En Euskadi la gran batalla del 29-N no será por el Gobierno de España. En la cita se disputará más bien la hegemonía política en el País Vasco y el liderazgo en el nacionalismo. La incógnita del pulso electoral no se moverá en la misma clave que en el resto del país: ‘Pedro Sánchez sí, Pedro Sánchez no’. En Euskadi, el resultado está bastante claro: las urnas se decantarán por un rotundo sí. Al menos así lo corroboran las encuestas: 16 de los 18 diputados que se repartirán en Bizkaia, Gipuzkoa y Alava irán a formaciones que han apoyado al gobierno Sánchez.

PUBLICIDAD

El gran desvelo la noche electoral será quién se ha impuesto en la ‘guerra del nacionalismo’ que libran PNV y EH Bildu. Hace tres años y medio se decantó, por apenas un puñado de votos, en favor del partido que lidera Aitor Esteban. Esta vez todo apunta a que pueda ser diferente, a que los de Arnaldo Otegi ganen las elecciones en el País Vasco con cierta holgura y en territorios hasta ahora copados por el PNV.

Esta legislatura ambos han navegado en el mismo barco, en la misma ‘txalupa’ de respaldo al Gobierno del PSOE. Lo ha hecho sin fisuras en el apoyo ni apenas críticas a su gestión. Al PNV se le han escuchado leves reproches en público, pero con su respaldo inamovible. A EH Bildu, ni siquiera eso. La coalición de la izquierda abertzale se ha comportado como el aliado más fiel y silencioso del presidente español.

Bildu ganará las elecciones en Euskadi... según el 'Sociómetro'

El ‘equipo común’ en el que han convivido las dos formaciones abertzales en Madrid ha contrastado con la batalla constante que han librado a 450 kilómetros de allí. En Euskadi, PNV y EH Bildu se juegan algo más que el favor del presidente de Gobierno. Los de Esteban saben que no atraviesan por su mejor momento, que las últimas citas electorales las han cerrado con hasta 100.000 votos menos. También que el aliento de la izquierda abertzale –tras absorber el voto de Podemos- está cerca de pasar de su cogote a su cara.

Otegi toca el ‘sorpasso’ con los dedos. El último ‘Sociómetro’ vasco predecía que EH Bildu obtendría 7 escaños en Euskadi, dos más que ahora. A él, se podría sumar uno más por Navarra. En ese escenario, los 4 diputados –uno menos que ahora- que otorga al PNV esta encuesta, le dejarían no sólo sin grupo parlamentario propio sino con la mitad de representación que la coalición abertzale: 8 contra 4. Sería el peor resultado en unas elecciones generales del PNV en su historia y el mejor jamás logrado por EH Bildu en la Cámara Alta.

En un escenario de gobierno PP-Vox con mayoría absoluta, ambos resultados quedarían prácticamente anulados en su impacto: por primera vez, el nacionalismo vasco podría ser completamente intrascendente en el devenir de la política española y atravesar una legislatura sin capacidad de influencia ni de rédito político.

Pérdida de votos en el PNV, remontada en Bildu

A medida que se acercan los comicios, el PNV no ha dudado en recuperar el argumento del apoyo a ETA. En otro tiempo, los de Esteban evitaban ‘resucitar’ con frecuencia este reproche contra el pasado de Bildu. Ahora, cuando el miedo a perder el liderazgo electoral en Euskadi se acentúa, Sabin Etxea lo ha enarbolado con insistencia. Lo hizo tras las pintadas aparecidas contra su consejero de Seguridad, tras los graves incidentes sucedidos en Bilbao -en los que se escucharon gritos de apoyo a ETA- o con la negativa de Bildu a “condenar” estos hechos.

El último episodio de confrontación ha resucitado el pasado del cuartel de Intxaurrondo. La información de que varios ayuntamientos de EH Bildu envían a sus agentes a formarse con la Guardia Civil ha vuelto a enfrentar a ambos partidos. Incluso las juventudes del PNV se encargaron de escenificarlo en redes con una imagen de Otegi y Mertxe Aizurua vestidos de guardias civiles: “De nuevo en manos de la Guardia Civil”.   

En las elecciones generales de 2019 el PNV obtuvo 379.000 votos. Sólo cuatro años después el respaldó cayo a poco más de 277.000. En EH Bildu la evolución ha sido la inversa: de 153.000 votos en 2016 a 276.000 en 2023. Mientras los jeltzales ven cómo una parte de su electorado se ha abonado a la abstención en este periodo de apoyo a Sánchez, EH Bildu no ha sufrido desgaste alguno. Más aún, ha logrado absorber el voto nada despreciable que en otro tiempo acaparó Podemos en Euskadi.

Electorado envejecido, votantes jóvenes

En este ‘combate’ por el apoyo abertzale, el PNV también ha visto cómo su aceptación entre los más jóvenes decae. Su electorado envejece sin un relevo generacional de adeptos. En EH Bildu, en cambio, sus afines del pasado no le han abandonado y las nuevas generaciones han visto en ella una formación progresista, de izquierdas y abertzale de la que no recuerdan su pasado de apoyo a la violencia de ETA. El ‘blanqueamiento’ institucional que Bildu ha buscado también en su gestión autonómica y municipal parece haber arrinconado décadas de apoyo al terrorismo.  

En este nuevo contexto que se abrió tras medio siglo de violencia, el más que centenario PNV se ha desviado hacia posiciones socialdemócratas que la parte socialcristiana de sus votantes no han compartido. El otro agente abertzale, EH Bildu, ha logrado virar su posición hacia un partido social, cada vez más alejado de un discurso independentista y rupturista con el Estado. “Ha habido un desplazamiento del discurso y de su posición. Ahora EH Bildu juega en una lógica más institucional, más socialdemócrata clásica. Eso le ha permitido ocupar posiciones y espacio que hasta entonces sólo ocupaba el PNV. En cambio, el PNV no ha sabido adaptarse al nuevo tiempo, ha hecho renovación de caras, pero de discurso. Está algo desnortado”, asegura Félix Arrieta, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Deusto.

Arrieta ve “algo perdido” al PNV en ese discurso “progresista en lo social, liberal en lo económico”: “El espacio socialdemócrata ahora lo ha ocupado Bildu. El PNV debería ocupar un espacio más vinculado a una lógica cristianodemócrata, más conservadora, que es lo que siempre ha sido el PNV. En eso le han condicionado los acuerdos de Madrid. Ha dejado relegado el espacio más central hacia la derecha y que debe saber movilizar de nuevo”, señala.

"Hay un debilitamiento de las señas de identidad del PNV"

Esa dificultad para adaptarse al nuevo tiempo y espacio en el seno de Sabin Etxea también la percibe el doctor en Sociología por la Universidad del País Vasco (EHU), Imanol Zubero. Considera que lo que está sucediendo en Euskadi es “una tormenta perfecta para Bildu y una catástrofe para el PNV”. La desaparición de ETA, el desconocimiento del pasado de las nuevas generaciones y la fagocitación del espacio de Podemos han permitido a Bildu ampliar su espacio: “En cambio, el PNV no está sabiendo hacer esta transformación. Hay un debilitamiento de sus señas de identidad. Históricamente era el partido que interlocutaba con Madrid, “pero ahora Bildu le compite esa función”. Zubero recuerda que mucha gente votaba al PNV por su poder de influencia, “y eso se ha ido agotando”: “Los incentivos para ser del PNV se han ido agotando”.

Para el doctor en Ciencias Políticas de la UPV, Rafael Leonisio, el problema en esta batalla por liderar el nacionalismo es que “el PNV se ha quedado en tierra de nadie”. Considera que Bildu ha logrado completar su “blanqueamiento” pero en cambio los jeltzales se han “asociado demasiado con Sánchez y en ese escenario hay quien puede pensar que votar al PNV es como votar a Sánchez”.

Leonisio recuerda que de los 18 escaños que se repartirán el 29-N en el País Vasco apenas 2 podrán ir a formaciones que hoy simbolizan la oposición. Sánchez no está desgastado en Euskadi como lo hace en el resto del país, subraya, “Euskadi es uno de los baluartes de Pedro Sánchez, un baluarte de la mayoría de investidura”.

¿Una legislatura en blanco para el nacionalismo vasco?

En este contexto, todos los expertos aseguran que las cuestiones más identitarias tendrán mucho menor peso. “Temas como el euskera, el estatus o la independencia ya no dan tantos votos. La agenda ha virado hacia temas sociales. Es una consecuencia del final de la violencia. Quizá cambie con un gobierno PP-Vox y la confrontación por el autogobierno o el euskera reaparezcan. Pero por ahora, no lo hace”, señala Arrieta.

El profesor de la Universidade Deusto no oculta que tanto PNV como Bildu podrían enfrentarse a una legislatura en blanco, en la oposición, y sin capacidad de influencia si los pronósticos se cumplen: “El PNV se cierra a colaborar con Vox, no con el PP. No puede hacer otra cosa. Su electorado no entendería que participara en un acuerdo que implique a Vox. Sería un suicidio. Lo mejor que le podría pasar es un buen resultado del PP que le permitiese gobernar con PNV y Junts, pero es complicado que suceda”.

Además de la crisis externa, el PNV atraviesa una fractura interna. Al complicado proceso por la presidencia del partido que enfrentó a Andoni Ortuzar y Esteban y que dejó divididas las bases, en Sabin Etxea hace tiempo que iniciaron un confuso proceso de renovación. La apuesta por perfiles más jóvenes y desconocidos ha sido una constante. Primero fue el relevo inesperado de Urkullu por Imanol Pradales.

El primer test para Aitor Esteban al frente del PNV

Después llegó el anuncio de un candidato desconocido para relevar al alcalde de Bilbao, Mikel Hidalgo por Juan María Aburto. El último episodio se ha producido en la batalla por la candidatura de la Diputación de Bizkaia. Una designación que ha aflorado un pulso de ‘familias’ dentro del partido: una candidata afín a Esteban, la actual diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, y la elegida por la dirección vizcaína del PNV de la era Ortuzar, Ibone Bengoetxea. El proceso interno lo ha ganado Bengoetxea.

Zubero ve complicado que el PNV pueda hoy movilizar a esa parte de su electorado que ha dejado de confiar en él y que duerme en la abstención. “Si sólo ofreces continuidad respecto a lo que has hecho, es complicado. El voto para toda la vida de hace unos años ya no existe”. Ni siquiera el perfil de buen gestor le permite al PNV presentar una baza concluyente: “Ahora Bildu ha optado por no hacer locuras. Donde ha gobernado ha procurado hacer mejor las cosas, ni  siquiera ha puesto ikurriñas más grandes. La imagen que muchos tienen de Bildu es la de Oscar Matute, un Bildu social”.

En su opinión, los de Esteban deberían pensar muy bien cuál será su posición en este cambio de ciclo generacional: “Pero el cambio también es de conversación pública y de lealtades y ahí el PNV debe pensar muy bien qué papel quiere jugar. Podría pasarle como a otros grandes partidos, como el partido socialista en Francia o la democracia cristiana en Italia. También el PNV parecía una estructura intocable y ahora vemos que no lo es”.

Rafael Leonisio apunta a que probablemente PNV y EH Bildu “se queden un mandato en blanco”: “Este será el primer gran test de Aitor Esteban como presidente del PNV. Estrenarse con un batacazo puede ser duro. Luego vienen las municipales y forales, que esas son más importantes para ellos. Y más adelante las autonómicas. Pero ahí depende del PSE para conformar mayorías”.