Todas las especies animales que gritan o gruñen lo hacen por algo. Algo bastante definido: advierten de un peligro, manifiestan miedo o alegría, cortejan, etc. Son su herramienta de comunicación ¿Para qué chillamos los humanos? En realidad, no está tan claro. Nosotros ya tenemos un preciso lenguaje oral articulado. ¿Sigue siendo útil o evolutivo gritar?

Para ayudar a desentrañar los secretos de los gritos humanos, el profesor de psicología Harold Gouzoules y sus estudiantes en la Universidad de Emory tomaros a 181 voluntarios. Los pusieron a gritar. Registraron 75 sonidos vocales humanos, que representan un amplio rango acústico y una variedad de contextos emocionales, y los clasificaron, para empezar, como grito o no-grito. Para ver qué cualidades hacen que los sonidos sean más chillones, Gouzoules, el jefe del Laboratorio de bioacústica de Emory, y los estudiantes Jay Schwartz y Jonathan Engelberg analizaron los sonidos con respecto a 28 parámetros acústicos que evalúan el tono, el timbre, la duración, el rango de frecuencia y rugosidad (o modulación de amplitud rápida).

Algunos estudios sugieren lo que hace a un grito grito es su aspereza o rugosidad. Pero en el experimento vino la sorpresa. La mayoría de los voluntarios equivocó el sonido de un silbato con un grito humano. Los investigadores descubrieron que los sonidos que se clasificaban con mayor frecuencia como gritos compartían ciertos factores acústicos, entre ellos un tono alto (agudo), así como una gran rugosidad. Extrañamente, hubo un sonido decididamente que no era de grito, un silbato, que el 71% de los participantes calificó como un grito. “Esto tenía sentido, sin embargo, cuando analizamos las cualidades acústicas del silbato”, señala Schwartz. “El silbato tiene muchos de los rasgos que generalmente se asociaban con los gritos”, como el tono alto, el llamado arco, y la rugosidad moderada-alta.

En animales, los gritos están reservados para una situación particular, no así en humanos

Sorprendentemente, las vocalizaciones de personas identificadas como gritos provienen de una amplia gama de contextos emocionales, explica Schwartz. “Algunas tenían miedo, mientras que otras estaban enfadadas, sorprendidas o incluso emocionadas”, dijo. “En casi todas las demás especies, los gritos están reservados para una situación particular, como un ataque de un depredador o rival”.

No hay dos gritos iguales

El equipo de Gouzoules encontró una gran variación acústica entre los gritos humanos, en otras palabras, los gritos no todos suenan igual. Esto plantea la pregunta: ¿Los humanos usan gritos de diferentes sonidos en diferentes situaciones, y podemos discriminar esos gritos e interpretarlos? “En el futuro, planeamos incorporar imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI, por sus siglas en inglés) para examinar los fundamentos neurológicos de las reacciones de las personas a los gritos”, dice Gouzoules.

“Los gritos son vocalizaciones intrínsecamente interesantes, pero también hay aplicaciones potenciales de la salud humana en la investigación de gritos, ya que existen múltiples trastornos psiquiátricos que involucran el comportamiento de gritos”, concluye Gouzoules.