Será la retina del mayor ojo galáctico construido por los humanos. MOSAIC el es instrumento principal del Telescopio Gigante (Extra Large Telescope, ELT) que el Observatorio Europeo Austral (ESO) espera tener listo en el norte de Chile en 2020. Y tiene marca española. “Es un instrumento único”, apunta el profesor de la UCM  Jesús Gallego (@peleonk), astrónomo al frente de la colaboración de nuestro país en el proyecto. “Nos va a permitir observar un momento de la historia del universo (hace 12.000 millones de años) en que tuvo lugar una transformación muy importante y empezaron a aparecer las primeras galaxias parecidas a la nuestra actual”.


Así lucirá este coloso cazador de luz e infrarrojos lejanos. En este vídeo explicamos por qué funcionará así y lo incrustamos ficticiamente en lugares como la Plaza de España de Madrid o la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. | Vídeo: Mario Viciosa, ESO

 

Los investigadores principales del proyecto se han reunido en Toledo en el contexto del Congreso Internacional Investigaciones Espectrográficas con ELT, un paso de gigante en el universo profundo.

Con un espejo primario de 39 metros de diámetro a partir de casi 800 hexágonos, será el telescopio más grande que observe luz visible e infrarrojos. “Cuando trabajamos en el infrarrojo estamos mirando principalmente el universo frío”, apunta Gallego a El Independiente. “Me refiero a cometas, asteroides, polvo interestelar, las estrellas más pequeñas…”. Pero el color rojo también es una puerta al pasado. Las galaxias se alejan las unas de las otras cada vez más rápido. En su huída, la luz se ralentiza, llegándonos las ondas más largas, rojizas e infrarrojas.

 

El ELT mirará a una región concreta del cielo austral, por cuanto complementará la labor de otro coloso: el Gran Telescopio de Canarias, en el hemisferio norte. Con el Telescopio Gigante de Chile nos fijaremos en “una zona muy minúscula del cielo” para estudiar la formación de galaxias. Como mucho, “ocho pequeñas zonas del tamaño del diámetro (aparente) de la Luna llena, menos de un grado de ángulo”, precisa Gallego, en relación a los campos cosmológicos a estudiar.

Historia del universo

Historia del universo. El telescopio mira hacia el fondo, buscando la luz de las primeras estrellas, de hace más de 12.000 años. Algo ocurrió entonces para que se formasen los elementos químicos que nos rodean. M.V. | Fuente: NASA

Un telescopio en la era gravitacional

La captación de ondas gravitacionales en la Tierra ha abierto un nuevo mundo para la investigación cosmológica. Hasta ahora, literalmente mirábamos por los telescopios a aquello que estaba lejos en el espacio y tiempo. Nos llega su luz y eco electromagnético, visible o invisible. Pero las ondas gravitacionales son deformaciones del espacio-tiempo, pliegues de la malla imaginaria que sustenta el universo, ondulaciones pequeñísimas que nos muestran grandes sucesos muy lejanos. Detectarlos es otra novedosa forma de observar el cosmos.

En esta nueva ciencia “un telescopio es fundamental, porque nos permite estudiar la contrapartida óptica” de una onda gravitacional. Por así decirlo, la detección de esta última nos dice a dónde mirar, porque hay un lugar del cielo en donde ha ocurrido (hace millones de años) algo “gordo”. Es el caso de la fusión de dos estrellas de neutrones que se presentó la semana pasada y que por primera vez vimos y sentimos al mismo tiempo en la Tierra.

Partes del ELT/ESO

Partes del Telescopio Gigante E.I. / ESO

España, en el top mundial de la astronomía

El equipo del instrumento MOSAIC está participado por 11 países. “Casi toda la ciencia astronómica hoy es colaborativa”. Gracias a ello, no sólo permitirá responder a las grandes preguntas de la astrofísica, sino de la humanidad, según Gallego.

España no puede perder ningún tren en los desarrollos tecnológicos europeos

España es “una potencia astronómica mundial”. Un 8% de las publicaciones científicas en este área parte de centros de investigación españoles. “Es muy importante poder involucrarse en los desarrollos tecnológicos europeos. No podemos perder ningún tren (…) cada vez que una serie de instituciones españolas logran, por su prestigio o por su conocimiento tecnológico, tener una contribución importante a estos grandes desarrollos hay un beneficio garantizado”, concluye Gallego.