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Punset, el 'encantador' de la ciencia

España no tenía un Carl Sagan y él vino a cubrir un espacio televisivo dedicado a la fascinación por el cosmos, los genes o el cerebro.

Eduard Punset

Eduard Punset EP

Eduard Punset no fue el primero. Ni siquiera era considerado un «divulgador» en sí mismo. Pero España no tenía un Carl Sagan y él vino a cubrir un espacio televisivo dedicado a la fascinación por el cosmos, los genes o el cerebro.

Economista de formación, fue editor para América Latina de The Economist entre 1967 y 1969 y alto funcionario del Fondo Monetario Internacional.

En España, consejero de la Generalitat, ministro de Adolfo Suárez y eurodiputado hasta 1994, Punset no será particularmente recordado por su etapa política. Su singular tono de voz y aspecto terminó por fraguar un personaje bondadoso e inspirador. Por primera vez, en 1996, se asomó por la UHF como quien susurra cómplice a una audiencia clandestina y algo friki cada domingo en el templo de La 2.

Redes sólo fue ‘mainstream’ cuando en los despachos de Prado del Rey decidieron cancelarlo. Y la reacción de una inmensa minoría se amplificó por aquel lugar que hacía honor al título del programa. Redes fue, desde entonces, en 2008, Redes 2.0. Y Punset, una estrella televisiva con un share raquítico pero entusiasta y fiel.

No sólo creó una estética y narrativa más poéticas que científicas. Consiguió colar como si tal cosa a figuras como Steven Pinker, James Watson y Francis Crick, Roger Penrose o Jane Goodall.

El personaje tejió su propia parodia. Y llegaron los libros y conferencias

Las redes amplificaron a Redes. El personaje tejió su propia parodia. Y llegaron los libros y conferencias. Territorios para la fascinación, escabrosos para la ciencia, lejos de laboratorios pero capaces de despertar vocaciones y lectoras que introdujeron cuerdas, telómeros y agujeros negros en comedores de casas, bares y alguna que otra conversación que hoy llamaríamos «cuñada».

Sus libros fueron un éxito editorial, sobre todo los últimos, aunque los de verdadero calado divulgativo como El viaje a la felicidad (2005) o El alma está en el cerebro (2006) coinciden con su primera etapa televisiva. Entrevistó a más de 600 personalidades de la ciencia. Eso alimentó su producción editorial y conferenciante. Rescataba algunas de sus ideas o frases más redondas para sembrar inspiración entre los legos.

Punset llegó a decir, irónicamente, que no estaba demostrado que fuese a morir. Y emitió un memorable programa en conversación con su oncólogo. Hoy el mundo lo despido, incluidos sus críticos clásicos en las redes, como la creadora de las #punsetadas:

Desde el primer Redes, la divulgación científica ha cambiado, se ha profesionalizado y colado en prime time y trending topics. Aquel Punset pionero quedó para la fascinación. La magia no es amiga de la ciencia, pero hacer prestidigitación de ella lo convirtió en un encantador. Fuera del personaje que flirteó con el ‘new age’, el público aún se asoma boquiabierto a sus pinceladas científicas agitando curiosidades. Y no es poco.

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