Es sin duda el aliado más fiel que le queda a Pedro Sánchez. En la tormenta de procesos judiciales y casos de presunta corrupción que abruman al Gobierno y al PSOE, EH Bildu ha decidido bajar la voz. Es el socio que menos reproches ha vertido, el que más silencio ha guardado y quien se ha mantenido más próximo al Ejecutivo. A Arnaldo Otegi se le escucha tratar con moderación, comprensión y cuidado al presidente del Gobierno, “al señor Sánchez”, como suele referirse al líder del PSOE.
Al contrario que el resto de socios, de boca de sus dirigentes no se han escuchado ni rupturas ni peticiones de adelantamiento electoral ni de dar por agotada la legislatura. Tampoco exigencias contundentes en los presuntos casos de corrupción, ni en los primeros escándalos ni en el más reciente de las joyas de Rodríguez Zapatero. Todo se ha limitado a una comedida petición genérica de explicaciones y aclaraciones sobre las sospechas afloradas.
Hace meses que la izquierda abertzale que lidera Arnaldo Otegi decidió no entrar al combate de los casos. Ha optado por encuadrarlo todo dentro de una teoría ajena al PSOE y el Gobierno: las investigaciones en marcha responden a una ‘operación política’ para derrotar al Ejecutivo y al partido de Pedro Sánchez. “Esto no va de corrupción”, repite Otegi en las últimas semanas. La posición de su coalición llega a ser incluso más contundente que muchas de las defensas que hacen algunos de los representantes socialistas de sí mismos: “Es una operación política que aprovecha una ventana de oportunidad para destruir a unas personas y unas siglas”.
"No ha cambiado nada, nuestro apoyo sigue siendo el que era"
Bildu sigue fiel. Ahora incluso se ha mostrado dispuesta a negociar unos presupuestos generales con los que poder agotar la legislatura. Ni siquiera el caso Zapatero y el escándalo de las joyas le ha hecho alzar la voz o elevar la exigencia: “No ha cambiado nada para que nuestro apoyo siga siendo el que es”, ha llegado a afirmar su portavoz, Mertxe Aizpurua.
La teoría que Bildu defiende es que detrás existe una operación para atacar a un gobierno por haber hecho “cosas peligrosas”, ha llegado a asegurar Otegi en tono irónico. Con ellas se refiere a la decisión del Ejecutivo de haber pactado con formaciones independentistas, por defender la “plurinacionalidad, por pactar con Puigdemont, por aprobar la amnistía de los dirigentes del ‘procés’ o por haberse entendido con Bildu.
Bildu habla directamente de lawfare. Afirma que ellos lo han sufrido en primera persona durante mucho tiempo y que ahora “el régimen del 78” sigue aplicándolo: “El objetivo de esta operación política, de este impulso político es cerrar la oportunidad abierta y para eso necesitan destruir a este PSOE y que venga el PSOE de la Transición de gente muy conocida como González o Page”, ha afirmado recientemente Otegi. El líder de la izquierda abertzale llega a asegurar que el proceso abierto contra Santos Cerdán, si bien puede responder a un caso de corrupción, “a nadie se le escapa que era el interlocutor principal de la izquierda independentista y de Puigdemont”: “Todo el que tiene relación con la izquierda independentista vasca o catalana va entrando en los sumarios…”.
Presos de ETA, 'blanqueamiento', Ley de Memoria Democrática
En público, las críticas son prácticamente inexistentes más allá de apelaciones a que se esclarezca lo sucedido en los procesos en marcha. Por ahora, Bildu se ha limitado a proclamar que su línea roja la sitúa en la posible financiación irregular que se pudiera demostrar, “pero por ahora la sensación es que no se ha sustentado nada de eso”. La izquierda abertzale es mucho más vehemente contra quienes, incluso entre los que conforman el grupo de socios de Sánchez, apelan a la necesidad de adelantar elecciones. Insisten en que eso supondría “abrir la puerta” a la extrema derecha. En su opinión, lo que está sucediendo no es sólo una mancha del PSOE: “La corrupción en el Estado español es consustancial al régimen”, apunta.
En EH Bildu saben que caminar junto a Sánchez les ha ido bien. No en vano, le deben muchos de los avances que para su base sociológica han logrado. También para la consolidación de su marca. Oficialmente, nunca ha trascendido el contenido del acuerdo que el PSOE y Bildu suscribieron para apoyar a Sánchez. Ni un documento, ni una declaración. Pero los hechos lo han dejado en evidencia.
En los ocho años de gobierno de Pedro Sánchez no ha trascendido ni una sola imagen de Otegi junto a Sánchez. Pero sí de sus portavoces en Madrid. Una sintonía que han revalidado de modo reiterado en Bildu respaldando una y otra vez las iniciativas del Ejecutivo y anestesiando siempre sus reproches por los numerosos procesos judiciales en marcha.
Es su modo de corresponder. En estos años junto a Sánchez, Bildu ha logrado su gran objetivo: reconducir la situación de los presos de ETA. Primero acabando con la política de dispersión, favoreciendo su acercamiento a cárceles vascas, y después, cediendo a Euskadi la gestión de las prisiones. Una modificación que ha acelerado la concesión por parte del Gobierno vasco de la puesta en semilibertad –bien a través del artículo 100.2 o de progresiones de grado– de una buena parte de los presos de la banda terrorista. La izquierda abertzale ha logrado incluso que la Ley de Memoria Democrática ampliara su ciclo de aplicación para poder investigar la guerra sucia contra ETA de los GAL. También que la Ley de Seguridad Ciudadana redujera o incluso anulara en algunos casos la sanción por insultos o desobediencia a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
Pamplona y Navarra, parte del acuerdo
En estos años, Bildu también ha visto cómo su entendimiento con el PSOE le reportaba réditos en Navarra. Allí, desde la oposición, la izquierda abertzale se ha convertido también en ‘muleta’ estable del Gobierno de María Chivite. Tampoco en la Comunidad Foral, origen de los primeros escándalos de los casos de presunta corrupción que salpicaron a Santos Cerdán, Koldo García o a Antxon Alonso en torno a Servinabar, supusieron impedimento ni reproches severos. Bildu logró pactar el apoyo a Chivite a cambio de la alcaldía de Pamplona. Otegi ha llegado a reconocer que mantuvo encuentros con Antxon dentro del marco de cooperación entre el PSN y Bildu.
Una sintonía que contrasta con la frialdad, cuando no enfrentamiento, que Bildu mantiene con el PSE de Eneko Andueza. El socialismo vasco mantiene una vieja alianza con el PNV y en ese contexto Bildu se convierte en una alternativa de oposición en Euskadi que le está reportando los mejores resultados desde su fundación. La izquierda abertzale ha logrado elevar su respaldo social tras el proceso de institucionalización y ‘blanqueamiento’ completado en estos años de la mano del PSOE de Pedro Sánchez.
Desgaste del PNV y el freno al bloque de PP y Vox
El apoyo a Sánchez, ni siquiera en este contexto de investigaciones y presuntos casos de corrupción, parece pasarle factura a los de Otegi. En cambio, el PNV sabe que su electorado es más crítico con ese apoyo a los socialistas y el resto de formaciones de izquierda. Más aún en las actuales circunstancias. El desgaste lo ha sufrido la formación de Aitor Esteban en las urnas con un volumen de abstención disparado entre sus bases. En las últimas dos convocatorias electorales perdió casi 100.000 votos.
Bildu no tiene motivos de queja ni gran incomodidad con Sánchez, su gobierno y su partido: ha logrado completar sus objetivos prioritarios –presos y normalización y blanqueamiento–, desgasta a su adversario en Euskadi –PNV– y le está reportando los mejores resultados de su historia. Si a ello suma que la máxima de frenar “al bloque reaccionario de PP y Vox” justifica, por encima de todo, cualquier escenario por incómodo que sea, la ecuación le sale a cuenta (o le sale rentable).
Por eso busca que la legislatura pueda prolongarse lo máximo posible. La que está por llegar no se augura tan productiva para Bildu. En estos meses de escándalos, los dirigentes abertzales han contribuido en la labor de desacreditar los procesos en marcha. Han insistido en que ni la UCO, ni la Guardia Civil ni los tribunales como la Audiencia Nacional son de fiar. Otegi suele subrayarlo señalando que “en Euskal Herria lo sabemos muy bien” y rememorando casos abiertos contra la izquierda abertzale años atrás. Ahora el objeto de los ataques sería un gobierno que se ha apoyado en “las izquierdas plurinacionales del Estado, y eso es lo que hay que destruir”: “Lo que añoran algunos es el viejo bipartidismo”.
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