Vietnam, Biafra, Camboya, la guerra del Yom Kippur, Irlanda del Norte, Rodesia, Angola y las Malvinas son algunas de las guerras que cubrió el historiador y periodista, y sir desde 2002, Max Hastings. Cada una de ellas es una lección de historia que el británico vivió en primera persona y ahora dan forma a sus memorias: Ir a la guerra. Memorias desde el frente (Desperta Ferro). Hastings, nacido en 1945, es autor de 26 libros, en su mayoría dedicados a la historia militar. Entre 1986 y 2002 fue editor jefe de The Daily Telegraph y posteriormente dirigió el Evening Standard. También trabajó para la BBC y cubrió acontecimientos en más de sesenta países, además de entrevistar a personalidades como Lyndon Johnson, Ronald Reagan y Richard Nixon.
Hastings cuenta en primera persona sus dos décadas en primera línea, desde sus frustrados intentos juveniles de convertirse en paracaidista hasta su llegada a Las Malvinas, en 1982, por delante de las tropas británicas y decidido a obtener una exclusiva. Es precisamente la difícil relación entre militares y periodistas uno de los temas principales que aborda Hastings. “Soldados y periodistas son incómodos compañeros de cama”. El autor contrapone la disciplina, la jerarquía y el sacrificio propios de los ejércitos con el individualismo y la indocilidad que, a su juicio, caracterizan a los reporteros que buscan una primicia. “Los miembros de cualquier ejército, armada o fuerza aérea decente son instruidos en una tradición de deber, disciplina, honor, trabajo en equipo, sacrificio. Los periodistas son individualistas, algunos incluso anárquicos”, escribe Hastings. A juicio del oficial de regimiento estándar, añade, “los corresponsales son irresponsables, desleales e indisciplinados”.
Pero por difícil que sea esa relación, se necesitan mutuamente, los soldados quieren que su trabajo tenga visibilidad y los periodistas dependen de que les permitan acercarse al frente. “Por más que les desagraden los medios de comunicación, los comandantes de los ejércitos occidentales han tenido que reconocer que los soldados en la guerra moderna quieren que su trabajo y sacrificio sean reportados en su país. Necesitan a los periodistas para explicar su historia”, sostiene.
Si bien Hastings tuvo que burlar a los soldados para tener una primicia. En las Malvinas, continuó solo hacia Puerto Stanley después de que la unidad con la que avanzaba recibiera la orden de detenerse. El oficial al mando del 2.º Batallón Paracaidista consideró irresponsable su conducta y aseguró que no volvería a llevarlo a una operación.
Las guerras de Hastings
Determinar lo que ocurre en una guerra con objetividad es complicado. En este volumen, el periodista, no aspira a retratar lo que ocurrió en las guerras, solo a relatar dónde estuvo y cómo lo vivió.
En este sentido la experiencia del reportero le han convertido en crítico de su propia labor y de su gremio. Hastings se define a sí mismo y a otros colegas como periodistas “bomberos”. Esto es: “Reporteros enviados a un país en busca de noticias sensacionales para la primera plana de unos pocos días, en lugar de quedarse, aprender y proporcionar un servicio de noticias riguroso durante meses o años”.

Imagen distorsionada del cine
La imagen del trabajo de reportero de guerra está muy intoxicada por la mirada de Hollywood a la profesión. Hastings se distancia de la glorificación cinematográfica del combate. “Hollywood creó el mito del soldado moderno psicópata en películas estúpidas como Platoon”, afirma Hastings. El autor reconoce que todo ejército tiene combatientes que ansían matar, pero sostiene que “son muchos menos de lo que sugiere la mayoría de películas”.
El autor expresa admiración por muchos de los soldados que conoció y reconoce que sus experiencias con ellos constituyen algunos de los recuerdos más importantes de su vida. La guerra aparece así como una mezcla contradictoria de miedo, miseria, camaradería, absurdo y gestos de grandeza. En su relato de su experiencia hay soldados atemorizados, civiles abandonados a su suerte, periodistas preocupados por escapar y estructuras militares descompuestas. En la caída de Saigón, por ejemplo, describe la atmósfera de irrealidad, miedo y oportunismo que se apoderó de la ciudad cuando la derrota del régimen survietnamita se hizo inminente.
El periodista deja en este libro las lecciones aprendidas con su experiencia. “Cuando era joven, valoraba y aspiraba, más que a ninguna otra cosa, al valor, al dono di coraggio. Sin embargo, ahora comprendo que el valor físico se muestra en muchos jóvenes de manera más fácil de lo que reconocen algunas personas”. Para Hastings, “el coraje moral es mucho más difícil, más esquivo y más relevante”. Sostiene una teoría sobre cómo nos comportaríamos cada uno de nosotros en una guerra: “La respuesta a esa pregunta siempre es la misma: lo harás mejor de lo que crees. La mayoría lo hace”
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