Aunque Mohamed VI no se refirió a Ceuta y Melilla ni al viaje de los reyes a las dos ciudades autónomas, la semana pasada dejó entrever su as en la manga para responder a lo que desde Marruecos se ha entendido como una "provocación" española. Con la visita finalizada, todo parece apuntar a que Rabat no desencadenará una crisis diplomática con España, como sí hizo con la de Juan Carlos I. Sin embargo, no se pueden descartar otras represalias desde el otro lado del Estrecho.

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Cuando el monarca marroquí se dirigió al Parlamento el viernes, todas las miradas estaban puestas en la visita de Felipe VI y Letizia a Ceuta cuatro días después. La ciudad sufrió a finales de julio la entrada masiva a nado de 80.000 inmigrantes procedentes de Marruecos. Ya desde comienzos de la crisis, el monarca expresó su interés por viajar a territorio ceutí para mostrar su apoyo a sus habitantes. Una decisión que no ha hecho ninguna gracia en el país vecino.

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La prensa de Rabat ha criticado duramente el viaje real. "Ceuta permanece presente en la memoria marroquí, portadora de una historia que ni las banderas pueden borrar ni las celebraciones pueden ocultar", publicaba el martes por la noche Hespress, el medio digital más leído en Marruecos. Sin embargo, mientras los medios afines al régimen alauí cargan contra los reyes, las autoridades guardan silencio.

Marruecos mide sus pasos

Pese al enfadado de la opinión pública marroquí, que se ha referido a la visita como un "símbolo de supremacía colonial" –así lo ha expresado la Fundación Al-Faqih Al-Tetouani, referente del nacionalismo marroquí–, desde el Gobierno y el Palacio han optado por la moderación. Incluso ante el homenaje de los reyes a las víctimas enterradas en el cementerio musulmán de Sidi Embarek, un acto especialmente incómodo para Rabat, que no ha decretado luto oficial por el centenar de vidas perdidas en el mar –la mayoría de ellas marroquíes–.

Desde España se esperaba algún tipo de contestación, que de momento no ha llegado. Fuentes diplomáticas conocedoras de las relaciones bilaterales consultadas por El Independiente apuntan a que Rabat está manteniendo sus opciones "abiertas".

Los reyes Felipe VI y Letizia durante su visita al cementerio musulmán de Sidi Embarek en Ceuta
Los reyes Felipe VI y Letizia durante su visita al cementerio musulmán de Sidi Embarek en Ceuta | EFE/Reduán

"Han visto la reacción de la ciudadanía en toda España y han visto que se han convocado elecciones generales. Marruecos está esperando y está haciendo una nueva evaluación de los hechos. Ha visto lo que ha pasado, pero no sabe con qué gobierno se va a encontrar a primeros de año", detalla esta voz autorizada. Y es que la convocatoria electoral anticipada por parte de Pedro Sánchez ha pillado desprevenidos a nuestros vecinos del sur.

Así, estas mismas fuentes apuntan a que Marruecos está "a la espera" del resultado de las urnas el 29 de noviembre, cuando se forme un nuevo gobierno. Solo después "reajustará su política" hacia España, si es que lo hace. Mientras, no harán nada que comprometa su análisis, por mucho que la visita de los reyes no haya sentado bien entre los círculos de poder alauís.

Una aparente no repuesta

Una vez concluida la visita, parece confirmado que Marruecos no va a sacar a su embajadora de España, como sí hizo ante la de Juan Carlos I. De hecho, en aquel entonces, Rabat llamó a consultas a su representante en Madrid cuando se anunció que el entonces monarca viajaría a Ceuta y Melilla. Así, desde el país vecino no querrían elevar al nivel de crisis diplomática las posibles fricciones derivadas de la presencia de los reyes en las dos ciudades autónomas.

Qué ha llevado a Marruecos a medir el tono en esta ocasión es un misterio. La presencia de la embajadora marroquí, Karima Benyaich, en el Palacio Real con motivo del Día de la Hispanidad el lunes –el día previo a la visita– ya apuntaba a que el descontento por el viaje real era más comedido que en ocasiones anteriores.

Todo hace pensar que ha existido algún tipo de intermediación por parte del Gobierno de Pedro Sánchez para aplacar el malestar marroquí. Cada vez que se le pregunta por el estado de las relaciones al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, éste destaca la fluidez en las comunicaciones con su homólogo marroquí, Nasser Bourita.

Ante todo, fuentes de Exteriores consultadas por este periódico ni confirman ni desmienten que se produjesen conversaciones de este tipo. Sin embargo, existe un precedente. Cuando se produjo la vista de Juan Carlos, el entonces ministro, Miguel Ángel Moratinos, comunicó de antemano al Gobierno marroquí que dicho viaje se produciría, como él mismo admitió.

Independientemente de si el Ejecutivo ha intervenido para paliar una posible crisis, no deja de ser llamativo el silencio de las autoridades marroquíes frente al escándalo suscitado en la opinión pública. No obstante, Mohamed VI ya dejó clara su respuesta ante las "provocaciones" españolas hace menos de una semana.

El chantaje migratorio

"La asociación es una opción soberana y un compromiso voluntario, que de ningún modo será sujeta a cualquier presión, amenaza o chantaje", subrayó el monarca marroquí durante su discurso ante el Parlamento el pasado viernes. Lo hizo cuando habló sobre la política migratoria de su país.

A Marruecos le ha quedado claro que, en sus relaciones bilaterales con España, tiene la sartén cogida por el mango gracias a la migración. Las declaraciones del Gobierno en los momentos posteriores a la entrada masiva a Ceuta en las que eximían a Rabat de responsabilidad en la crisis prueban que el Ejecutivo también es consciente de este desequilibrio.

La política de externalización de fronteras por parte de la Unión Europea ha convertido a Marruecos como el "guardián" de la frontera sur de España. De hecho, tras producirse la crisis en Ceuta el 30 de julio, en lugar de exigir explicaciones, Bruselas ha mantenido sus planes de aumentar la financiación en materia migratoria para el país vecino. Las autoridades alauís saben que el control de las personas que intentan cruzar su territorio para llegar a las fronteras comunitarias es su mejor baza.

En su último discurso, Mohamed VI declaró que "el actual modelo de cooperación en este ámbito ha quedado obsoleto", aportando como prueba "las crisis que se han producido de manera recurrente". Después, se refirió específicamente a España y, aunque admitió que ha habido "importantes avances" en la lucha contra contra la migración irregular, aseguró que dicha cooperación se enfrenta "a grandes desafíos".

El as en la manga de Mohamed VI

El monarca marroquí introdujo la sombra de duda sobre el actual modelo migratorio. A continuación, dejó claro que esta cooperación no estaría sometida a ninguna "presión, amenaza o chantaje". Y, tras mostrar esta firmeza, hizo un anuncio: "Marruecos presentará a sus socios un documento que contiene una visión estratégica, clara y práctica, que funda una nueva orientación destinada a consolidar el desarrollo compartido, la competitividad económica y la estabilidad regional".

No es casual que Mohamed VI proclamase su intención de presentar un nuevo marco migratorio a "sus socios" después de negarse a someterse a chantajes o presiones. Tampoco que lo hiciese cuatro días antes de que los reyes se trasladasen a Ceuta, en el centro del debate sobre la cooperación migratoria entre España y Marruecos desde hace meses.

¿Y si los supuestos "chantajes" a los que se refería el monarca y que motivan este cambio de rumbo no son otros que la visita de Felipe VI y Letizia a Ceuta y Melilla? Con todo, Hespress publicaba el lunes un artículo en el que el presidente del Centro Marroquí de Estudios Estratégicos, Mohamed Benhamou, planteaba una "lectura estratégica cruzada" de la visita, la convocatoria adelantada de elecciones y las "implicaciones históricas" del discurso de Mohammed VI en el Parlamento. "Marruecos mantiene la iniciativa y el control geopolítico, aferrándose a sus constantes territoriales y a la ecuación de paridad y responsabilidad compartida", concluía.