenar una hemorragia o saber qué hacer cuando la unidad con la que te desplazas entra en combate. En ese contexto, cada una de esas habilidades deja de ser un complemento del oficio y puede convertirse en una cuestión de supervivencia.

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Con esa idea en la cabeza, 28 profesionales de la comunicación, entre los que me incluyo, hemos cambiado durante cinco días las redacciones por vehículos militares, helicópteros, trincheras y ejercicios de campo. Fue en las XXII Jornadas de Corresponsales de Guerra del Ejército de Tierra, que se celebraron entre el 21 y el 25 de septiembre y que organizan la Escuela de Guerra y Liderazgo y el Departamento de Comunicación del Ejército de Tierra.

La formación teórica

El programa arranca en el aula. Las primeras sesiones ofrecen contexto sobre cómo se organizan las Fuerzas Armadas, qué panorama geopolítico se maneja o por qué el factor antropológico pesa tanto en un conflicto. También se habla de las condiciones extremas de temperatura y del equipo que conviene llevar según el escenario. Y se explica algo que cualquier periodista agradece saber antes de llegar: cómo funcionan las unidades con las que puede acabar integrado y qué papel juega cada una dentro de una operación. La idea de fondo es que el corresponsal llegue al terreno con algo más que conocimientos periodísticos.

Ejercicios sobre el terreno

Después, la teoría da paso a la práctica. Una de las primeras pruebas consiste en orientarse con mapa y brújula. Durante los ejercicios desaparecen las herramientas de navegación a las que estamos acostumbrados y toca interpretar el terreno, localizar la propia posición y seguir un itinerario.

Un vehículo 4x4 durante una de las maniobras de conducción en campo realizadas en las XXII Jornadas de Corresponsales de Guerra del Ejército de Tierra. | Israel Cánovas

La conducción ocupa otra parte importante del programa. Los participantes se ponen al volante de vehículos 4x4 y reciben formación de conducción en campo, junto a nociones de mecánica básica pensadas para resolver averías y dificultades que en una cobertura convencional difícilmente aparecerían.

Pero si hay un momento que permite entender de verdad cómo puede ser una cobertura en un escenario bélico, es el empotramiento con una unidad militar. Aquí no hay una visita puntual ni una demostración aislada. Durante ese tiempo se encadenan ejercicios y situaciones tácticas que obligan a mantenerse alerta, desplazarse con la unidad y reaccionar siguiendo las instrucciones recibidas. Uno de los escenarios reproduce la defensa de posiciones en trincheras. En otro, los participantes se enfrentan a una situación de conflicto en una ciudad y tienen que proceder a una evacuación. Son ejercicios simulados, pero están planteados para que los periodistas toquen de cerca lo que ocurre cuando una situación aparentemente controlada cambia de golpe y exige decidir con rapidez.

La actividad se prolonga durante la noche y la madrugada, y ahí está buena parte de su valor formativo: trabajar en un entorno incómodo, con frío, sueño y tensión, intentando mantener la atención sobre lo que pasa alrededor.

Un periodista durante el empotramiento con una unidad militar en el interior de un búnker, durante las XXII Jornadas de Corresponsales de Guerra del Ejército de Tierra. | Israel Cánovas

El programa incluye un traslado en un CH-47 Chinook, uno de los helicópteros de transporte pesado del Ejército de Tierra. Los periodistas embarcan, conocen los procedimientos asociados al vuelo y experimentan diferentes maniobras durante el desplazamiento. Es, probablemente, la parte más espectacular de las jornadas.

Otro de los bloques lleva a los participantes a escenarios de contaminación y a la amenaza de minas y artefactos explosivos improvisados. Aquí la formación es especialmente clara en su alcance. No se trata de convertir a los periodistas en especialistas en desactivación de explosivos, sino de enseñarles a reconocer los riesgos y a comportarse ante ellos.

Seguridad y primeros auxilios

Quizá la lección más difícil de olvidar sea la sanitaria. Los participantes practican asistencia básica y emergencias que pueden darse durante una cobertura, como la reanimación cardiopulmonar o la colocación de un torniquete para controlar una hemorragia. En ese contexto aparece el concepto de binomio, una de las claves de la seguridad sobre el terreno. Saber actuar ante una emergencia del compañero, y que el compañero sepa hacerlo ante la tuya, puede ser determinante hasta que llegue asistencia especializada. Un torniquete bien colocado o una RCP iniciada a tiempo pueden mantener con vida a una persona durante esos minutos en los que la ayuda todavía no ha llegado.

Todo esto es posible gracias a las unidades que participan en las jornadas. Han colaborado la Brigada 'Almogávares' VI de Paracaidistas, las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra y la Academia de Ingenieros, además de ILUNION, que ha puesto a disposición del curso su Escuela de Conducción.

El objetivo no es que un periodista salga de allí convertido en soldado, sino que conozca los riesgos, comprenda cómo funciona una unidad militar y disponga de unas herramientas básicas para trabajar junto a ella sin convertirse en un problema añadido.

El Ejército de Tierra ya prepara la siguiente edición. La convocatoria de las XXIII Jornadas de Corresponsales de Guerra está prevista para mayo de 2027 y su celebración, para septiembre del próximo año.