La sanidad catalana ha practicado 60 eutanasias en el primer año de aplicación de la Ley catalana de muerte asistida. Desde la entrada en vigor de la legislación se han recibido 137 peticiones. Un número que «probablemente crecerá» en los próximos años, ha reconocido el consejero de Salud, Josep Maria Argimon, en la medida en que esta opción cuaje culturalmente.

Tanto Argimon como el responsable de garantías del Departamento, el doctor Albert Tuca, han «valorado positivamente» el primer año de aplicación de la Ley de eutanasia. En estos doce meses ha habido 137 solicitudes, de las que se han denegado 8. Cinco personas han revocado su decisión y se han aplazado -por decisión de los solicitantes- otras 4.

Además, 5 peticiones están ya aprobadas pero pendientes de ejecutar y en 9 ocasiones los solicitantes murieron antes de completar el proceso. Un proceso «muy garantista» han destacado sus responsables, que dura una media de 47 días para garantizar el proceso de reflexión del solicitante.

Mayoría de solicitudes en el CAP

En cuanto la vía de acceso a la eutanasia, la gran mayoría de las solicitudes se han producido a través de la atención primaria (81) aunque muchas de ellas se ejecutaron después en centros hospitalarios, ha explicado Tuca.

El solicitante puede escoger si hace en su domicilio o en un centro hospitalario independientemente de nivel asistencial de la solicitud, ha explicado. De hecho, ha añadido, «la mayoría lo pide en el CAP pero prefiere morir en un hospital, se ha podido organizar gracias a la colaboración entre los niveles de atención».

En sentido contrario, solicitantes que han cursado la petición en el hospital han pedido morir en su domicilio. El domicilio ha sido la opción escogida por 33 pacientes, frente a 20 que murieron en hospitales, 5 en centros de atención intermedios y 2 en residencias.

Defensa del proceso

En este contexto, Argimon y Tuca han defendido la duración del proceso, en el que intervienen «al menos» tres médicos y un jurista, además de asistentes sociales y otros profesionales sanitarios.

«Es un procedimiento complejo en plazos herméticos que no puedes saltarte» ha relatado Tuca. «Es largo» pero «se ha diseñado así para darle garantías. El rigor en evaluación, la validación, el registro documental y la verificación de la comisión de garantías permite garantizar que la decisión sea madurada».

De este modo, ha añadido, «se da seguridad al solicitante y a los profesionales» que participan en el proceso.

Eutanasia y muerte digna

En este contexto, Tuca ha reconocido la «preocupación» por el número de fallecidos antes de que se completara el proceso. Pero ha asegurado que «todos han muerto acompañados, con síntomas controlados y el centro que querían, pero en procedimiento diferente al de la eutanasia».

La eutanasia «no es un procedimiento para personas en estado avanzado hacia final de vida» ha advertido Argimon. «En estos casos existe un procedimiento que busca la muerte digna, es un proceso diferente».

Cataluña, ha añadido, «tiene una larga tradición de curas paliativas. Cuando explicas diferencia entre eutanasia y final de vida ellos apuestan por el final de vida digno» con curas paliativas.