Los cambios políticos van de la mano de los socioculturales y demográficos. Siempre han requerido de tiempo, pero en la era de la inmediatez, cualquier pequeña semilla puede terminar germinando en el corto plazo. Algo parecido ocurre ahora en Cataluña, tras años de desgaste político y social a cuenta del procés, y una posterior disminución de la tensión, la cuestión migratoria se ha convertido en uno de los principales elementos de movilización de la política catalana en los últimos años. Del plano municipal al autonómico. Si bien Vox ha encontrado en ello carburante, su nacionalismo español no le permite abrirse a un perfil más catalanista, y es Aliança Catalana la que puede disputar ese partido, con un alma íntegramente secesionista pero con ese componente antiinmigratorio duro.

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Las sucesivas encuestas publicadas, como la de esta semana por parte de Sigma Dos dan cuenta del crecimiento exponencial de la marca fundada por Sílvia Orriols en 2020, cabeza visible de la formación y hoy una de sus dos únicos diputados autonómicos en el Parlament. De celebrarse ahora elecciones a la Generalitat, aspiraría a ser segunda fuerza tras el PSC y en competencia directa con Junts. Los socialistas lograrían 33-35 diputados (23,9%), Junts entre 20 y 24 (14,2%) y AC de 19 a 22 (13,9%). Superaría en votos a ERC (13,2%), aunque empatarían en representantes. Esos resultados hacen ingobernable la región dados los vetos cruzados a derechas e izquierdas, entre independentistas y nacionalistas españoles. La actual alianza de izquierdas entre PSC, ERC y comunes, no suma. Solo una improbable entre PSC, Junts y AC. Pero hay un cordón sanitario establecido y no existe voluntad ni interés en ello.

Esa estimación supone un crecimiento del 265% en votos de las siglas ultras respecto a su 3,78% conseguido en urnas en mayo de 2024. Todo, en plena oleada de propuestas antiinmigración, antiislámicas concretamente, sacudiendo Europa, y en algunos casos más allá de los partidos nacionalpopulistas que ya están rodados en los sistemas de partidos. Los disturbios xenófobos recientes en Belfast (Irlanda del Norte), son un ejemplo, con participación de redes identitarias de activistas, el Partido de la Libertad Británico y uno de sus principales referentes, Tommy Robinson.

La encuesta no refleja, en todo caso, el trasvase de votos y cómo se nutre para ese crecimiento último. Pero hay mediciones previas que permiten arrojar algo de luz. A simple vista se observan dos dinámicas: un claro trasvase de votos de Junts a AC, que merma sus 35 diputados actuales. Por otro lado, una movilización del voto protesta y del abstencionismo, a la vez que el PSC pierde capas hacia la desmovilización. Según el último CEO catalán, por ejemplo, con cifras de escaños próximas a las previstas en Sigma Dos, aunque más favorables para Illa, señala que hasta un 21% de los votantes de Carles Puigdemont apostarían ahora por Orriols. Arrastraría a su papeleta a uno de cada diez votantes de Ignacio Garriga y Vox, también a "otros votantes" en el mismo grado, y, con menor capacidad, al 5% de los del PP, el 7% de ERC y el 2% de la CUP.

Muestra transversalidad pese a sus posiciones extremas y esa es una de las claves del éxito y que brinda a los partidos ultras la capacidad de influir políticamente o quedarse en nicho limitado. De hecho, el CEO indica que el votante medio de AC se autoubica ideológicamente en un 5,8 sobre diez en un eje izquierda-derecha. Por debajo del 6,1 del PP y del 7,2 de los de Vox. Ligeramente al centroderecha. Dentro, el 62% se identifica como independentista, el 32% no y un 6% rehúye el asunto. Lo que hay de fondo es una desbandada de parte de la base electoral de las derechas clásicas española y, especialmente catalana, ante una crisis de identidad. Por un lado, no se ve a Junts lo suficientemente duro con la cuestión migratoria. Pero tampoco se le atribuyen avances notables en estos años en los que ha podido condicionar el Gobierno nacional de Pedro Sánchez.

Hay un voto protesta de fondo potenciado, entre otros factores, por la novedad y lo contundente de las posiciones. Principalmente, se adhieren independentistas frustrados con la etapa de negociación con Madrid abierta en estos últimos años sin beligerancia, se enganchan también a electores de ERC y la CUP, aunque en menor medida. Igualmente hay una preocupación de base que excede el plano ideológico, y es que todas las encuestas de opinión hace hincapié en que la segunda preocupación social de los catalanes tras el acceso a la vivienda es la inmigración –así lo indica el CEO–. Hay una serie de elementos que predisponen el apoyo a una fuerza marcada por el nativismo catalán, el autoritariasmo y el discurso abiertamente populista.

El arrinconamiento del debate 'independencia sí o no' da alas a AC sobre las derechas clásicas. Su apuesta por la diversidad sexual, el feminismo y el independentismo le permite prosperar más fácil que a Vox

Dan más fuerza las dos siguientes, al mismo nivel: inseguridad ciudadana e insatisfacción con la política. Lo que genera un ambiente propicio para ese voto novedoso, radical en el 'problema' denunciado y que representa una nueva forma de hacer política. A ello se añade la cada vez mayor entrada de nuevos votantes –generalmente más varones que mujeres– al sistema de partidos catalán que generalmente tienden al voto de extremos. Es el mismo sentimiento que ha elevado a Vox en los últimos años y que ahora les hace entrar en gobiernos de coalición con el PP y rozar techos similares a AC, del 18% de estimación de voto.

El voto a AC por ahora es más importante en enclaves de Junts por excelencia, en las provincias de Girona y de Lleida. Preocupa la viabilidad de múltiples ayuntamientos gobernados por los posconvergentes, de hecho, lo que ha fomentado la movilización de alcaldes del partido de Puigdemont contra su líder para que tome cartas en el asunto. Se pide contundencia. Eso, en parte, explica la ruptura ejecutada en el último trimestre del año pasado con el PSOE, el veto a todas las leyes que se presenten y la confrontación constante con Sánchez sin hacer el juego a Alberto Núñez Feijóo. Saben que un gobierno con Vox a la cabeza repercutiría en 'avances' como en plurinacionalidad.

Pero el voto que mueve ahora a AC y le permite crecer abriendo espacios, pese a los datos, integra a más personas preocupadas por la inmigración –mayoritariamente magrebí– en Cataluña que otros aspectos. El último eslogan utilizado en las autonómicas, de hecho, fue un contundente: "Salvemos Cataluña".

Hay un informe reciente del Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS) que explica que al entrar con tal ímpetu AC a la escena electoral, provoca que tanto Junts y PP tengan que hablar de inmigración con mayor contundencia y eso, al mismo tiempo, radicaliza el ambiente y beneficia a Orriols –y hace pasar a populares a Vox–. Es algo parecido a lo que ha sucedido a nivel estatal con PP y Vox. Todos los expertos coinciden siempre en este ámbito en que el original siempre gana a a copia en los marcos de disputa política. Ese informe también apunta a que tras el procés se vuelve a un escenario propicio a esa extrema derecha, con experiencias anteriores como la Plataforma per Catalunya de Josep Anglada, que se hizo fuerte en algunos ayuntamientos como Orriols pero que ante el debate soberanista se vio obligada a tomar posiciones y acabó con la neutralidad de su base que permitía ampliar el rechazo a los migrantes. Por ello, ante una recuperación del debate soberanista que a día de hoy parece distante, Junts podría volver a ganar terreno.

Por ahora AC se abre hueco con la inmigración y da una vuelta de tuerca al sentimiento nacionalista catalán, vinculándolo a lo étnico como ocurre en otros puntos de Europa, como el Vlaams Belangs de Bélgica, pro independencia de Flandes. O como movimientos independentistas de la Padania, del norte de Italia, aunque cada vez más desactivados. En estos momentos la distinción del voto a AC o a Vox radica más en cuánto español-independentista te sientas, pero sí hay matices importantes que están vinculados a esa autoapreciación ideológica: AC es más abierta al feminismo, a los derechos LGTBI y no se mueve bajo términos de la moral cristiana, sí de las tradiciones de Cataluña. Y eso, como Marine Le Pen en Francia, permite abrirse a una base que Vox aún tiene difícil disputar en todo el territorio nacional, la obrerista. Más que en Madrid, Orriols en Barcelona, desde el Parlament, puede asociar directamente inmigración con pérdida de identidad cultural al hablarse menos catalán, puede asociarlo al problema de la vivienda, con cada vez mayor número de pisos turísticos, o con esa inseguridad.

La ingobernabilidad en parte se establece cuando el eje político ha cambiado. Cuando a partidos como ERC le interesa menos trabajar mano a mano con Junts en el ámbito soberanista que con el PSC y los comunes en el social y de políticas progresistas. Hay un techo aproximado al tercio de electores en los países con propuestas antimigratorias fuertes, como en Francia, Italia o Alemania, que es de un tercio de los votantes. Si se suman las fuerzas de AC y Vox, quedan al 24% de los votos, lo que deja margen de crecimiento.

Alerta sobre Orriols entre las filas de ERC

Situadas AC y ERC en un empate técnico en la encuesta de Sigma Dos, fuentes republicanas suben la apuesta y vaticinan que los ultras de Orriols pueden convertirse en segunda fuerza política en Cataluña. Hacen autocrítica. La situación que atraviesan los de Oriol Junqueras, de descenso tras años más fuertes, lo achacan a haber sido "un desastre en el gobierno de la Generalitat", explica un miembro de la Ejecutiva de ERC en referencia al Govern de Pere Aragonès en la legislatua 2021-2024. Además, falta por ver hasta qué punto les pasa factura ser uno de los sostenes parlamentarios de Illa, con quien acaban de aprobar los primeros presupuestos de esta legislatura.

Las mismas fuentes de ERC auguran que entre AC y Vox, la ultraderecha "puede sumar en el nuevo Parlamento de Cataluña 40 diputados" de un hemiciclo de 135 parlamentarios. Sería ese tercio de escaños generalizado en Europa comentado anteriormente. En las elecciones catalanas de 2024 el partido de Santiago Abascal repitió con 11 diputados y el de Orriols entró tímidamente con dos. Vaticinan así un crecimiento exponencial, sobre todo a lomos de la alcaldesa de Ripoll (Gerona). Del mismo modo, advierten de que si finalmente se presenta a las elecciones generales, tal y como amaga su líder,"se va a comer a Junts". En las estimaciones, de los siete actuales, los de Miriam Nogueras bajarían a unos cinco parlamentarios de media.

De Orriols destaca esta misma fuente algo paradójico. La misma que reniega de todo lo español como genuina representante de un nacionalismo sin complejos fuertemente hispanófobo, xenófobo e islamófobo "habla un castellano perfecto", casi de catedrática, aunque lo cierto es que pocas veces se la oye hablar en la lengua de Cervantes.

La mirada de la derecha

En el PP bajan un poco las expectativas. Creen que AC tiene margen de crecimiento en la Cataluña interior "porque combina dos elementos que hoy conectan con una parte del electorado: un discurso muy duro sobre inmigración y un independentismo sin complejos", según explica a El Independiente un alto dirigente popular en Cataluña. Orriols "ha construido un perfil que mezcla rasgos de Abascal y de Puigdemont, y eso puede resultar atractivo para votantes desencantados de Junts", partido que lleva tiempo intentando frenar a ese nuevo independentismo radical muy de derechas sin dar con la tecla.

"Para Orriols es tan ajeno quien llega hoy de Marruecos como quien llegó de Andalucía hace décadas", dicen en el PP

De ahí la necesidad de los de Puigdemont de marcar perfil propio no sólo en Cataluña, sino también en Madrid. Una buena muestra de ello fue el gesto de la portavoz del Grupo catalán en el Congreso, Nogueras, al aprovechar la visita de León XIV para pedirle, en inglés, que hablara en catalán durante su estancia en Barcelona, cosa que el Papa tenía previsto hacer, pero Junts intentó apuntarse como un logro. Un gesto sólo entendible en clave de su lucha por no ceder base electoral a Alianza.

Pero del mismo modo que las fuentes populares consultadas ven capacidad de crecimiento de este partido en la Cataluña interior, consideran "más difícil" que esa dinámica "se traslade a Barcelona y su área metropolitana, donde la realidad social, económica y demográfica es mucho más diversa". Arguen que Orriols "maneja un concepto de identidad muy excluyente", de modo que "para ella es tan ajeno quien llega hoy de Marruecos como quien llegó de Andalucía hace décadas y ha contribuido a construir la Cataluña moderna". En definitiva, "esa visión puede tener recorrido en determinados ámbitos, pero tiene límites evidentes en una sociedad tan plural como la catalana".