El éxito tecnológico de las pruebas del sistema AIP (Propulsión Independiente de Aire) del submarino S-83 se ha descrito como "un hito tecnológico clave para la industria naval española". Este paso es esencial para que Navantia pelee contratos futuros milmillonarios. El sistema AIP permite al submarino operar de forma independiente accediendo al oxígeno de la atmósfera para proporcionar una autonomía de hasta tres semanas. Además, el sumergible posee un rango de profundidad completo, desde entornos tropicales hasta subárticos.

PUBLICIDAD

El programa S-80 comienza a principios de los 2000 para dotar a la Armada de una nueva generación de submarinos cuando fueron encargados estos cuatro sumergibles no nucleares a la empresa Izar, empresa pública del sector naval resultado de la fusión de Astilleros Españolas con la Empresa Nacional Bazán. Posteriormente, con la segregación de sus activos militares se creó Navantia en 2005. Pero el objetivo pasaba también por crear un tejido industrial naval nacional que arrastrase al sector. Así, el papel estratégico de Navantia hasta hoy, como empresa pública, ha sido el de crear capacidades de defensa y, a su vez, construir industria.

PUBLICIDAD

Sin embargo, ninguna empresa en España disponía de la capacidad ni de la experiencia necesaria para fabricar la pila de combustible o el sistema AIP de generación de hidrógeno a partir de bioetanol. El diseño ya era todo un reto para un país que quería resurgir en la industria naval. Pero en 2012 Navantia informó a la Armada sobre un importante desvío de pesos en el diseño que ponía en riesgo la flotabilidad del submarino. Esto provocó que la capacidad de inmersión del sumergible estuviese comprometida.

El sobrepeso se debió a fallos en el cálculo de desplazamiento y otros componentes, por lo que el Ministerio de Defensa del Gobierno del Partido Popular reconoció públicamente el problema ante el Congreso de los Diputados en mayo de 2013. Con ello, el desarrollo del programa se frenó tal y como estaba planteado y Defensa acudió a la US Navy para que le permitieran a la empresa pública Navantia contar con el apoyo técnico del mayor fabricante mundial de submarinos para su rediseño, General Dynamics Electric Boat.

Una de las principales soluciones fue alargar el caso para aumentar el desplazamiento del submarino y así compensar el peso. De esta manera, el S-81 pasó a ser el S-81 Plus, ya que no se trataba exactamente del submarino que se había concebido originalmente, sino de una nueva versión. Como el diseño estaba siendo modificado, los demás submarinos del programas sufrieron también retrasos en los calendarios acordados entre Gobierno y fabricante. La decisión por orden de la Secretaría de Estado de Defensa de trabajar solo en el S-81 Plus consistía en no volver a emplearse en los demás sumergibles hasta tener el diseño final del submarino plenamente certificado por todas las partes.

Nuevo presupuesto para los submarinos de Navantia

Según informó el Ministerio de Defensa, el submarino pasó a tener una mayor eslora y una mayor capacidad de desplazamiento, pero sin perder la planta AIP, la capacidad de ataque a tierra, la integración de sistemas y una elevada automatización. Con esto, en 2018, el Consejo de Ministros autorizó la modificación del valor relativo a la construcción de los cuatro submarinos S-80 por 1.771 millones de euros "al alterarse las condiciones básicas esenciales del contrato, tanto en lo relativo a las características técnicas de su objeto, como en los plazos de cumplimiento y en el precio".

La modificación presupuestaria obedeció, según el Gobierno, "a razones de interés público como son el interés de la defensa", ya que alcanzaría la "independencia estratégica en un arma esencial", además de impulsar el desarrollo tecnológico e industrial en España de los sistema de propulsión AIP".

Ahora, tras años de retrasos y más esfuerzo económico, Navantia ya encamina la recta final de décadas de trabajo. En este momento, las prioridades de las instalaciones de Cartagena se centran en el S-82 Narciso Monturiol que, con la superación del hito clave de su primera inmersión estática, "demostró la estabilidad y resistencia de su casco".

Y ahora, con el último hito de la compañía con las pruebas del sistema AIP, "permite superar las limitaciones en autonomía de las generaciones anteriores de esta tecnología existentes en el mercado". Des esta manera, "dotará a los submarinos S-80 de la capacidad de permanecer en inmersión durante semanas, frente al par de días habitual en submarinos convencionales equipados únicamente con baterías de plomo-ácido". Con ello, esta nueva capacidad proporcionará una ventaja táctica "sin precedentes a la Armada", ya que incrementa "de forma significativa" su capacidad para mantenerse indetectable y su poder de disuasión. En palabras del presidente de Navantia, Ricardo Domínguez, este avance "consolida la madurez tecnológica del sistema y evidencia la capacidad de la industria nacional para la innovación, abordando desarrollos tecnológicos complejos".