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Emmy Noether, en primer plano, durante su estancia como profesora en Estados Unidos.

Inteligencia artificial & Ciencia

Emmy Noether, la reina de la física moderna que ‘llegó’ a la Luna

Emmy Noether ha sido el genio matemático más importante que jamás ha habido desde que se permitió a las mujeres acceder a la educación superior”. Corría el año 1935, con todo lo que eso supone, cuando estas palabras salían publicadas en las páginas de The New York Times firmadas por uno de los nombres más famosos de la historia: Albert Einstein.

El físico de Ulm tenía claro que Noether tenía una de las mentes más importantes de la historia, pese a que la posteridad no la haya tratado con justicia. Su labor fue el germen de la física contemporánea, sobre todo gracias a un teorema, denominado “Teorema de Noether”, que reveló la conexión general entre las simetrías y las leyes de conservación de la energía. La física moderna, tal y como la conocemos, no sería posible sin su teorema, que es la base de la comprensión tanto de la física de partículas elementales como de la teoría de la relatividad.

Su importancia es tal que su nombre está en escuelas, en una de las principales calles de su ciudad natal, Erlangen, y hasta en uno de los agujeros que están en la cara oculta de la Luna, bautizado como cráter Noether. También se le puso su nombre a un asteroide descubierto en el año 1955 y que tiene 6.122 kilómetros de diámetro. No todo el mundo puede decir que haya conquistado la cara oculta de la Luna.

Noether vivió toda su vida a la sombra por su condición de mujer, y su legado no ha corrido mejor suerte. Sí que es reconocida como uno de los grandes nombres de la física, pero para el gran público sigue siendo una desconocida por mucho que, como reconoció el propio Einstein, sus aportaciones fueran claves para el nacimiento de la célebre Teoría de la Relatividad.

“Mis métodos son realmente métodos de trabajo y comprensión, y por eso se han propagado por todas partes de forma anónima”, decía la física alemana. Sus estudiantes, que eran bautizados como los Noether Boys, continuaron su legado sobre todo gracias a sus aportaciones al campo del álgebra abstracta.

Una vida en la sombra

Amalie Emmy Noether nació el 23 de marzo de 1882 en la localidad alemana de Erlangen, en Baviera. En su casa respiraban matemáticas, ya que tanto su padre como sus hermanos eran estudiosos de la materia. Eso hizo que, desde su juventud, quisiera emularles y estuviera interesada en un campo en el que sus coetáneas no solían mostrar demasiado entusiasmo.

La primera barrera a superar le llegó pronto: en Alemania estaba prohibido que las mujeres accedieran a la educación secundaria. Pese a ello, y sin ser estudiante como tal, comenzó a asistir a las clases de oyente, siempre en la intimidad que suelen conceder las últimas filas de un aula.

Tras años formando parte del ecosistema normal de las clases, la Universidad de Erlangen decidió admitirla como estudiante de pleno derecho, y no tardaron en sacar pecho por sus estudios. En poco tiempo publicó un puñado de artículos que llamaron la atención de todo un Albert Einstein que a sus 36 años, en pleno 1915, estaba terminando de perfilar la Teoría de la Relatividad que le consumió durante tanto tiempo.

Las aportaciones de Noether, reconocidas en todo momento por el genio alemán, fueron decisivas para que consiguiera encajar todas las piezas de un puzzle que se le llevaba resistiendo tanto tiempo.

Sabiendo de su talento, Einstein movió los hilos suficientes para reclutar a Noether como profesora para la Universidad de Gotinga, donde surgió un nuevo obstáculo: podía dar clase, pero no cobraría por ello.

Una vez más, Noether consiguió imponerse y trabajó durante siete largos años como docente antes de que los responsables del centro tuvieran la decencia de retribuir sus esfuerzos. Eso sí, sin demasiados lujos, ya que durante toda su carrera en Gotinga fue la profesora con el sueldo más bajo.

Exilio en Estados Unidos

La convulsa situación política de Alemania en los años 20 derivó en la insoportable presión del ascenso al poder del nazismo una década después. En esa irrespirable atmósfera, Noether, de confesión judía, tomó la decisión de marcharse a Estados Unidos como hicieron muchos otros, incluyendo al propio Einstein.

Aterrizó en el Bryn Mawr College, una institución privada judía que actualmente está especializada en la educación para mujeres. Situada unos kilómetros al oeste de la industrial Philadelphia, Noether pasó allí “los años más felices de mi carrera”.

Por desgracia, a los 53 años le descubrieron un tumor pélvico que requería de la poco fiable cirugía de la época. Tras las primeras exploraciones, los galenos descubrieron que tenía un quiste ovárico de grandes dimensiones, así como dos tumores uterinos que no parecían de gravedad.

Los médicos decidieron operar sólo el quiste y consideraron, una vez fuera del quirófano, que todo había salido a pedir de boca. Sin embargo, la convalecencia acabó de la peor manera, con una infección que elevó su temperatura y le terminó provocando la muerte. Sus cenizas fueron enterradas tras el funeral bajo el claustro de la biblioteca y allí reposa todavía hoy, como vivió, una de las grandes figuras del mundo de la física.

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