Sarah Santaolalla, a sus 27 años, se ha hecho un nombre como tertuliana, como polemista, en televisión. Natural de Salamanca, Santaolalla se curtió en 7NN, a la derecha de la derecha, y Canal Red, a la izquierda de la izquierda, para después dar el salto a Cuatro, Mediaset, en calidad de "jurista", "analista política" y "activista". El entrecomillado tiene un porqué. Tras ascender a TVE, en espacios como Mañaneros 360 y Malas lenguas, Sarah Santaolalla presentará el suyo propio en La Séptima, canal de actualidad con Javier Ruiz como director editorial.

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"Yo no veo que se ponga tanto el foco sobre la línea editorial de otros medios. Se da por hecho que Antena 3 sea de derechas o que Telecinco tenga también una línea editorial más hacia la derecha. O Cuatro, Cope, Intereconomía… Es respetable que cada medio elija la línea editorial que quiera. En cambio, es revolucionario y woke no dejar que en tu programa de televisión canten el Cara al sol o llamen prostituta a una mujer. Si [defender] los derechos humanos es ser woke y revolucionario, yo soy entonces el Che Guevara", comenta Sarah Santaolalla en conversación con El Independiente durante la presentación de La Séptima en el Festival de Televisión de Vitoria-Gasteiz.

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La tertuliana asegura que ha vivido situaciones muy incómodas en televisión y que se han normalizado debates entre, por ejemplo, un científico y un terraplanista. "Yo no quiero eso en mi programa, en mi formato. Yo no voy a poner a un tipo formado, que ha estudiado cómo funcionan los ciclos de cualquier fenómeno meteorológico, a debatir con un tipo que dice que nos fumigan. No voy a hacer esas cosas", añade.

P.- Hay dos tipos de presentador. Aquel que quiere no dar su opinión y se limita a ser un busto parlante; y aquel que sí da su opinión. Llegas a La Séptima como presentadora tras años como tertuliana y analista política. ¿Te vas a morder la lengua o te vas a dejar llevar? Presentar, moderar y opinar.

R.- (Sarah Santaolalla) Antes de contestarte, te diré que la gente que habla de sí misma en tercera persona me parece profundamente gilipollas. Pero ahora voy a hablar de mí misma en tercera persona. Me estoy describiendo ya antes de decirlo. O sea, la gente que habla de sí misma en tercera persona es idiota. Ahora voy a pecar de idiota. Intentar que Sarah Santaolalla se muerda la lengua es un trabajo imposible; es decir, intentar que yo no opine. Lógicamente va a opinar la gente que está en la mesa. Las opiniones serán de periodistas, juristas, analistas…

Pero es imposible que, ante una noticia como que una persona necesita operarse porque se muere y está en una lista de espera de un año, no puedas opinar que eso es una desgracia. U opinas o me opino encima [sic], y como llegue a casa con la opinión; mi familia, en casa, me mata. "El trabajo, fuera, por favor". Por el bien de mi salud, por el bien de mi familia, y por la gente que no quiere que pierda ni se apague mi voz; yo voy a seguir opinando allá donde esté, incluso el último día de mi vida.