Marruecos ha encontrado en Israel y en Estados Unidos unos aliados firmes en la defensa de sus aspiraciones sobre Ceuta y Melilla. Desde think tanks de la esfera MAGA e incluso diplomáticos israelies se ha defendido la marroquinidad de las ciudades españolas enclavadas en África. Incluso el hijo del primer ministro, Yair Netanyahu, se ha sumado a este coro: " [Ceuta y Melilla] no son esenciales para la seguridad o supervivencia de España ni tampoco son la cuna de la nación española como Judea y Samaria [Cisjordania] lo son para el pueblo judío. ¿Por qué España da lecciones a Israel sobre la renuncia a Judea y Samaria?", escribió Yair Netanhayu, que lleva con esta comparación desde 2019. Es una muestra de la animadversión del gobierno israelí hacia la política de Pedro Sánchez, una de las razones por la que hay quienes vinculan a Israel con la reciente crisis de Ceuta.
Tanto a la Administración Trump como al Gobierno de Netanyahu les interesa que Pedro Sánchez se tambalee. La falta de entendimiento con Trump es evidente. Sánchez había convertido su enfrentamiento en una tabla de salvación. Al Gobierno israelí le irrita que España sea su mayor crítico en la Unión Europea. Los encontronazos han sido múltiples. Tanto Estados Unidos como Israel se han aliado con Marruecos de una forma que perjudica gravemente los intereses de España.
El precedente del espionaje a más de 200 personas, entre ellas el presidente del Gobierno español y la ministra de Defensa, con Pegasus, un software de NSO Group, una empresa israelí, también apunta a cómo la colaboración con Marruecos afecta a España. Fueron los marroquíes quienes accedieron a la información de los móviles de parte del Gobierno español. Y el Gobierno israelí tenía que estar al tanto porque concede las licencias. En mayo de 2022 el Gobierno español reconoció que había sido espiado con Pegasus.
La tesis china
En el caso de Ceuta, ha sido la politóloga egipcia Nadia Helmy, especializada en relaciones chino-israelíes, quien ha defendido la tesis de la participación de Israel en los sucesos de Ceuta de los últimos días de julio. Helmy sostiene que algunos informes elaborados en Pekín interpretan que la llegada a Ceuta de 80.000 personas desde Marruecos en apenas unas horas es una operación de guerra híbrida destinada a aumentar la presión sobre el Gobierno de Pedro Sánchez. A su juicio, el Mossad, el servicio de Inteligencia israelí, interesado en promover una campaña de desestabilización contra España, habría estado involucrado.
"Los centros de análisis de Inteligencia chinos han examinado la escalada de las tensiones diplomáticas y políticas entre España e Israel. Desde esa perspectiva, el deterioro de las relaciones bilaterales podría haber motivado al Mossad a involucrarse en la crisis migratoria entre Marruecos y España, exacerbando la situación e infiltrando agentes para fomentar el descontento y el caos entre la población marroquí", señala Helmy en un artículo publicado en Modern Diplomacy.
El día de la fiesta del trono
Al periodista de origen marroquí Ali Lmrabet, una de las bestias negras del régimen de Rabat que recientemente le arrestó a su llegada a Tánger, no le parece disparatada esta tesis. "En mi opinión, lo del 30 de julio fue un estallido manipulado por redes sociales y los marroquíes se aprovecharon para que llegara gente a Ceuta. La mafia no tiene ese poder. Lo que me impide decir que fueron los servicios secretos marroquíes es que coincidió con la fiesta del rey. Los servicios secretos dependen del palacio real, del ministerio del Interior. ¿Por qué el 30 de julio? No creo que los servicios secretos lo hayan hecho el 30 de julio. Pienso que se han aprovechado", afirma Lmrabet.
"Hay mucha gente que piensa que Israel tuvo algo que ver. Podría ser así. En Marruecos el 30 de julio nadie hace nada. Pero a los israelíes no les importa el 30 de julio. Sinceramente, no veo al jefe de los servicios secretos marroquíes, amigo personal del rey, organizando esto", apunta el periodista.
"A los israelíes solo les interesa vengarse del gobierno de Pedro Sánchez. Es decir, tienen una motivación clara. Quienes lo sabrán son los servicios secretos españoles. Si el CNI detecta que Israel está detrás lo dirá. Pero si colaboraban israelíes y marroquíes, no dirán nada. El Gobierno español nunca dirá nada que pueda molestar a Rabat", añade Lmrabet.
Una colaboración soterrada con Hasán II
Marruecos e Israel llevan colaborando de forma soterrada desde los años 60. El Mossad estuvo implicado en el secuestro y desaparición del opositor marroquí Mehdi Ben Barka, según la investigación de Stephen Smith y Ronen Bergman, autores de L'affaire Ben Barka: la fin des secrets. Todo sucedió a finales de octubre de 1965. Ben Barka se había convertido en un líder opositor muy incómodo para Hasán II y no paró hasta acabar con él. Le localizaron en Suiza y le atrajeron con un engaño a París: el rodaje de un documental. Ahí le secuestraron, lo torturaron, y como consecuencia de los abusos, murió. También hicieron desaparecer sus restos. Antes Hasán II había espiado a los líderes árabes, reunidos en una conferencia en Marruecos, para Israel.
El vínculo entre Marruecos e Israel data de antaño. La comunidad de origen marroquí en Israel supera las 190.000 personas, según el Informe Mundial de Migración. En Marruecos vive la mayor comunidad judía de África: no es muy numerosa, unas 5.000 personas pero sí influyente. El ejemplo paradigmático es André Azoulay, judío sefardí, a quien el rey Hasán II, padre del actual, encomendó poner en orden la economía. Fue consejero real y clave en los Acuerdos de Abraham.
La formalización con Mohamed VI
Las relaciones entre Marruecos e Israel se formalizaron con Mohamed VI. La culminación fueron los Acuerdos de Abraham, apadrinados por la Administración de Donald Trump. El 10 de diciembre de 2020, Trump anunció el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Doce días después, en Rabat, Marruecos e Israel firmaban una declaración conjunta de normalización en el marco de los Acuerdos de Abraham, con el compromiso de abrir vuelos directos e impulsar la cooperación económica, industrial y de defensa. Reconocimiento territorial a cambio de reconocimiento diplomático.
La operación no partía de cero. Israel había asesorado técnicamente a Rabat en la construcción del muro defensivo del Sáhara en los años ochenta, y los aparatos de seguridad de ambos países llevaban décadas entendiéndose en la sombra. Lo que cambió en 2020 no fue la existencia de la relación, sino su visibilidad.
Seis años después, Marruecos e Israel siguen sin intercambiar embajadas. Lo que hay en Rabat y en Tel Aviv son oficinas de enlace, la fórmula de baja intensidad que ya funcionó entre 1994 y 2000 y que se cerró con la Segunda Intifada. Es una normalización deliberadamente incompleta.
El impacto del 7-O y la operación en Gaza
El 7 de octubre de 2023 puso a prueba esa arquitectura. La oficina de enlace israelí en Rabat permaneció cerrada diez meses y solo retomó su actividad de forma discreta en el otoño de 2024, con el nombramiento de un adjunto procedente del área de prensa árabe del Ministerio de Exteriores israelí. Los vuelos directos se resintieron. La visibilidad pública de los negocios bilaterales se redujo al mínimo.
Sin embargo, no hubo ruptura. Decenas de miles de marroquíes han salido a la calle desde el inicio de la guerra para exigir el fin de la normalización. El Partido Justicia y Desarrollo, islamista moderado, que la firmó desde el Gobierno, ha invitado a dirigentes de Hamás a su congreso en Rabat. Las encuestas de opinión árabe registran un desplome del apoyo popular a la relación con Israel.
"El régimen se ha alineado con Israel en contra del sentimiento mayoritario de la población. El rey no solo es el comendador de los creyentes, sino también el presidente del comité al Quds. Significa que es un protector de los palestinos. Es simbólico, pero da idea de la disyuntiva. Pero a Marruecos le interesa lo que obtiene de Israel: inteligencia, armamento y consejos", afirma Lmrabet.
La doctrina marroquí, resumida por sus propios diplomáticos, es que la relación con Israel le da capacidad de presión a favor de la solución de dos Estados y facilita la entrada de ayuda a Gaza. En realidad, hay una brecha enorme entre la opinión pública marroquí y su monarquía.
Comité Militar Conjunto
No se quiere poner en juego la colaboración militar. Es muy valiosa para Rabat. En noviembre de 2021, el entonces ministro de Defensa israelí Benny Gantz firmó en Rabat un memorando de cooperación en defensa, el primero de Israel con un país árabe. De ahí nació un Comité Militar Conjunto que celebró su tercera reunión en Tel Aviv en enero de 2026 y que se cerró con la firma de un plan de trabajo bilateral para el año. La agenda incluyó visitas de la delegación marroquí a unidades del Ejército israelí y a instalaciones de su industria de defensa. Las Fuerzas de Defensa israelíes describieron a Marruecos como socio clave para la estabilidad regional.
Los números confirman que no se trata de simbolismo. Según el último informe del SIPRI, Israel desbancó en 2025 a Francia como segundo proveedor de armamento de Marruecos, solo por detrás de Estados Unidos: el 24% de las importaciones marroquíes de ese año procedían de la industria israelí, frente al 11% del ejercicio anterior. El presupuesto de defensa marroquí para 2026 crece un 18%.
Desde finales de 2025, BlueBird Aero Systems, filial de una compañía participada por el Ministerio de Defensa israelí, fabrica drones kamikaze SpyX en una factoría próxima a Casablanca. Y la transferencia no es solo material: incluye adiestramiento en ámbitos tan específicos como la guerra de túneles. Marruecos ha aprovechado estos recursos en su guerra contra el Frente Polisario.
La Oficina Saharaui de Coordinación de Acción contra las Minas registró 160 víctimas civiles de ataques con drones marroquíes entre finales de 2020 y 2024. El 8 de junio de 2026, uno de esos ataques mató a Lahbib Mohamed Abdelaziz, miembro de la Secretaría Nacional del Frente Polisario.
El analista argelino Akram Kharief, director del portal Mena Defense, sostiene que la apuesta de Rabat es política antes que estratégica, porque ese mismo equipamiento podría comprarse en Francia, España o Italia. Marruecos buscaría, en su opinión, acceso a inteligencia israelí sobre el Polisario y Argelia y respaldo diplomático a su plan de autonomía.
Y ahora qué
La relación entra ahora en una fase de máxima rentabilidad para Rabat. La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad, aprobada el 31 de octubre de 2025 con once votos a favor y las abstenciones de China, Rusia y Pakistán, calificó por primera vez la autonomía bajo soberanía marroquí como la solución más viable y prorrogó el mandato de la Minurso justo hasta el 31 de octubre de 2026. La próxima votación está, por tanto, a la vuelta de la esquina. En Washington ya se prepara el camino para designar al Polisario organización terrorista.
Ahora habrá que ver cómo evoluciona la relación. Será indicativo si las oficinas de enlace se convierten por fin en embajadas. También si Israel abre consulado en Dajla o El Aaiún. Y, sobre todo, si sobrevive el plan militar conjunto a una nueva escalada en Gaza.
Para España, el triángulo es incómodo hasta la asfixia. Madrid ha roto con Israel y depende de Marruecos para contener la frontera, como ha dejado claro el régimen alauí el 15 de agosto, cuando desplegó su fuerza para evitar nuevas salidas. No se sabe aún si fue Marruecos quien instrumentalizó a los migrantes con ayuda de Israel, o lo hizo Israel por un afán desestabilizador y Rabat aprovechó. O puede haber otras opciones. El peligro es que son factibles y que el Gobierno de España no se atreve a levantar la voz contra el reino alauí. Desde el caso Pegasus la sospecha es que conocen el talón de Aquiles del gobierno. Y eso es una buena noticia para Netanyahu.
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