"La UE reitera la gran importancia que concede a la cooperación con Marruecos en la gestión y gobernanza de las migraciones como parte de un enfoque integral, equilibrado y mutuamente beneficioso". Esta fueron las conclusiones de la última reunión del Consejo de Asociación entre la Unión Europea y el Reino de Marruecos celebrada a comienzos de año. Desde entonces, la frontera sur comunitaria ha vivido una importante crisis con la entrada de miles de inmigrantes a Ceuta procedentes de Marruecos. De nada ha servido el desembolso millonario llevado a cabo por Bruselas en materia migratoria durante la última década.

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Desde 2015, la UE ha destinado millones para la cooperación migratoria y la protección de su frontera sur. Cuantiosas cifras que han ido destinadas directamente a las arcas marroquíes. El último desembolso se aprobó a finales de 2025, cuando la Comisión resolvió dedicar 160 millones de euros específicamente a este fin, dentro de un plan regional más amplio de 675 millones. Sin embargo, esta suma no sirvió para preparar la defensa de la frontera ceutí frente a una entrada masiva orquestada por las mafias migratorias, según la versión de Rabat.

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Pero, a pesar de esta brecha en la seguridad fronteriza de la UE, Bruselas planea aumentar la financiación a Marruecos, como parte de un acuerdo de asociación estratégica y global. Así lo han avanzado responsables comunitarios a Euronews, asegurando que se pretende cerrar el convenio antes de que finalice este año. Además, se han referido al acuerdo firmado con Egipto en 2024, dotado de un paquete de 7.400 millones de euros para impulsar la economía del país, gestionar la migración y reforzar la estabilidad regional. Y a este nuevo desembolso se suma la petición de financiación de emergencia para hacer frente a la crisis por parte del Gobierno español este lunes.

Gestión "humanizada y sostenible" de las fronteras

Así, la UE sigue dispuesta a poner dinero en los mismos mecanismos que lleva financiando durante la última década y que no han podido impedir la entrada masiva de 72.000 inmigrantes en territorio español. De hecho, aunque el último Consejo de Asociación entre la UE y Marruecos celebrado en enero reconoció los avances logrados para prevenir la inmigración irregular "en particular mediante la lucha contra el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas, y el desmantelamiento de redes", las autoridades marroquíes sostienen que son precisamente esas organizaciones criminales las que están detrás de la nueva entrada masiva a Ceuta.

De hecho, la última partida que Bruselas destinó a que colaborar con Marruecos en materia migratoria a finales del año pasado formaba parte de un plan plurianual de apoyo a la Estrategia Nacional de Inmigración y Asilo del Reino alauí. Esta estrategia, aprobada por Mohamed VI en 2013, fue descrita en aquel entonces como una normativa "humanista", que buscaba tratar con dignidad y respeto a las personas que llegaban a su territorio tanto en origen como en tránsito.

Y, como parte del plan para impulsar esta estrategia desde la UE, el año pasado se acordó "garantizar una gestión humanizada, coordinada y sostenible de las fronteras por parte del Reino de Marruecos". Sin embargo, las imágenes que llegaron desde Ceuta durante los momentos álgidos de la crisis no parecen indicar que se haya desplegado una gestión de este tipo.

Algunas de las medidas que incluía la partida de 160 millones de euros aprobada por la Comisión consistían en el refuerzo de la capacidad de búsqueda y salvamento de la autoridad marítima marroquí, la cooperación con agencias europeas e, incluso, la realización de campañas nacionales de sensibilización sobre los riesgos de la migración irregular. Sin embargo, los testimonios que llegaban desde los inmigrantes que lograron cruzar la frontera no parecían indicar que estas acciones se hubiesen desplegado en ningún momento antes ni durante la crisis. Y, aun así, la UE ha avanzado recientemente para colocar a Marruecos en un lugar preferente para la externalización de su política migratoria.

Marruecos, tercer país seguro para la UE

En el último año, la UE ha endurecido sus políticas migratorias. Un elemento fundamental en el armazón del que los Estados miembros se están dotando para combatir la inmigración ilegal es la figura del país de origen seguro. Además de los candidatos a entrar a formar parte de la Unión, solo siete países gozan en la actualidad de esta distinción. Y Marruecos es uno de ellos.

De esta manera, todas aquellas personas que hayan solicitado asilo en España tras entrar a nado a Ceuta y sean nacionales marroquíes, lo tendrán más complicado para conseguir el estatus de refugiado. Esto se debe a que, según la nueva normativa comunitaria, los solicitantes procedentes de un país de origen seguro se verán obligados a demostrar que esta disposición no tendrá que aplicarse en su caso por causas como un temor fundado a ser perseguido o riesgo de daños graves si es devuelto.

Pero las nuevas políticas europeas van más allá. El reglamento de retorno aprobado en junio por la Eurocámara, la última pieza que faltaba para completar el nuevo pacto migratorio, abre otras opciones. Según el dictamen, aquellas personas que soliciten asilo en la UE y les sea denegado podrán ser trasladadas a "terceros países seguros", que operarán como lugares de tránsito para que los inmigrantes regresen -o no- a sus Estados de origen, lejos de las fronteras europeas.

Así, de acuerdo a las nuevas normativas europeas, Marruecos podrá quedar encargado de acoger a todos aquellos inmigrantes que hayan atravesado su territorio para llegar hasta suelo europeo y, una vez aquí, no hayan obtenido el estatus de refugiado. Además de las implicaciones humanitarias que puede acarrear la medida -la falta de protección para ciertas minorías en algunos de los países considerados como seguros-, la actual crisis suscita dudas en lo concerniente a la seguridad en la frontera.

Con el endurecimiento de los requisitos para la obtención del derecho al asilo en territorio comunitario, muchos inmigrantes originarios de países con los que no existen acuerdos de extradición podrían terminar en Marruecos como lugar de tránsito. Lo harán si los Estados europeos suscriben acuerdos de este tipo con el régimen alauita y, dado el empeño de la UE en seguir señalando a la contraparte marroquí como un socio confiable después de lo sucedido en Ceuta, no parece que esta posibilidad haya quedado fuera de la mesa. De hecho, ha sido Rabat quien tradicionalmente se ha negado a suscribir acuerdos que impliquen la devolución a su territorio de nacionales de terceros países.