Coger el coche para irse a la playa, reservar un hotel o sentarse en una terraza convertirá este verano en el más caro de la historia para los europeos. Solo en el caso de los españoles, desde el inicio de la guerra en Irán, el precio del diésel se ha disparado un 40%, el de la gasolina un 27% y el precio de los vuelos se ha encarecido entre un 10% y 20%, mientras que reservar un hotel o un alojamiento turístico en abril es un 7,2% más caro que hace un año y comer en un restaurante, un 4,5%.
Además, según ha advertido este miércoles la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, la presión sobre los precios todavía no ha tocado techo. "El aumento de los precios de la energía impulsará la inflación durante el verano y la mantendrá muy por encima del objetivo hasta el primer semestre de 2027", ha explicado durante la rueda de prensa donde ha presentado las decisiones de política monetaria del Consejo de Gobierno de la eurozona. Ante este escenario, el BCE ha optado por elevar los tipos de interés en 25 puntos básicos: del 2% al 2,25%. Una decisión "unánime", según ha descrito Lagarde, que supone la primera subida desde hace casi tres años, cuando en septiembre de 2023 la institución puso fin a una racha de diez incrementos consecutivos destinados a contener la inflación provocada por la guerra de Ucrania.
En esta ocasión, las expectativas de que la guerra en Irán provocaran una perturbación energética limitada y de corta duración han quedado descartadas por parte del BCE tras más de 100 días de conflicto abierto. Y a ello se suma que la mayor preocupación del organismo (que la inflación se descontrole más allá del sector energético) ya ha empezado a materializarse. "Estamos observando que la inflación de los precios de la energía se está extendiendo por toda la economía, y por eso tomamos hoy esta decisión", ha admitido Lagarde.
Inflación media de 2026 en el 3% en el mejor escenario
En concreto, la inflación media de la eurozona ha pasado del 1,9% registrado en febrero al 3,2% de mayo, alejándose del objetivo del 2% que el BCE considera compatible con la estabilidad de precios. De hecho, "las perspectivas de inflación superan nuestro objetivo a finales de 2026, y se prevé que sigan por encima del objetivo durante la mayor parte de 2027, para volver al 2% en otoño de 2027 y situándose en el objetivo en 2028".
De acuerdo con las previsiones que han presentado este miércoles, en el escenario central del BCE, la inflación media de 2026 se situará en el 3%, en 2027 en el 2,3% y en 2028 en el 2%. No obstante, también existen otros dos escenarios menos optimistas que contempla el organismo, donde las tensiones energéticas persisten durante más tiempo del previsto, alimentando la inflación y deteriorando la actividad económica. En el escenario adverso, la inflación media escalaría hasta el 3,3% en 2026, el 3% en 2027 y al 2,3% en 2028, y en el severo, hasta el 4%, 5,3% y 3%, respectivamente.
El BCE descarta el escenario optimista
Con la nueva actualización, el BCE ha revisado al alza sus tres escenarios de inflación respecto de las previsiones que hicieron en marzo debido la prolongación del conflicto en Oriente Medio.
En marzo, la institución planteaba como escenario central una perturbación energética limitada y de corta duración, donde la inflación media de 2026 se situaría en el 2,6% (cuatro décimas menos que en la previsión de junio), la de 2027 en el 2% (tres décimas menos) y la de 2028 en el 2,1% (una décimas más). Sin embargo, Lagarde ha reconocido que esta primera aproximación había quedado obsoleta ante los recientes acontecimientos: "Hemos eliminado el primer escenario, que claramente no se da en una situación de esta naturaleza, ya que era de corta duración y de alcance bastante limitado, y este no es el caso".
Y es que, más de cien días después del inicio de las hostilidades, la guerra sigue escalando. Este mismo miércoles, Donald Trump ha dirigido nuevos ataques sobre el territorio iraní y ha amenazado con tomar el control de la isla de Kharg, una infraestructura clave para las exportaciones de petróleo del país. Y la escalada bélica también arrastra una escalada sobre el conjunto de precios de la economía.
Lagarde ha advertido de que "estamos empezando a observar una extensión de la inflación por toda la economía, y esto se nota claramente en los efectos directos, pero también en los indirectos". Y aunque ha precisado que todavía no se observan efectos de segunda ronda, la persistencia del conflicto aumenta el riesgo de que el encarecimiento de la energía termine trasladándose de forma más amplia a alimentos, bienes y servicios, tal y como sucedió en 2022 tras la invasión rusa en Ucrania. Una experiencia de la que el BCE asegura haber extraído lecciones.
En 2022 confiaron en que la inflación sería un fenómeno transitorio y acabaron viéndose obligados a ejecutar el ciclo de subidas de tipos más agresivo de las últimas décadas. Ahora, la institución pretende evitar reaccionar tarde. No obstante, Lagarde también ha querido alejar cualquier idea de un endurecimiento automático de la política monetaria. "No nos comprometemos de antemano con una trayectoria concreta de los tipos de interés", ha subrayado, insistiendo en que las próximas decisiones se tomarán "reunión a reunión" en función de cómo evolucionen los precios.
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