Pocas personas conocen mejor que Ali Lmrabet los entresijos del majzén en Marruecos. Víctima del espionaje de Pegasus, tiene prohibido ejercer el periodismo en su país por sus informaciones molestas para el Gobierno en la sombra de Rabat. El pasado 13 de julio fue detenido en el aeropuerto de Tánger. Tras tres días bajo arresto, fue puesto en libertad. "No sé por qué me soltaron", admite a su regreso a España, país en el que reside desde hace veinte años.

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Ya en territorio nacional, Lmrabet detalles los pormenores de su detención a El Independiente. El periodista era consciente de los riesgos que implicaba viajar a su país natal. De hecho, no llevó consigo su teléfono personal, en caso de que se lo requisasen. Pero debía hacer unas gestiones en su natal Tetuán, así que embarcó en un avión rumbo a Tánger con la esperanza de no encontrar muchas complicaciones. No fue así.

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"Cuando llegué se armó la gorda", recuerda. Al pasar por el control de pasaportes, el personal del aeropuerto llamó a un superior. Este hombre le informó de que existían varias órdenes de búsqueda y captura emitidas contra él por las autoridades marroquíes. "Yo pensaba que había dos o tres", comenta. En aquel momento, le informaron de que eran diez las órdenes de arresto.

Tras informarle de que se encontraba bajo arresto, unos policías uniformados le montaron en un furgón, para entregarle a la Policía Judicial de Tánger. Todo este proceso se desarrolló tal como lo indica la ley, subraya Lmrabet. Sin embargo, cuando estaban a punto de llegar a su destino, el vehículo dio media vuelta. "Me dijeron que el jefe de policía del aeropuerto quería verme", asegura. Fue entonces cuando comenzó lo que él califica de "secuestro".

Lmrabet denuncia malos tratos durante su arresto

Una vez de vuelta en el aeropuerto le condujeron a un despacho, donde la persona que se identificó como el jefe de policía del aeropuerto le informó de que ya no estaba bajo arresto. Lmrabet recuerda con incredulidad aquel momento. Tras negarse a devolverle su pasaporte, le condujeron con otro hombre que no se llegó a identificar. "Esto es importante porque en la Constitución de Marruecos hay un artículo que indica que todo ciudadano tiene que saber quién lo arresta y por qué", aclara.

El desconocido lo guio hasta un lugar apartado de la entrada del aeropuerto. Allí lo esperaban siete personas y una furgoneta sin ningún tipo de distintivo. Y el periodista se negó a subir al vehículo si aquellos hombres no se identificaban. "Me agarraron entre varios y grité con todas mis fuerzas 'Ali Lmrabet, periodista', entonces sentí un golpe bajo en el vientre que me impidió respirar y me arrojaron al interior del furgón", detalla rememorando los malos tratos que sufrió en aquel momento.

Fui secuestrado por la estructura oculta del reino de Marruecos

Todavía sin identificarse ni explicarle los motivos de su arresto, le esposaron tan fuerte que comenzó a gritar. Han pasado casi dos semanas desde entonces y Lmrabet muestra su muñeca izquierda: sigue teniendo la marca del grillete. Durante el trayecto entre Tánger y Casablanca -aunque entonces él desconocía su destino- tampoco le permitieron ir al baño; tuvo que aliviarse en una botella de plástico.

Los hombres que le retenían no usaban sus nombres, sino que llamaban hajj (en el islam, aquel que ha peregrinado a La Meca). "Nosotros sabemos que esto es utilizado por los agentes de los servicios secretos, para que los detenidos no sepamos sus auténticos nombres", explica. Aunque no ha podido confirmar quiénes eran esos hombres, tiene claro quién estaba detrás de toda la operación: "Fui secuestrado por la estructura oculta del reino de Marruecos".

"Albares es un funcionario marroquí"

Lmrabet llegó de madrugada a su destino: la Brigada Nacional de Policía Judicial en Casablanca, una unidad de lucha contra la corrupción, el terrorismo y el narcotráfico. No fue hasta ese momento que supo que había recorrido los 350 kilómetros que separan al centro económico marroquí de Tánger. Una vez allí, se le informó de que estaba bajo arresto por comentarios difamatorios e insultantes.

Durante el tiempo que estuvo en prisión, la opinión pública se movilizó para pedir su puesta en libertad. El periodista reside en España desde hace dos décadas; su esposa y sus hijos son españoles. Sin embargo, cuando se le preguntó a José Manuel Albares por la detención de Lmrabet, aseguró no estar al corriente del caso. "Eso es mentira", contesta indignado preguntado por la postura del ministro de Asuntos Exteriores. Se muestra escéptico ante este presunto desconocimiento, cuando toda la prensa española había informado sobre su situación.

Sánchez expulsó a Arancha González Laya del Gobierno porque Marruecos se lo exigió

"Todo el mundo en España sabe que Pedro Sánchez y Albares son títeres de Marruecos", sentencia. Acusa al Gobierno de mantener "discursos grandilocuentes sobre los derechos humanos", mientras calla ante el espionaje marroquí contra ciudadanos españoles. Él mismo ha sido una víctima de Pegasus: según ha podido saber recientemente, su teléfono fue infectado en febrero de 2019.

Compara la postura de Albares, al que define como "un funcionario del Estado marroquí", con la de su predecesora, Arancha González Laya. La exministra fue cesada en julio de 2021, dos meses después de la crisis por la acogida en España de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, para ser tratado de covid. "Sánchez la expulsó del Gobierno porque Marruecos se lo exigió", asegura.

Recuerda que cuando fue detenido por primera vez en 2003, el entonces presidente José María Aznar exigió que las autoridades marroquíes lo liberasen. En esta ocasión, no cree que nadie en el Gobierno haya mediado a su favor. "En absoluto. ¿Cómo van a interceder por mí, cuando han abandonado los saharauis?", se pregunta.

La libertad de prensa, amenazada por un "Estado policial"

Aunque está convencido de que el Ejecutivo de Sánchez no ha acudido en su ayuda, no se muestra tan categórico con Francia. Lmrabet es también ciudadano francés. El mismo día que el periodista fue liberado, el primer ministro galo, Sébastien Lecornu, aterrizaba en Rabat para una visita oficial. "No sé si el Gobierno francés ha intervenido, el español seguro que no", manifiesta.

"Yo lo que sí sé, porque lo he leído, es una extraordinaria solidaridad de mucha gente dentro y fuera de Marruecos", comenta agradecido con las muestras de apoyo que ha recibido. Después de tres días detenido y dos interrogatorios, las autoridades alauís decidieron ponerle en libertad. Ahora, se acuerda desde nuestro país de otros que no han tenido la misma suerte. "Hay un preso político marroquí que se llama Mohamed Ziane que es hijo de española", dice en referencia al exministro marroquí a quien el Gobierno español ha abandonado a su suerte.

Tengo una tarjeta profesional del Colegio de Periodistas de Cataluña, ¿por qué no me ponen una querella en España?

Ali Lmrabet sigue teniendo pendiente un juicio en Marruecos. Se le acusa de publicar contenidos digitales "que contienen comentarios difamatorios e insultantes contra personas e instituciones, y ofensivos hacia organismos regidos por la ley". Aunque asegura que acudirá a la citación una vez se produzca, critica que las autoridades alauís le juzguen en su país, donde le han prohibido ejercer el periodismo.

"Yo ejerzo el periodismo en Barcelona, tengo una tarjeta profesional del Colegio de Periodistas de Cataluña, ¿por qué no me ponen una querella en España?", se pregunta. De hecho, esta era la primera vez que viajaba a su país en seis años. "No puedo ir a un hotel, porque cuando voy ponen micrófonos; tampoco ir a ver a familiares, porque si voy a dormir en sus casas, al día siguiente los convocan a la policía", lamenta.

Denuncia que el reino alauí se ha convertido en un "Estado policial". Todo ello "con el silencio cómplice de Occidente". Aun así, no pierde la esperanza en que la situación se revierta en algún momento. "Yo espero que Marruecos se dé cuenta de que el Mundial está llegando y es malísimo para su imagen dejar en la cárcel a gente inocente", sentencia.