Después de anunciar Podemos el año pasado que Irene Montero sería la candidata a las generales, la número dos de los morados y actual eurodiputada ha dado un paso público para ir allanando el camino. Hay una lectura estratégica para los competidores directos, para Sumar: creen que ante su tardanza para dar a conocer qué refundación y candidato a las generales presentan, Podemos quiere acorralarles y posicionarse para liderar una candidatura alternativa al PSOE. Al menos con legitimidad, de cara al público.

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El problema es que hay una crisis de identidad, existencial en la izquierda a la izquierda del socialismo, muy fragmentada, debilitada por la unidad de Gobierno con Pedro Sánchez, por el 'robo' de banderas clave, por la incapacidad de hacer valer dentro otras como la vivienda, y, especialmente, por la guerra personalista entre viejos conocidos del ámbito que ha ido gestándose durante la década pasada y después del primer Ejecutivo de coalición de la democracia, el de la pandemia. Tras la evolución de Unidas Podemos a Sumar y la transición de Pablo Iglesias a Yolanda Díaz.

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El paso de Montero está anunciado, pero, ¿dónde le sitúa ese paso? A día de hoy, no se sabe dónde está esa izquierda morfológicamente. Electoralmente sí: a un paso de los peores resultados desde el 15-M, según los sondeos. Con apenas 13 escaños en conjunto entre los partidos de Sumar y Podemos y sin canalizar la crisis política que afronta Sánchez por Ceuta. Principalmente por la división. Es la historia de dos corrientes, la pablista y la errejonista, y la continuidad de la primera por parte de Montero e Ione Belarra, mientras que la segunda ha evolucionado a ese bloque ecolaborista.

Ante la nada, Montero abre una puerta, da algo de certeza electoral en busca de un input frente a la izquierda desmovilizada. Para agitar lo emocional como en el pasado. Incluso en el discurso hay un giro respecto estos meses atrás: los morados se abren a las primarias con el resto de formaciones. No se habla de vetos, ni si quiera para Movimiento Sumar, ya con Díaz fuera de la ecuación tras su paso atrás político de febrero, pese a que sigue en el Gobierno. Podemos se ve fuerte ante las dudas de la refundación magenta, ante la falta de referentes y de su interés en pelear, mientras que perfiles como Ernest Urtasun se dejan querer. De hecho, interviene hasta Iglesias para alentar a Montero frente al ministro, y asegurar que "es la mejor candidata".

Las distintas sensibilidades de la izquierda de Sumar coinciden en un sentir mayoritario, que no es creíble que después de abandonarles y de bloquear la unidad durante años, de reivindicarse como la "izquierda valiente" frente a la del "rearme", en referencia a los magentas, ahora Podemos se abra a pactar previas primarias. Todo, después de un camino autónomo avanzado, de negociaciones entre Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Catalunya en Comú desde diciembre. También de una tregua para las andaluzas que demostró que Podemos apuesta por un camino separado, al no coincidir con ningún representante de la primera línea de Sumar.

Por otro lado, las críticas de Podemos a Sánchez, a su gestión y los pronunciamientos apelando a una dimisión y adelanto de generales sin decirlo abiertamente, generan contradicción cuando Sumar pretende reeditar el Gobierno con Sánchez en 2027. Estas cuestiones alejan a ambas ramas de la izquierda de colaborar. Y algunas directamente no quieren contar con ellos. Más Madrid es el caso más claro. Los de Mónica García son los más duro, y ante consultas de El Independiente, fuentes del espacio madrileño aseguran que "nosotros seguimos con nuestro proyecto y alianzas en las que Podemos no está". Otras afean que más allá de pronunciamientos públicos, Podemos no ha intentado ponerse en contacto con nadie de Sumar.

En Movimiento Sumar son críticos, mantienen el rumbo y como mucho estarían dispuestos a que Podemos se sumase para ir en listas, pero como un partido más, aceptando el marco dado por el resto y, en el caso de falta de consenso, participando en unas primarias que sellasen la forma. Pero el desgaste, la presión durante estos años y el señalamiento constante les distancia. Izquierda Unida es la formación más pragmática. Públicamente se abren a esas primarias y al modelo Podemos, previo consenso, pero en privado saben que las diferencias son elevadas.

Dentro de ese ámbito, de los socios de Sumar, otros políticos de la izquierda no solo ven inviable ir con Podemos, sino que dan un paso más. Consideran que la alianza es tóxica por un motivo muy claro: "Ir con Podemos y con Irene Montero como candidata es un activo para la derecha, como cuando Iglesias se fue a la Comunidad de Madrid; moviliza el voto de la derecha". Un voto muy movilizado ya, en vista de las últimas encuestas. Esos sondeos sitúan al PP y Vox por encima de los 200 escaños, mientras que la izquierda en su conjunto, sin nacionalistas, apenas superaría los 115 escaños, ligeramente por debajo de los 121 escaños del PSOE en solitario en las últimas generales y de los 31 que obtuvieron Sumar y Podemos juntos.

"Nadie de la sociedad civil ha querido ser candidato"

Aun con todas las críticas, Podemos tiene clara su propuesta con Montero a la cabeza y con Belarra y Pablo Fernández como ticket para la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid respectivamente. Mientras tanto, Sumar ha ido aplazando tiempos por los distintos baches que se han ido presentando, como las elecciones andaluzas y la necesidad de centrar en la campaña de Antonio Maíllo los esfuerzos; la salida de Lara Hernández y la asamblea de Movimiento Sumar –la tercera en tres años– para la renovación; el verano, que desalentaba la estrategia, o, más recientemente, Ceuta. Pero, principalmente, los retrasos se deben a la incapacidad de encontrar a un candidato que revolucione.

A la negativa de Pablo Bustinduy, actual ministro de Derechos Sociales de Sumar, y que se ha comprometido a ocupar un papel raso el próximo curso, se ha unido, como confirman fuentes de Sumar a este periódico, el intento fallido de encontrar a un referente de peso entre la sociedad civil. Sonó Unai Sordo, líder de CCOO, por ejemplo. "Nadie ha querido", se comunica. Eso ha centrado el foco en Urtasun como alternativa más clara, y más reconocida del Gobierno teniendo en cuenta que García y Sira Rego no repetirán en las listas de las próximas generales.

Tras el paso de Podemos, y después de evitarlo hasta la fecha, Urtasun ahora se deja querer. Lo hace días después de que Ada Colau también dejase la puerta abierta a plantearse dar un salto a la primera línea política si las circunstancias lo requieren. Mientras se perfilan esas dos líneas como alternativa –aunque la de Colau se agita, pero no es nada clara– y se certifica que Gabriel Rufián no será ese referente tras agitar el avispero de la izquierda y hablar de frente común, el paso de Podemos es el único visible a menos de un año para las generales. La izquierda tendría algo de tiempo para echar a rodar en vista de las previsiones del PSOE, de que Sánchez aguantará hasta verano.