Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía maduraron una estrategia fundamental en Vox que ha conllevado éxitos electorales, desde un crecimiento muy moderado a uno considerable, a la vez que ha abierto de nuevo las puertas a los gobiernos autonómicos del PP. La omnipresencia de Santiago Abascal en las precampañas y las dos semanas antes de los comicios fue fundamental de noviembre del año pasado a este último mes de mayo. Una combinación de visitas y paseos por las principales plazas de ciudades menores y pequeños pueblos, y de grandes mítines vespertinos para movilizar el voto de los descontentos. De votantes de PP y PSOE desencantados con el bipartidismo, pero principalmente de nuevos públicos, de jóvenes sin perspectivas de futuro, y fundamentalmente de abstencionistas cabreados. Un voto claramente de protesta que en otros países como Alemania están levantando a partidos como AfD y no necesariamente con fugas del PP.
Con miles de kilómetros a las espaldas, antes de verano en Vox reconocían la dependencia de la figura de Abascal para una movilización extra, más allá de sus propios candidatos, reducidos a compañeros de cartel, a teloneros en esos actos y subordinados de las directrices del de Amurrio. Desde Óscar Fernández a Manuel Gavira. Y al mismo tiempo, reconocían la dificultad de llegar a todas las provincias, más allá de las principales, con esa estrategia. Derivado de eso, y mientras que el resto de partidos aún trabajan en la preparación del ciclo electoral o, en el caso de Sumar aún están cimentando las siglas y decidiendo programas y candidato, Bambú dio comienzo a esa ruta hace algo más de una semana, con presencia en las cuatro provincias de Cataluña –en Tarragona sufrió un intento de agresión– para amarrar el descontento con la inmigración de votantes de terceros partidos y de abstencionistas, y para reafirmar a los suyos. Sobre todo, en una arena en la que –pese a su componente independentista– Aliança Catalana puede suponer un desestabilizador. Fuentes de Vox ven posible que haya una papeleta de Silvia Orriols para el Congreso.
Otras fuentes próximas al gabinete de Abascal trasladan que la idea es ir intercalando viajes por toda la geografía española semanalmente cuando el calendario del Congreso u otros compromisos lo permitan. Aunque la aspiración es acudir a todas las provincias, se tendrán muy en cuenta las posibilidades electorales, aquellos feudos donde puede haber un incremento seguro de votantes. De cara a las elecciones anteriores, y sin pensar que habría elecciones generales anticipadas, Abascal centró su itinerario de municipales y autonómicas entre marzo y mayo por 17 provincias españolas: Tenerife, Las Palmas, Cantabria, A Coruña, Teruel, Álava, Barcelona, Navarra, La Rioja, Cáceres, Guadalajara, Ciudad Real, Albacete, Zaragoza, Alicante, Sevilla y Toledo. Enclaves urbanos generalmente, donde el bipartidismo en casi todos es fuerte, donde abunda la inmigración especialmente en zonas de costa y grandes capitales, pero también en algunos entornos rurales donde el descontento es importante.
Ya dentro de precampaña y campaña de generales se volvió a repetir la mayoría de esos feudos con novedades como Asturias, Ávila, León, Burgos, Ceuta, Almería, Tarragona, Valladolid, Badajoz, Málaga, Valencia, Baleares y Murcia, ya con un planteamiento claramente urbano, con repeticiones en grandes metrópolis de Barcelona y un par de eventos en Madrid incluido el cierre de la Plaza de Colón. El objetivo ahora es ir más allá de esa treintena de provincias abordadas. Si para ello se emplearon cinco meses en total, el lanzamiento desde este mes de septiembre deja por delante ocho meses para municipales y las elecciones autonómicas pendientes, y unos diez meses para las generales, aproximadamente. La crisis de Ceuta ha roto el guion del PSOE e internamente ya se ve posible una convocatoria en julio, agotando al completo el mandato a la espera de una recuperación electoral y de que la izquierda alternativa tenga una propuesta fuerte.
En previsión de que esa crisis siga teniendo una importante presencia en agenda, Vox azuzará el eje migratorio para competir contra el modelo de la izquierda. "Nos jugamos nuestra libertad frente a la invasión y frente a la islamización", declaró en el cierre de Barcelona hace dos viernes. Esa apuesta discursiva se da al mismo tiempo que el PP endurece su discurso en ese sentido, con promesas como una reforma legislativa para afinar la concesión de la nacionalidad e incluir criterios para su retirada en el caso de inmigrantes que delincan con gravedad. La reducción de liderazgos de peso hacen de ese objetivo una apuesta maratoniana. Una de las excepciones de la semana pasada fue la visita de Ignacio Garriga, el otro pilar más visible de Vox en Cataluña y el resto de España a Ceuta casi mes y medio después de la visita de Abascal. La manifestación de este sábado 25 de septiembre en Madrid supuso una pausa en ese plan de mítines y actos públicos. No se contempla un viaje próximo a la ciudad autónoma por parte del dirigente.
Dentro de Vox hay quien apunta a que lo prioritario es que el mensaje llegue al electorado, sea por parte de Abascal o por los equipos provinciales con los que el partido cuenta. Creen que la presencia del político es importante, pero que la persona que quiere apostar por Vox lo hace "por sus ideas". Desde la perspectiva de la ciencia política se habla desde Extremadura de Abascal como un "hiperliderazgo" que para Vox es ahora su mayor activo, mientras que, en cualquier momento, puede convertirse en su mayor hándicap, aunque es algo que se aleja a la espera de que el partido toque Gobierno de coalición con Alberto Núñez Feijóo, un escenario que detectan todos los sondeos privados. El balance final tras el ciclo permitirá comprobar si una mayor o menor intensidad de campaña beneficia o perjudica a la formación.
Hay una comparativa aplastante que refleja que hay una clara dependencia o que, a diferencia de otros líderes que reparten el peso político, Abascal prioriza la calle. Son al menos 180 visitas, paseos, intervenciones o declaraciones las protagonizadas en las cuatro últimas elecciones. Unos 50 por parte de Feijóo y unos 12 de Sánchez en el mismo contexto.
Elección clave de provincias para asegurar un resultado
Vox cuenta con métricas internas sobre las posibilidades electorales. Con material propio pero con la colaboración externa que le permite contar con estudios gruesos que para un particular supondría periódicamente el desembolso de 40.000 o 50.000 euros. La presencia de Abascal será medida en esos enclaves de costa donde ha crecido la inmigración, en la mediterránea más allá de Cataluña. En las zonas urbanas de Andalucía para competir con el PP, pero también en las rurales para intentar azuzar, al igual que en Extremadura, el desplazamiento de votantes socialistas. Se espera un gran resultado en Castilla y León o Castilla-La Mancha, con un perfil de votante conservador.
Ahora bien, esos análisis de Bambú, aseguran fuentes nacionales, demuestran que hay un crecimiento más moderado de lo que indican el total de los sondeos, que ven al partido rozando en el mejor de los casos los 19 puntos y superando los 65 escaños. Los de Abascal ven un resultado más parecido al de las generales de noviembre de 2019, creen que la ausencia de una izquierda alternativa fuerte puede beneficiarles en el reparto de esos escaños que siempre disputan el tercer y cuarto partido. Y al mismo tiempo, conseguir que un plus pequeño de electores supongan ese escaño que se perdió hacia el PSOE o sus socios en 2023, por las transferencias de votantes al PP al llamar Feijóo al voto útil.
Como reivindicó Abascal en Barcelona y como viene haciendo el partido para que la derecha no se relaje, creen que nada está asegurado, ni siquiera una mayoría absoluta conjunta con el PP. De hecho, creen que es preocupante que los populares apenas crezcan en el peor periodo para Sánchez por Ceuta, con un margen de 140 o menos, frente a los 137 diputados cosechados por los populares en la última convocatoria.
La importancia del desequilibrio en implantación territorial
El reto territorial de Vox cambia según el tipo de elección. En unas generales, el partido necesita convertir el liderazgo nacional de Abascal en votos en las 50 provincias. En las autonómicas, el desafío pasa por disponer de referentes propios y reconocibles en cada comunidad, mientras que en las municipales la exigencia se multiplica: ya no basta con contar con un líder nacional o autonómico, sino que es necesario disponer de estructuras locales capaces de competir municipio a municipio. Y eso todavía no es factible en algunas provincias, sobre todo a mayor distanciamiento urbano y más proximidad con lo rural, donde PP y PSOE siguen fuertes. Al menos la dependencia de Abascal en lo general y autonómico supondrá un desgaste muy importante en lo físico.
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