El Ayuntamiento de Barcelona tiene censada una colonia de 85.000 palomas en la capital catalana. Una población que amenaza con seguir creciendo, pese a la presión de las gaviotas, que ya alcanzan los barrios de montaña de la ciudad. Por eso, el gobierno local ha decidido tomar cartas en el asunto en forma de aves rapaces: halcones y águilas que volarán, de momento, en el entorno del Camp Nou, para evitar la proliferación de más palomas.

Se trata de una prueba piloto que el Ayuntamiento ha puesto en marcha este mes y que forma parte de un plan integral más amplio, cuyo primer punto no son las rapaces, sino los propios vecinos de la ciudad condal. Porque además de apostar por la cetrería, el gobierno local ha decidido empezar a multar a quienes alimenten a las aves endémicas de la ciudad, además de poner en marcha una campaña informativa para evitar la "alimentación involuntaria" de las palomas.

La prueba piloto ha arrancado en el entorno del Camp Nou y los jardines de la Maternitat, un hábitat propicio para la cría de palomas. El objetivo es impedir nuevos asentamientos de palomas. Estas aves son animales fieles al espacio que conocen y en los que se encuentran cómodos, donde tiene acceso a comida y pueden descansar y criar.

Actuación intensiva

Para evitar que proliferen nuevos asentamientos de palomas, un técnico municipal visita estos espacios, en los que hará volar aves rapaces para disgregar los grupos de palomas. Durante las dos primeras semanas se harán actuaciones diarias de ocho horas. La segunda fase, a partir de abril, se reducirán los vuelos a tres días por semana, durante un periodo de varios meses en el que los técnicos municipales evaluarán los resultados.

El objetivo no es la caza, sino evitar la procreación, advierten desde el consistorio. Los técnicos responsables de las rapaces harán además una recopilación de datos de las palomas, características de los grupos, presencia de abrevaderos, alimentadores o espacios de descanso.


Los expertos destacan que las palomas son animales fieles a los espacios que conocen y, por tanto, para abordar la concentración de palomas en un área determinada hay que incidir en tres ámbitos: reducir el alimento, la reproducción y las estructuras que facilitan su anidación.

350 "alimentadores activos" en la ciudad

En el primer aspecto, el objetivo es reducir o eliminar el alimento antropogénico. Esto es, el que les proporcionan las personas, voluntaria o involuntariamente. El alimento abundante supone más número de crías y un aumento de la población por encima de lo recomendado para evitar problemas de salud pública. En este contexto, los servicios del distrito ya se han dirigido a las personas que suelen alimentar a las palomas, aseguran desde el consistorio.

Se dirigen a los "grandes alimentadores", personas que dan más de dos kilogramos de comida al día a las palomas. El Ayuntamiento ha detectado 350 alimentadores activos en la ciudad. Pero advierten que la principal fuente de alimentos son los "alimentadores pasivos", aquellos que abandonan comida rápida o para llevar en la calle, mayoritariamente turistas.

El segundo flanco de esta campaña es reducir la fertilidad de las palomas, algo en lo que se trabaja desde hace más de un lustro. En 2017 Barcelona inició un tratamiento con nicarbazina, un pienso anticonceptivo que no ha sido suficiente, constatan desde el gobierno local.

Por ello ahora abogan por medidas suplementarias, como la reducción de alimento disponible y limitar los espacios de nidificación. Así, el Ayuntamiento trabaja también para limitar, reducir y eliminar las estructuras que facilitan el reposo y nidificación de las palomas.