Los riesgos climáticos llevan tiempo en el punto de mira no solo de las entidades financieras sino también de los supervisores bancarios. El Banco Central Europeo (BCE) alerta en su último Boletín Económico de cómo pueden impactar en el devenir de la economía.
"Fenómenos meteorológicos extremos, como demuestran las olas de calor actuales, y la propagación de las crisis climática y de la naturaleza más en general, podrían hacer que los precios de los alimentos suban más de lo esperado", advierte el organismo con sede en Fráncfort.
La inflación de los alimentos descendió desde el 1,9 % en mayo hasta el 1,5 % en junio. Y el organismo asegura que aunque cree que los efectos indirectos de la subida de los precios energéticos sobre la subida de los precios alimentarios "parecen ser limitados por ahora", también dice que "las actuales condiciones meteorológicas adversas —las olas de calor estivales y la aparición de El Niño— pueden plantear riesgos al alza para las perspectivas de inflación".
El organismo que dirige Christine Lagarde hace hincapié en El Niño, un patrón climático recurrente que altera las condiciones meteorológicas en todo el mundo y aumenta la probabilidad de se produzcan inundaciones, sequías y olas de calor.
La advertencia climática se suma a un escenario de riesgos inflacionistas en el que la energía sigue ocupando un papel muy destacado. El BCE considera que una prolongación de las perturbaciones energéticas podría provocar efectos indirectos sobre otros precios y sobre los salarios, especialmente si los costes elevados se mantienen durante más tiempo.
La inflación general de la zona euro descendió al 2,8% interanual en junio, frente al 3,2% de mayo. Algo que responde a un descenso generalizado de todos los principales componentes. Los precios de la energía moderaron su tasa de crecimiento del 10,8% al 8,5%, mientras que la inflación de los alimentos bajó al 1,5%. La inflación excluidos energía y alimentos también se redujo, del 2,6% al 2,4%.
La subyacente también se modera. Los precios de los servicios crecieron un 3,2% en junio, frente al 3,5% del mes anterior, mientras que los bienes industriales no energéticos avanzaron un 0,7%, frente al 0,9% de mayo. En conjunto, casi todos los indicadores de inflación subyacente descendieron durante el mes y se situaron entre el 2,1% y el 2,5%.
En el segundo trimestre, la inflación general se situó en el 3%, dos décimas por debajo de la previsión incluida en las proyecciones macroeconómicas de junio del Eurosistema.
Pero el BCE advierte de que el proceso de desinflación todavía está expuesto a importantes perturbaciones. Aunque la inflación energética se redujo en junio, el impacto acumulado de la crisis energética todavía no se ha trasladado plenamente a los precios finales. Los costes de los insumos están aumentando para las empresas y estas prevén elevar sus precios de venta.
En el caso de la energía, la tasa de inflación cayó con fuerza en junio, hasta el 8,5%, desde el 10,8% de mayo. El descenso estuvo asociado principalmente a la caída mensual de los precios, del 1,8%, y al abaratamiento del petróleo en un contexto de mejores perspectivas sobre la resolución del conflicto en Oriente Próximo durante junio. El descenso de los combustibles se vio parcialmente compensado por el aumento de los precios del gas y la electricidad.
La energía mantiene la incertidumbre
El BCE señala, sin embargo, que la situación energética continúa siendo una fuente de incertidumbre. En los mercados internacionales, los precios de las materias primas alimenticias subieron un 19% durante el período analizado, mientras que el petróleo se situaba un 30% por encima del nivel previo al conflicto y el gas europeo acumulaba un encarecimiento del 97%.
A nivel general, el organismo reconoce que los precios del petróleo bajaron después de que Estados Unidos e Irán suscribieran un memorando de entendimiento. "Pero los nuevos ataques están haciendo que la situación sea muy volátil", avisa el supervisor. El BCE advierte de que nuevas alteraciones en el suministro energético podrían elevar los precios durante más tiempo, con efectos negativos sobre las rentas reales, el consumo y la inversión.
Asimismo, el banco central también cree que las tensiones comerciales pueden fragmentar las cadenas de suministro, restringir el abastecimiento de materias primas esenciales y agravar las limitaciones de capacidad de la economía de la zona euro.
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