Beatriz tiene 38 años, una exitosa carrera laboral en un banco y no sabe si quiere tener hijos. Acaba de congelar sus óvulos en la Unidad de Fertilidad del Hospital la Moncloa “por si acaso en un futuro me apetece”. Según su ginecóloga, este proceso llamado vitrificación supondrá en el siglo XXI una revolución equivalente al que píldora supuso en el XX. “A mi nieta le voy a regalar una congelación de óvulos cuando tenga 18 años”, le confesó la ginecóloga en la consulta. “En el futuro se verá con total naturalidad que la mujer planifique su maternidad independientemente de su reloj biológico”. Aquello convenció a Beatriz a dar el paso.

Pero el reloj biológico no siempre ha existido. En realidad, es una metáfora. Se la inventó un periodista del Washington Post en los 70: “El reloj sigue avanzando para las mujeres centradas en su carrera”, escribía Richard Cohen en 1978, en un artículo que ahora sonaría sexista, en el que afirmaba que todas las mujeres trabajadoras que conocía entre los 27 y 35 años que no tenían hijos eran infelices por ello y aseguraban oír “el tic tac de un reloj”. Era, explicaba Cohen, la cuenta atrás de sus años fértiles. El concepto tuvo un éxito asombroso.

La congelación de óvulos puede suponer en el siglo XXI una revolución para las mujeres equivalente a la píldora en el XX

Antes de que en EEUU se acuñara esta expresión, en España la sabiduría popular ya advertía a las mujeres que llegaban sin hijos a la treintena que corrían el riesgo de que se “les pasara el arroz” y, si además eran solteras, podían “quedar para vestir santos”. Estas expresiones, desbordantes de costumbrismo mediterráneo, chirrían hoy en día por su machismo viejuno. Sin embargo, aquella metáfora setentera del reloj biológico mantiene total vigencia, ha logrado el sello de lo políticamente correcto y hasta la defiende la ciencia. ¿Existe de verdad ese tic tac?

 

“Cuando le dices a las mujeres que cuantos más años cumple menos calidad tienen sus óvulos te dicen que se encuentran súper jóvenes”, explica Amparo Ruiz, directora de IVI Valencia. “Pero ésa es la paradoja, da igual que con 40 ó 50 años tengas una calidad de vida desbordante, la reserva ovárica se va reduciendo mes a mes hasta que se agotan”.

“Todos los datos sobre técnicas de reproducción asistida que manejamos tiene correlación con la edad de la mujer”, explica Josep Santaló, catedrático del Departamento de Biología Celular, Fisiología e Inmunología de la Universidad Autónoma de Barcelona. “Cuando se superan los 37 la fertilidad cae de forma preocupante y manifiesta”.

Sin embargo, Santaló insiste en que una cosa es lo que la sociedad considera normal y otra las leyes de la biología. “Hoy en día es habitual que una mujer tenga su primer hijo con 34 años, aunque la mujer esté biológicamente constituida para engendrar a los 14 o 15 años. Y así fue durante miles de años, pero ahora nadie quiere eso para su hija adolescente”. Y añade: “Hay a quien le parece aberrante ser madre a los 50 ó 55 años aunque la ciencia lo permita, pero no es más que una evolución en función a los cambios sociológicos. De hecho, la existencia de la mujer menopáusica y postmenopáusica es relativamente reciente… En la antigüedad las mujeres morían habitualmente en algún parto. No hubiera tenido sentido el concepto de reloj biológico en una sociedad en la que la mayoría no sobrevivía a su edad fértil, pero eso ha cambiado y ahora la ciencia busca soluciones en función de la demanda social”.

Da igual que con 40 ó 50 años te sientas muy joven, la reserva ovárica se va reduciendo mes a mes hasta que se agotan

Volvamos a los años 70, cuando Cohen acuñó el concepto en su artículo del Washington Post. A los pocos meses de la publicación, la metáfora del reloj biológico pasó a ser omnipresente. Moira Weigel, en su libro Labor of Love: The Invention of Dating, recoge multitud de ejemplos de cómo se popularizó rápidamente el concepto en los medios y el cine de los 80. De la revista Time a Cuando Harry encontró a Sally. “Voy a cumplir 40”, le decía, entre lágrimas, Sally a Harry en una escena de la comedia de Rob Reiner de fines de los 80. “¿Cuándo?”, respondía Harry, sorprendido, al otro lado del teléfono. “¡Algún día!”, gritaba Meg Ryan, que tenía 32 en la ficción.

Meg

Meg Ryan en Cuando Harry encontró a Sally (1989) Columbia Pictures

Según Weigel, hacer sentir culpables a las mujeres por retrasar su maternidad era la amarga venganza para aquella primera generación de mujeres realmente independientes, que habían luchado en los 60 y 70 por sus carreras laborales buscando la igualdad. La revolución sexual estaba superada, pero el tic tac les recordaba la inevitabilidad de su mandato biológico. Como si la reproducción fuera una preocupación exclusivamente femenina.

“El inconsciente colectivo de las mujeres ha decidido tener menos hijos”, opina Isidoro Bruna, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Fertilidad y codirector del Máster SEF de Reproducción Humana de la Universidad Complutense. Es su manera de explicar que España sea uno de los países del mundo con la tasa de fertilidad más baja. “La incorporación de la mujer al trabajo ha retrasado la maternidad sin que haya una reflexión como sociedad de los riesgos de hacerlo. Y que ahora proliferen iconos mediáticos que tienen hijos a los 49 años confunde a las mujeres, porque no se les está contando que son con óvulos donados y las complicaciones de llevar a cabo esos embarazos”.

 

“La historia del reloj biológico es una historia sobre la ciencia y el sexismo”, sostiene Weigel. “El reloj biológico se acuña como prueba de que las mujeres no podían aventurarse demasiado lejos de sus papeles tradicionales. Define la vida de la mujer en términos de la maternidad, o el hecho de no ser madre… Y la culpabiliza si no lo logra, como si fuera exclusivamente culpa suya. Estamos acostumbrados a pensar en metáforas como ‘reloj biológico’, como si no fueran metáforas en absoluto, sino simplemente descripciones neutrales de hechos sobre el cuerpo humano. Sin embargo, si examinamos de dónde viene el término y cómo llegó a ser utilizado, se hace evidente que el concepto contrarresta los efectos de la liberación de la mujer”.

Los números sobre la relación entre edad y fertilidad no son tan unánimes como parece. La psicóloga Jean Twenge cuestiona en este polémico artículo en The Atlantic algunas de las cifras relativas a la fertilidad femenina que se esgrimen en las clínicas especializadas como tablas de la ley. Después de analizar las bases de datos de investigación médica descubrió que, por ejemplo, la estadística citada con más frecuencia, que apunta a que una de cada tres mujeres entre las edades de 35 a 39 no será capaz de quedar embarazada después de un año, viene de un estudio realizado en 2004, que en realidad se basaba a sí mismo en los registros de nacimiento franceses entre 1670 y 1830. “En otras palabras”, escribe Twenge, “a millones de mujeres se les dice cuándo quedarse embarazadas basándose en estadísticas de antes de la electricidad, antibióticos o tratamiento de fertilidad”.

Gran parte de la comunidad científica, sin embargo, discute esta visión relativista y reivindica la importancia del vínculo entre edad y fertilidad. “La reserva ovárica de las mujeres disminuye a medida que cumple años y lo mismo da que los datos sean del siglo XXI que del XIX porque es como funciona el cuerpo de la mujer”, afirma el doctor Bruna. “Es un axioma, no es lo mismo el embarazo de una mujer de 30 años que el de una de 45”.

“Hay señoras que se quedan embarazadas con 42 años sin necesidad de ayuda ninguna, pero no aparecen en las estadísticas”, reconoce David Agudo Garcillán, profesor del Máster en Biología y tecnología aplicada a la reproducción humana asistida de la Universidad Europea. “Lo que no hay duda es que la reserva ovárica disminuye y está comprobado que la tasa de abortos totales en mujeres mayores de 40 aumenta un 50%. Eso es objetivo”.

A millones de mujeres se les dice cuándo quedarse embarazadas basándose en estadísticas de antes de la electricidad, antibióticos o tratamiento de fertilidad

Otra controversia en torno a los datos sobre la fertilidad es la estigmatización de la mujer. Durante muchos años, la ciencia sólo las estudió a ellas como centro del problema. Actualmente, sin embargo, se sabe que la mitad de problemas de fecundidad se deben a problemas en el varón. Según datos de la clínica de fertilidad IVI, cerca del 30% de causas de infertilidad de las parejas aún son desconocidas. Y el 70% restante se dividen a partes iguales entre factores femeninos y masculinos. “Eso sí, entre las causas femeninas, la causa más frecuente es que los óvulos ya no tienen suficiente calidad debido a la edad de la paciente”, apunta Amparo Ruiz, directora de IVI Valencia.

Entre los hombres la edad también es un factor de riesgo. “Es menos determinante pero hay estudios que prueban que a partir de los 40 empeora la fertilidad del varón”, dice la doctora De la Cuesta. “Con padres mayores de 40 o 45 aumentan las posibilidades de alteraciones genéticas del feto, pero la influencia de la edad en la paternidad se ha empezado a estudiar mucho más tarde. Si había problemas en el embarazo, se asociaba normalmente a la mujer”.

¿Un futuro de maternidad a la carta?

El 25 de julio 1978, nació el primer “bebé probeta” del mundo, Louise Brown, en el Hospital General de Oldham en Inglaterra. El bebé Louise se convirtió en una celebridad mundial. Pero hace mucho que los bebés nacidos de fecundación in vitro dejaron de ser noticia. “Ahora estamos viviendo el mismo fenómeno que se vivió con la reproducción asistida entre los 80 y los 90 con la vitrificación”, afirma Amparo Ruiz, directora de IVI Valencia. “Cuando en 1984 empecé a trabajar en esto había ginecólogos que le decían a una mujer que nunca se podría quedar embarazada porque tenía las trompas obstruidas y no le recomendaban la reproducción asistida porque ni se les ocurría. Hubo que hacer mucha divulgación para que la gente la tuviera en la cabeza, igual que ahora hay que hablar en las consultas de la congelación de óvulos. Si crees que vas a ser madre después de los 42, lo necesitarás”.

 

“La posibilidad de criopreservar ovocitos antes de los 35 es el avance más importante de la ciencia en los últimos años”, coincide Reyes de la Cuesta, profesora asociada del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad Autónoma de Madrid y médico del Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda. “Cambia la perspectiva de la fertilidad, porque da más control a la mujer”.

Pero la ciencia ya está trabajando en la próxima gran revolución: la preservación de fertilidad. “Hay investigaciones que están tratando de generar gametos a partir de células madre”, explica David Agudo Garcillán, profesor del Máster en Biología y tecnología aplicada a la reproducción humana asistida de la Universidad Europea. Esta técnica ya está investigándose para que puedan ser madres en el futuro las niñas que vayan someterse a quimioterapia antes de la primera regla. “Si consiguiéramos obtener el ovocito nuevo con el contenido cromosómico de esa mujer, ya no serían necesarios donantes jóvenes. Esto sería totalmente revolucionario porque la edad dejaría de ser un factor. Ni siquiera haría falta tener óvulos. Aunque se tuviera la menopausia, si esta técnica llegara a funcionar se podrían transformar en óvulo las células madre de cualquier mujer. No es descabellado pensar que dentro de 10 años sea posible”, concluye.

¿No sería más justo fomentar políticas de conciliación en vez de responsabilizar a las mujeres de su infertilidad?

La moda de la congelación de óvulos y el resto de técnicas para retrasar la maternidad tampoco está exenta de críticas. “Me parece una extraña forma de empoderamiento para las mujeres: gastarse miles de dólares con el fin de hacer que tu cita se sienta más cómoda porque no le presionas con la idea de tener hijos”, critica Weigel. “Es fácil entender por qué las mujeres podrían querer congelar sus óvulos. Pero mucho más evidente es por qué empresas, que ganan mucho dinero con ello, te animan a costearte la vitrificación aunque no tengas ningún problema de fertilidad…  pero por si acaso lo tienes en el futuro. Esto no resuelve un problema. Por el contrario, prolonga su existencia. ¿No sería más justo fomentar políticas de conciliación que favorezcan que hombres y mujeres puedan adelantar su deseo de tener una familia en vez de responsabilizar a las mujeres de cumplir años?”.

“El problema principal es que la maternidad no la apoya nadie, ni la administración ni las empresas”, reivindica Bruna. “En España apenas hay guarderías en los centros de trabajo, ni facilidades en la declaración de la renta. Las políticas de apoyo a la maternidad y la conciliación son bochornosas”. Y añade: “La vitrificación de ovocitos es una ortopedia, un parche a un problema estructural. Pero desde el punto de vista estratégico, y dada la coyuntura actual, puesto que en los próximos cinco años esto no va a modificarse, la única alternativa que se me ocurre para ayudar a esas mujeres jóvenes que van a retrasar su maternidad es que vitrifiquen óvulos, así evitarán tener que apelar a la donación de ovocitos, que es más complicada y costosa”.

Fue lo que hizo Beatriz. Dos amigas suyas, que también rondan los treinta y tantos, han decidido congelar sus óvulos desde que ella les ha contado su experiencia. “No lo hice porque me obsesionara con el reloj biológico ni porque tuviera ninguna angustia por ser madre, pero voy a cumplir 38, y aunque aún no sé si quiero tener hijos, tampoco quiero arrepentirme con 45 por no poder tenerlos”, explica. “Es verdad que esto no es garantía de nada, pero te da tranquilidad. Y, si dentro de unos años me animo, el proceso será más fácil. Aunque puede que ni siquiera me haga falta”. La vitrificación, que le costó unos 4.000 euros, incluye la congelación de óvulos durante tres años sin coste, que luego se puede prorrogar por 100 euros al año. “Es como un seguro”, añade.

Pero aunque la ciencia permita a las mujeres retrasar la maternidad, eso no desactivará el reloj biológico. Vencer una metáfora es mucho más complicado.