Nunca se había vivido un verano así. Las olas de calor y su severo impacto en el caudal de los ríos han provocado que la red de centrales nucleares europea sufra como nunca antes. Hasta 15 reactores se han tenido que parar o han reducido su potencia entre los meses de junio y julio. Lo han hecho por dificultades operativas, de seguridad energética y que han afectado a instalaciones clave en Francia, Rumanía, Suiza y Hungría, fundamentalmente por la imposibilidad de garantizar la correcta refrigeración de sus reactores.
La caída del volumen de agua de algunos ríos y el incremento drástico de las temperaturas en cuencas estratégicas como las del río Danubio, Garona, Ródano o Sena han dejado a las plantas de interior sin su principal recurso térmico. En total, el sistema ha perdido cerca de 10 GW de potencia nuclear en el continente, obligando a los operadores a suspender de forma temporal los mecanismos de refrigeración o a aplicar recortes forzados de producción.
El cuello de botella hidrológico y ambiental
La crisis climática ha reducido los caudales a niveles críticos, impidiendo que los sistemas de succión capten el agua necesaria para el funcionamiento y posterior refrigeración de los reactores. El mayor desafío ha sido el límite térmico al que están obligadas las centrales. La Unión Europea prohíbe utilizar agua de río si su temperatura oscila entre los 25 °C y los 30 °C. Verter agua tras enfriar la central -que una vez empleada retorna al cauce entre cuatro y diez grados más caliente- provocaría daños irreversibles en la fauna acuática y los ecosistemas fluviales.
España no ha sufrido restricciones en sus cinco centrales y siete reactores operativos. Las instalaciones nucleares de nuestro país cuentan con diseños adaptados a climas cálidos. Algunas de ellas utilizan agua de mar, como la central de Vandellòs, otras disponen de torres de refrigeración propias para enfriar el agua antes de su devolución al río. Plantas como Almaraz operan con un circuito cerrado independiente a través del embalse artificial de Arrocampo.
Parón nuclear histórico en el río Danubio
Hungría se ha convertido en uno de los puntos más críticos del continente. Los cuatro reactores de la central nuclear de Paks han tenido que parar por primera vez en sus 44 años de historia tras desplomarse el nivel del Danubio, imposibilitando el funcionamiento de las bombas de succión. Paks genera cerca del 50% de la energía del país, por lo que la desconexión total completada entre el 2 y el 3 de agosto ha obligado a Hungría a disparar sus importaciones de electricidad de emergencia y fijar restricciones de consumo en la industria y el transporte público.
Una situación idéntica atraviesa Rumanía, donde la central nuclear de Cernavodă ha visto afectados dos de sus reactores por el bajísimo nivel del Danubio. El gran río europeo registra un caudal mínimo histórico de 1.650 m3 muy lejos de la media habitual de 4.750 m3 registrada durante los meses de julio.
Restricciones en la potencia nuclear francesa
Como principal potencia nuclear de Europa, Francia cuenta con 56 reactores, de los cuales 32 se ubican en el interior y dependen directamente de los ríos. La ola de calor ha obligado a la principal eléctrica esatatal, EDF, a parar reactores o recortar su carga en las centrales de Golfech, Blayais, Bugey, Tricastin y Saint-Alban. Actualmente, la central de Chooz mantiene dos reactores parados por la falta de caudal en el río Mosa, mientras que en Cattenom se ha paralizado una unidad por el río Mosela y el reactor Golfech 2 permanece desconectado por la elevada temperatura del Garona.
A estas paradas completas se suman otros cuatro reactores en Bugey, Tricastin y Saint-Alban, que operan muy por debajo de su capacidad máxima para evitar el sobrecalentamiento del río Ródano. En paralelo, en Suiza, la central nuclear de Beznau opera bajo mínimos, alternando paradas técnicas y recortes de potencia del 50% al superar el río Aar los 25 °C permitidos por la normativa ambiental helvética.
Dado que la ola de calor se mantiene y las paradas no se han podido revertir, la alta demanda por el uso de aire acondicionado ha disparado los precios en el mercado mayorista de electricidad de Francia, Hungría y Rumanía. Para evitar el colapso del suministro, el sistema eléctrico europeo se apoya actualmente en la producción energía solar durante las horas centrales del día y en el encendido masivo de centrales térmicas de gas natural para cubrir los picos de demanda nocturna.
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