Diplomático veterano, Luis Belzuz de los Ríos se jubiló en su último destino, Casablanca, donde ejercía como el cónsul general de España desde 2022. Lo hizo el 29 de julio, un día antes de la entrada masiva de miles de inmigrantes irregulares en Ceuta. Tras cuatro años en la legación española en Marruecos, su visión de las relaciones bilaterales es pragmática, pero firme: "Están descompensadas".
Un claro ejemplo del desequilibrio en nuestras relaciones con Rabat fue la crisis en Ceuta y los momentos posteriores. Cuando comenzó la "avalancha" –como él mismo se refiere al ingreso de miles de marroquíes en territorio español– Marruecos celebraba su Fiesta del Trono. Un día después él abandonó el país que había sido su hogar estos últimos años. "En el Consulado no sabíamos nada", admite sobre las circunstancias que rodearon su partida.
Aunque no estaba al tanto de los pormenores internos, ha analizado lo sucedido aquellos días. Y ha llegado a una conclusión: "El autor necesario tuvo que ser Marruecos, porque esto no lo hacen ni las redes sociales", asegura durante su entrevista a El Independiente con motivo de una charla impartida en el marco del programa Arcadia de la Universidad Camilo José Cela.
"Solamente con conocimiento y anuencia de Marruecos, 80.000 marroquíes se materializan un día en la frontera de Ceuta y pasan todos a una", enfatiza Belzuz, que destaca el alto grado de "capilarización" que tienen las autoridades alauís dentro del territorio. Un control que podría haberles conducido a un error de cálculo.
El cálculo de Marruecos
Durante estos cuatro años, el ex cónsul en Casablanca ha recorrido miles de kilómetros por todo Marruecos. "Tenía que auxiliar a españoles, ver prisiones, hospitales, juzgados, a veces incluso institutos psiquiátricos. Y he hecho muchos amigos marroquíes, los sigo teniendo", relata. En estos viajes, ha sido testigo del grado de implantación de los distintos servicios del Estado.
"Al lado de cada mezquita –52.000 en todo el territorio–, hay siempre un colegio, un puesto de socorro de un ambulatorio y una comisaría de policía", detalla. La cooperación entre el Ministerio de Asuntos Islámicos y el de Interior permite que Marruecos tenga la información que tiene "en términos de yihadismo o migración", sostiene.
Hay que ir siempre un paso por delante de Marruecos en todo, porque así nos evitamos muchos problemas
Desde las revueltas por la primavera árabe, el sistema de seguridad ha sido un pilar "fundamental" para Rabat. Belzuz describe la "gran capacidad de coordinación" entre la policía, los servicios de inteligencia y el ejército. "La coordinación es óptima, lo cual les permite capilarizar mucho en la sociedad", añade. Este es el motivo que le lleva a afirmar que el traslado de 80.000 personas hasta la frontera en Ceuta no pudo producirse bajo el desconocimiento de las autoridades.
"Ahora, el cálculo que hizo Marruecos, hasta dónde querían llegar, eso todavía no lo sabemos", admite. Sin embargo, cree que la reacción del pueblo español y de Ceuta, sumada a la visita de los reyes Felipe VI y Letizia a la ciudad autónoma, les ha obligado a dar marcha atrás. En este momento están "reevaluando" los pasos a seguir, en especial tras la convocatoria de elecciones generales.
Un Gobierno "débil" y la ley de nacionalidad saharaui
¿Qué es lo que motivó a Rabat? Belzuz enumera una serie de razones, todas ellas encadenadas entre sí, que pudieron animar a nuestros vecinos en su jugada contra España. Menciona la sentencia del Tribunal Supremo sobre la prohibición de las deportaciones en caliente de nadadores llegados desde Marruecos, pero también la posición del Ejecutivo de Pedro Sánchez.
El diplomático cree que "el grado de debilidad del Gobierno", con todos los problemas que atraviesa y sus apoyos parlamentarios "que estaban ya siendo muy tenues", pudo ser una "tentación irresistible" para Marruecos. Para decir "vamos a ver qué se puede hacer", continúa.
La cuestión saharaui es uno de los temas por los que el reinado de Mohamed VI se va a juzgar en la historia
Pero apunta también a la ley de nacionalidad saharaui como otro de los "desencadenantes inmediatos" de la crisis. El 23 de julio, siete días antes del cruce masivo a Ceuta, la Comisión de Justicia del Congreso dejó lista para votar en el Pleno a la vuelta de vacaciones la norma que pretendía otorgar la ciudadanía a todos los nacidos en el Sáhara Occidental bajo la administración española. "Cualquier cosa que hagamos sobre el Sáhara les afecta mucho", asegura.
Más aún en el contexto interno actual en Marruecos, donde ya se deja entrever el final del reinado de Mohamed VI, a punto de pasarle "el testigo" a su hijo, el príncipe Moulay Hassan. Y es que, según el diplomático, el gran legado del actual monarca ha sido consolidar la ocupación en el Sáhara: "La cuestión saharaui es uno de los temas por los que su reinado se va a juzgar en la historia".
Reajustes en las relaciones
En lo que respecta al Sáhara, Belzuz aprecia un antes y un después en las relaciones hispano-marroquíes a raíz del giro copernicano emprendido hace cuatro años por el Gobierno respecto a la neutralidad española en el conflicto. "El rey de Marruecos dejó claro que su definición de amigos o enemigos en política exterior iba a ir dada por la posición que tomen los países sobre el Sáhara", recuerda el diplomático.
Enmarca este hito en un "reajuste entre Estados", fenómenos que responden a las relaciones de fuerza entre ellos y cambian "cada cuatro o cinco años", explica. Y, bajo su punto de vista, en la actualidad está teniendo lugar un nuevo reajuste entre Marruecos y España tras la visita de los reyes a Ceuta y la convocatoria anticipada de elecciones en nuestro país.
Tenemos que asumir que siempre que España esté en situación de debilidad o de aislamiento internacional, Marruecos va a actuar en consecuencia
Antes de la crisis en Ceuta se decía que hay que ir "a la par" de Marruecos. "Yo ahora digo que hay que ir siempre un paso por delante en todo, porque así nos evitamos muchos problemas", añade. Aunque cree que las relaciones están "descompensadas", considera que nos encontramos en un momento en el cual podemos "reequilibrar" la situación. "Pero depende de nosotros, Marruecos es un factor fijo", puntualiza.
Para el diplomático, es vital abordar el diálogo con Rabat "de igual a igual". Y si Marruecos es amigo de Estados Unidos, el Gobierno también debe cultivar los vínculos con Washington. "Nosotros ahí jugamos con ventaja, porque tenemos mucha más relación por la OTAN, y España siempre ha sido un referente en cuestiones del Magreb dentro de la Unión Europea", analiza.
Evitar tentaciones a Marruecos
"Si prescindimos de todo esto y no tenemos consenso en política exterior, es un signo de debilidad", alerta Belzuz. Y Marruecos suele aprovechar esas coyunturas para exhibir fortaleza, como hizo durante la Marcha Verde, cuando España se encontraba inmersa en un proceso de cambio de modelo de Estado. "Tenemos que asumir que siempre que España esté en situación de debilidad o de aislamiento internacional, Marruecos va a actuar en consecuencia", advierte.
La clave es evitar "tentaciones" al otro lado del Estrecho. Por ello, subraya la necesidad de presentar a una España unida, con una política exterior consensuada y que "forma parte de la solución" dentro de la OTAN. En ese caso, cree que Marruecos "se lo va a pensar" antes de aprovechar las posibles debilidades del lado español.
Preguntado por las declaraciones de algunos ministros marroquíes en los momentos posteriores a la crisis, cuando reclamaron la soberanía sobre Ceuta y Melilla, les quita importancia. Apunta a que se hicieron "en caliente" en un contexto de campaña electoral en el país vecino. Aun así, deja claro un hecho: "Marruecos es un país irredentista, y no va a cambiar".
De hecho, apunta a que la postura de Marruecos no puede considerarse "un problema", porque no tiene solución, sino que es "un hecho". Así, en las relaciones bilaterales siempre aparecerá el "obstáculo" de la soberanía de las dos ciudades autónomas. "Marruecos lo ha sacado antes y lo seguirá sacando, pero es el vecino con el que tenemos que convivir y en esto hay que ser realistas", asegura. Por ello, concluye que España nunca logrará convencer a los marroquíes en esta cuestión, "porque son irredentistas por consenso y por convicción".
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