Opinión

EL GOLPE

Un Gobierno hackeado y un circo de pulgas

Un Gobierno hackeado y un circo de pulgas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), recibe al primer ministro de Marruecos, Aziz Akhannouch (i) | EP

Ahí sigue Ceuta, y ahí sigue Marruecos, aunque el Gobierno de Sánchez esté ahora más entretenido haciendo nidos de cigüeña en la Puerta del Sol. Más de dos meses después de la invasión, la avalancha o quizá sólo la fiesta de la amistad, Ceuta sigue sin dormir y sin vivir y Marruecos sigue considerando suyos Ceuta, Melilla y, lo que es peor, también la Moncloa y no sé si la Zarzuela. A la prensa marroquí, o sea al régimen marroquí, sin cuya voluntad no se mueve una hoja ni se publica una frase ni se cuela un inmigrante, le parece que la próxima visita del rey Felipe a Ceuta “vuelve a poner a prueba la cuestión de los dos enclaves marroquíes ocupados (…) en medio de un creciente acercamiento estratégico”. El rey sólo va a dar el consuelo de la monarquía, antiguo como la escrófula e igual de inútil que el toque regio que decían que la curaba (tampoco Sánchez soluciona nada y el rey lleva al menos empatía, que ahora se aprecia más que la política y la ley). Pero en Marruecos la visita se ve como una provocación y esos artículos diría que trasladan una interpelación a Sánchez para que controle al rey, al que deben de considerar también vasallo de Mohamed VI. La jerarquía está más clara que nunca, sobre todo desde que Amnistía Internacional ha documentado el espionaje de Marruecos al Gobierno español a través de Pegasus. 

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Ya sospechábamos que la única explicación a todo, desde regalar el Sáhara Occidental como una rosa del desierto a la docilidad mostrada ante Marruecos en la crisis de Ceuta y en toda nuestra política exterior (si se puede llamar así a lo que hacen Sánchez y Albares bailando la danza de los siete velos como mujeres barbudas); la única explicación, decía, era el chantaje con Pegasus. Pero ahora hemos sabido que, según una investigación de Amnistía Internacional, ya hay pruebas de que fue Marruecos quien infectó los móviles de Marlaska y Margarita Robles. Y, aunque no hay registros concretos sobre la cuenta que infectó el de Sánchez, las fechas, la cercanía, la oportunidad y el interés colocan también ahí al socio fiable, al amigo y vecino, al inteligente usuario de las fronteras y, sobre todo, inteligente usufructuario de las muchas flaquezas de nuestro presidente. De todas formas, si el móvil del presidente lo hackearon otros, yo qué sé, los nada peligrosos islandeses, o lo infectó sólo el virus del amor que le contagian tanto a Sánchez, o al final no encontraron en él más que selfis en toalla ante el espejo y playlists de Taylor Swift y de indie viejoven y chepudo (estos grupos parecen formados todos por colaboradores de Broncano), eso ya sería suficiente para que este Gobierno no pudiera continuar.

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Nada va a solucionar el rey en Ceuta, aunque Marruecos le da más importancia a los símbolos que nosotros. No se solucionaría ni aunque fuera la propia Maricarmen

Sabemos (lo sabemos hace mucho) que nuestro Gobierno ha sido espiado y, por tanto, puede estar siendo coartado o chantajeado. De hecho, debe de estar siendo coartado o chantajeado, no ya por las decisiones incomprensibles y las inhibiciones antinaturales sino porque, si no, no callarían las dos partes, la chantajeada y la chantajeadora. Marruecos ha hackeado y espiado a dos ministros, y no de esos ministerios maría que son sólo un cartón y un ficus para que Yolanda Díaz o Mónica García hablen como si fueran el padre Mundina, mezclando la floricultura con el catecismo. No, han hackeado y espiado a los que se encargan de nuestra seguridad y de nuestras fuerzas armadas. Y también, haya sido Marruecos o los ladinos islandeses, han hackeado y espiado al presidente del Gobierno, que digo yo que sería el más fácil, con su móvil pegajoso, promiscuo, olvidadizo (uno se lo imagina de rosa y brilli-brilli, como si fuera el móvil de Paris Hilton). El hackeo está demostrado, el chantaje es probable, pero es que un gobierno bajo la mera posibilidad de la extorsión ya es un gobierno inhabilitado.

El hackeo ya debería haber significado la renuncia automática, no ya porque no nos podamos fiar nosotros de semejantes perlas, sino porque, si fueran decentes, no deberían fiarse ni ellos mismos. Quién continuaría en su alto cargo sabiendo que está en manos de su enemigo, quién continuaría con su vida sabiendo la amenaza vital que pesa sobre sus compatriotas... Incluso aunque fueran los más entregados y honrados gobernantes, sin mácula ni error que aprovechar, que no lo son, e incluso aunque no fueran conscientes de una amenaza directa, nada les podría asegurar que el hacker no encontrara un día cualquiera la flaqueza definitiva que les rindiera a ellos y rindiera a todo el país. Sí, quién sería capaz de permanecer tranquilo y ajeno... Pues, por lo visto, Sánchez, capaz de esto y de más por seguir grabando reels y paseando por la ONU como por la feria de ganado. Pegasus es mucho más escandaloso que la corrupción, porque aquí hemos tenido muchos corruptos, desde el enladrillado municipal a la mordida internacional, pero nunca se había entregado España entera, como un fortín o una goleta. Pegasus sería aún más grave que las cloacas, porque si una mafia de Estado resulta repugnante, una mafia de Estado que además esté dispuesta a la traición resultaría demoledora, terminal.

Ceuta sigue ahí, Marruecos sigue ahí y, sobre todo, Sánchez sigue ahí. Nuestro Gobierno está cautivo del enemigo histórico (no sólo me refiero a Puigdemont) y, si ya sin contar eso es capaz de cualquier cosa, de las cloacas con sicario a meter enmiendas tramposas para sus nietos apócrifos, imaginen con una bomba en el móvil de Sánchez, entre mensajes a Ábalos y a Zapatero y selfis con tanga de leopardo. El rey por fin va a ir a Ceuta, pero ya me dirán ustedes qué puede hacer el rey, salvo pasar el guantelete simbólico por la escrófula indiferente. A lo mejor al final ni va, no tanto por los celos de Sánchez (no lo va a acompañar, que ya aprendió en Paiporta), sino porque aquí manda quien manda y no es ni la Casa Real, esa casa de muñecas, ni tampoco la Moncloa, apenas una embajada del viejo rey niño de Marruecos. No, nada va a solucionar el rey en Ceuta, aunque Marruecos le da más importancia a los símbolos que nosotros. No se solucionaría ni aunque fuera la propia Maricarmen. Sí, aquí le ponemos bigotes o liguero al oso del madroño, y le ponemos guillotinas al reloj de las uvas mal contadas y de las borracheras mal llevadas, y le ponemos decretos al cielo y velas a las viejitas con mala leche o mal bingo. Pero es que nosotros nos contentamos con circos de pulgas y Marruecos no.

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