El Pacífico ecuatorial está acumulando una cantidad de calor sin precedentes desde que hay registros y el episodio de El Niño, que se desarrolla sobre él, todavía no ha alcanzado su máximo. Pero este fenómeno habitual en el océano no llega a un planeta como lo hacía antes: aparece sobre aguas más cálidas, una atmósfera con más energía y un calentamiento global que ya altera los patrones conocidos.
El riesgo no reside solo en un nuevo récord térmico, sino en que El Niño actúe como acelerador de una crisis climática que cada vez avanza de manera menos progresiva sino con escalones. Escalones inversamente proporcionales al aumento del negacionismo climático entre la sociedad que dificulta sus soluciones.
El peor contexto sociopolítico para abordar una amenaza natural que requiere acción política. Antonio Turiel, doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid e investigador en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC advierte. “La gente ha integrado el cambio climático y lo ve como una línea recta, como algo lineal, pero esto no va como una línea recta: esto va creciendo más deprisa ahora mismo. Creo que el año que viene nos vamos a llevar un susto grande, pero grande, grande”. A tener en cuenta: Antonio Turiel, como otros científicos, predijo el riesgo de DANA y además el apagón.
Para Turiel lo que vamos a ver el año que viene es un aperitivo del futuro: “de lo que va a ser el 2036, que es cuando se estima que vamos a llegar a 2 °C, porque piensa que no hace tanto hablábamos de que iba a ser en el 2050. Ahora, últimamente, viendo el desbalance radiactivo actual, ya se está hablando de mediados de la década de los 30”. Jorge Olcina, responsable del laboratorio de climatología de la Universidad de Alicante, coincide con Turiel en que vamos a vivir un viaje al futuro térmico: “Digamos que está adelantando los objetivos de subida de temperatura que se preveían para la década de los 40, 50, es decir, nos los está adelantando a ya”.
Qué le pasa a este El Niño
“El fenómeno del Niño pasa habitualmente. Lo que sucede aquí, lo que preocupa en este caso es su intensidad, es lo fuerte que es”, explica Turiel, investigador del CSIC. “Lo primero que hace el Niño es generar una mancha de agua caliente en el Pacífico, que esto es lo que está haciendo que la temperatura media de todo el planeta esté subiendo”.
El Niño no es un invento reciente. Es un patrón climático natural que se repite de forma irregular, con una periodicidad que habitualmente oscila entre 7 y 11 años, aunque a veces pueden pasar décadas entre episodios importantes. Lo que ha cambiado es el contexto en el que se desarrolla. Después de cada El Niño, viene un fenómeno contrario de enfriamiento de las aguas y que equilibra la situación que se llama La Niña. Pero en este siglo el efecto de La Niña, no parece haber funcionado.

“Cualquier Niño que esté habiendo en los últimos 20 años siempre va a ser un Niño redoblado”, señala Jorge Olcina. “Porque hay más calor en los océanos, por tanto, la intensidad de los Niños, la movilización de energía que se produce en estos procesos, pues va a ir a más”, añade.
Durante un episodio de El Niño, el océano libera parte de esa energía acumulada hacia la atmósfera. “El mar, que es el gran depósito de calor del planeta Tierra, cuando hay un Niño libera una parte de ese calor a la atmósfera de nuevo”, explica Turiel.
Hasta ahora el océano ha absorbido alrededor del 90% del exceso de calor asociado al cambio climático y El Niño coge cada vez más fuerza e impactan más. El resultado es un escalón térmico global. Cada episodio importante deja una huella: tras el Niño de 2015-2016 y el de 2023-2024, la temperatura media del planeta subió de forma abrupta. “Hoy en día el calentamiento está en 1,55 °C y esto es gracias fundamentalmente al Niño del 15-16 y el del 23-24, que los dos contribuyeron en más de 0,1 °C a su subida a nivel global”, apunta Turiel.

Un episodio que ya bate récords
Los datos disponibles hasta agosto de 2026 apuntan a que el episodio actual podría superar los registros modernos. James Hansen, conocido como el padre del cambio climático, describe en su web en Substak que El Niño entra en territorio desconocido.
“El Niño ha florecido. Está fuera de las gráficas. Las medidas habituales de El Niño han superado los niveles récord anteriores en el periodo con buenos datos, aunque el efecto máximo todavía está a varios meses en el futuro”, escribe. Su métrica de referencia -el contenido de calor en los primeros 300 metros del Pacífico ecuatorial- ya supera al del super Niño de 1997-1998.
En su publicación señala que el Niño de 2023-2024, que impulsó un calentamiento global extremo, fue solo un episodio moderado en comparación con el actual. “El contenido de calor del océano tropical y la temperatura superficial de la piel afectan cada uno a la fuerza de El Niño, así que ambas son métricas relevantes”, añaden.
Este superniño llega a un planeta ya infectado por el calentamiento global provocado por el ser humano
El verdadero problema no es el récord en sí, sino el escenario sobre el que se produce. “Este superniño llega a un planeta ya infectado por el calentamiento global provocado por el ser humano”, subraya el texto de Hansen. “Las olas de calor están aumentando, en el mar y en tierra”.
Las olas de calor marinas, en particular, se han intensificado durante el último siglo en respuesta al calentamiento global y, recientemente, su intensidad está aumentando más rápido, coincidiendo con una aceleración del calentamiento. “Las olas de calor marinas ya afectan a la integridad de los ecosistemas marinos y a los servicios ecosistémicos asociados”, señala Hansen.
El Niño no es el único responsable de la situación actual. “El proceso global de calentamiento está calentando sobre todo las cuencas marinas, las cuencas oceánicas; el Pacífico es una de las que más está calentando”, apunta Olcina.
Por eso, cualquier episodio reciente parte de una base más cálida. “Decir que va a ser un super Niño y tal, bueno, está bien que se avise a la gente, pero digamos entra dentro de la lógica del proceso actual de calentamiento que va calentando las cuencas oceánicas”, señala. “Y, por tanto, el fenómeno, si vuelve a ocurrir dentro de 7-8 años, pues será todavía más intenso, porque el mar se sigue calentando”, afirma el experto de la Universidad de Alicante.
Turiel va más allá en su análisis. “Desde hace ya un tiempo, por lo menos desde el año 79, estamos observando que las fases de La Niña se están volviendo más cálidas y no están siendo efectivas recapturando el calor”, explica. “Y, de hecho, desde principios del siglo XXI lo que estamos viendo es que las Niñas no tienen ningún efecto”.
El resultado es un patrón de escalones: cada Niño importante empuja la temperatura hacia arriba y las Niñas posteriores ya no logran enfriar el sistema como antes. “Cada vez que viene el Niño hay un escalón de temperatura y, cuando vienen las Niñas, si es que llegan, no pasa nada. La temperatura del aire sigue igual”, apunta Turiel.

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Escenarios de temperatura
Las proyecciones de temperatura varían según la fuente. Olcina señala que, tanto en el año en que comienza el Niño como al siguiente, “la temperatura terrestre siempre suele subir entre 0,1 y 0,2 °C puntualmente, coyunturalmente, por efecto del Niño”.
“Luego, en el año 28, digamos que vuelve un poquito a la normalidad, pero siempre el año de Niño y el año siguiente, cuando se hace el balance de la temperatura global terrestre, el Niño aporta eso entre 0,1 y 0,2 °C”, explica. “Como estamos ya en valores de subida de temperatura terrestre próximos al grado y medio, seguramente, pues si no el año que viene, al siguiente, llegaremos ya al grado y medio de subida de la temperatura terrestre desde 1850”.
no sería descartable que el año que viene lleguemos a tener una temperatura de más de 2 °C respecto al nivel preindustrial
Turiel plantea un escenario más extremo. “Cuando a principios del año veíamos las previsiones de que iba a haber un Niño, estábamos especulando con que a lo mejor el planeta iba a llegar, aunque solo fuera por unos meses, a una subida de +1,7, +1,8 °C respecto a los niveles preindustriales”, recuerda.
“Pero, viendo la intensidad que parece que va a tener este Niño, porque los modelos ya apuntan a valores muy, muy elevados, no sería descartable que el año que viene lleguemos a tener una temperatura de más de 2 °C respecto al nivel preindustrial”, advierte.
Matiza que, teóricamente, tendría que ser provisional, “simplemente empujados por el Niño, pero, como te digo, las Niñas no son muy eficientes enfriando. Entonces, a lo mejor baja un poco, pero nos quedamos por ahí cerca”.
La conexión directa entre El Niño y Europa no es tan clara como en otras regiones. “En Europa no hay una asociación tan directa, no hay una teleconexión que se llama así cuando se produce un Niño”, explica Turiel. “Pero, evidentemente, a Europa lo que le afecta es esta subida generalizada de la temperatura del aire que se va a producir y que va a ser muy intensa. En algunos momentos del verano, en algunas ciudades, sobre todo del sur de España, podamos alcanzar temperaturas de 50 °C, que son temperaturas que son incompatibles con la vida humana”, afirma.
¿Más lluvia?
Olcina recuerda que, históricamente, los episodios de Niño se han asociado en España a años de mayor movimiento atmosférico. “Normalmente, cuando hay Niño, la atmósfera se mueve más, es decir, está más inquieta. Por tanto, en principio, el Niño en España ha traído siempre fenómenos de lluvia abundante, de gotas frías, de inundaciones”, señala.
Cita ejemplos históricos: en 1982, durante un gran Niño, se produjo la pantanada de Tous; en 1987-1988 hubo muchas lluvias en toda España; en 1997-1998, inundaciones en Málaga. “Es decir, que normalmente se ha asociado el Niño a, al menos, un año o año y medio posterior de mucho movimiento atmosférico en nuestro hemisferio norte”, explica.

Sin embargo, matiza que lo que está ocurriendo este verano en el Mediterráneo no tiene una relación directa con El Niño. “Lo de este año que está ocurriendo aquí no tiene nada que ver con el Niño. El impacto siempre suele ser al año siguiente, porque eso tiene que trascender al otro hemisferio e ir modificando la circulación atmosférica”, señala.
El calentamiento actual del Mediterráneo, que ha alcanzado temperaturas de 29-30 °C, se debe al proceso global de calentamiento y a la acumulación de olas de calor saharianas. “Y sí, lo que es es combustible preparado: por si hay una situación de inestabilidad, pues puede desencadenar nubes muy enérgicas y precipitaciones torrenciales. Por eso este año hay que estar especialmente vigilante de lo que puede pasar en el Mediterráneo”, advierte Olcina.
Impactos regionales
El Niño modifica los patrones de precipitación a escala global. “Normalmente hay más sequía en la parte americana, sudamericana, y hay mucha más lluvia en la parte australiana. Bueno, en los años de Niño se trastoca ese esquema”, explica Olcina.
Durante un episodio de Niño, se acumulan aguas cálidas de manera continuada en todo el sector americano y central del Pacífico sur. “Y eso es el indicador más potente de que estamos ante un fenómeno del Niño y que todo apunta, según los últimos datos de la NOAA, que va a ser un Niño intenso”, señala.
Las teleconexiones pueden llevar efectos a regiones lejanas. “Se habla de sequías, efectivamente, en la Amazonía; se habla de huracanes muy intensos en la parte del Caribe; en la parte europea, como te digo, la atmósfera se mueve mucho y genera pues más gotas frías, más extremas en los años de Niño”, explica Olcina.
Turiel añade otros impactos habituales: “En Perú va a llover más y va a hacer mucho más calor en su verano, que es el invierno nuestro. En diciembre, que es cuando llega el apogeo de este fenómeno, pues este año ellos van a tener más calor y más humedad. En California va a llover más, en Brasil va a haber sequía. En Indonesia va a haber sequía”.
Frente a este panorama, las recomendaciones de los expertos apuntan en una dirección común: reforzar la vigilancia y la preparación. “Extremar la vigilancia meteorológica, la predicción estacional. Es necesario que se siga desarrollando con el rigor y el interés”, afirma Olcina. “Y, en caso de que se avise de fenómenos extremos, pues avisar a la población. Que se tengan bien activados todo lo que es la fase predictiva, las predicciones estacionales, ya las predicciones semanales, todo esto, que esté muy bien organizado”.
Esto es una emergencia nacional. Hay que tomar medidas de emergencia, porque realmente la situación se puede poner muy mal"
Pero hay un aspecto que, en su opinión, falta en España: “Nos falta en España más educación para el riesgo y los extremos. No sabemos actuar, no lo hemos visto ahora de nuevo: no es un extremo atmosférico, pero el terremoto de Granada, la gente se tira a la calle, duerme en la calle, le puede caer un cascote. Es decir, no estamos preparados o enseñados para esto”.
Turiel reclama más acción política. “Para mí, esto es una emergencia nacional. Creo que hay que tomar medidas de emergencia, porque realmente la situación se puede poner muy mal”.
“Imagínate que el día más fresco del año que viene sea como la peor hora de calor de este año. Podría ser. Entonces, claro, hay que replantearse muchísimas cosas, porque, si no, la gente va a caer como moscas”, advierte.
Reconoce, sin embargo, que existen márgenes de incertidumbre importantes, aunque se van reduciendo a medida que se acerca el momento. “Hay que irlo monitorizando, pero, simplemente por un tema de gestión de riesgos, lo que se está viendo es un riesgo absolutamente descomunal, desproporcionado”, señala.

Un cambio climático no lineal
Uno de los mensajes más contundentes de Turiel es la idea de que el cambio climático no es un proceso lineal. “Llevamos mucho tiempo viendo el cambio climático y, durante la mayor parte del tiempo que hemos hablado de él, ha sido un cambio climático progresivo. Ahora estamos yendo a un cambio climático no lineal”.
Ilustra la diferencia con un ejemplo: “Si tú estás en un coche y vas a una velocidad de 40 km/h y aprietas el freno de una determinada manera y ves que el coche requiere 10 metros para detenerse por completo, si tú ahora, en vez de ir a 40 km/h, vas al doble, vas a 80 km/h y aprietas el freno exactamente de la misma manera, la mayor parte de la gente pensará: ‘Bueno, vas el doble de rápido, recorrerá el doble de distancia’. Pues no es verdad: recorre cuatro veces la distancia. Y si vas a 160 km/h, pues entonces necesitas 16 veces más distancia para frenar, explica.
“Una recomendación para los políticos sería prepararse para ese peor escenario”, afirma Turiel. “Estamos trabajando un poco en un documento en esa línea, porque yo creo que aquí esto, para mí, esto es una emergencia nacional”.
Olcina, por su parte, subraya la necesidad de mantener y reforzar los sistemas de predicción y alerta. “Aquí, bueno, pues saber lo que va pasando en la parte del Pacífico, que los informes de la NOAA en esto son muy detallados, y, bueno, pues hacer la predicción, digamos, como se suele hacer en España, que se suele hacer muy bien, pero estar atentos a lo que pasa”, señala.
“La atmósfera es un todo y, a veces, no sabemos, pero tenemos fenómenos conectados. Y eso es importante tenerlo previsto”, concluye.
Hansen y su equipo cierran su análisis con una llamada a la acción global: “Esto y otros impactos climáticos emergentes deberían proporcionar un incentivo para que el mundo finalmente se tome en serio entender y abordar el cambio climático provocado por el ser humano”.
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