En pleno estallido de la Primera Guerra Mundial, Sigmund Freud escribió: "Cuando el hombre primitivo vio morir a alguno de sus seres queridos, ante el cadáver de la persona que amaba, empezó a creer en los espíritus". Y es que el tránsito del duelo por la pérdida de un ser querido pertenece al núcleo más íntimo y vulnerable de la experiencia humana. Una experiencia que los cada vez más sorprendentes avances de la inteligencia artificial se están encargando de reconfigurar.

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Una IA que toma la cara de un fallecido

El IX Congreso Internacional de Inteligencia Artificial organizado por El Independiente, se adentra en los aspectos más inéditos de los avances de la IA. Es el caso de los denominados griefbots o deadbots, herramientas de inteligencia artificial generativa diseñadas para recrear la personalidad, el tono y la apariencia de una persona fallecida a partir de la huella digital que dejó en vida. Mediante el procesamiento de elementos cotidianos como notas de voz, mensajes, fotografías y vídeos, estos sistemas configuran avatares interactivos capaces de mantener conversaciones bidireccionales en tiempo real con sus allegados.

Concebida inicialmente como un refugio emocional para mitigar la soledad, cerrar despedidas inconclusas o buscar consuelo en el duelo, esta tecnología suscita un profundo debate ético y psicológico: mientras que para algunos deudos supone un alivio tangible frente a la ausencia, profesionales de la salud mental y la bioética advierten sobre el peligro de anclar el duelo en la negación, generar una dependencia afectiva hacia un algoritmo y comercializar la intimidad póstuma sin un consentimiento explícito.

Por ello, frente a este riesgo de una muerte colonizada por herramientas corporativas, expertos vinculados al programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Fundación "la Caixa" plantean la urgencia de diseñar un nuevo mapa de cooperación entre personas y máquinas. Como advierte el médico y filósofo Alejandro Jadad, la tecnología abre inéditas vías de intervención y alivio, pero la cercanía y el tacto humano permanecen irreemplazables. El reto no reside en delegar la compasión, sino en utilizar las herramientas digitales para reforzar aquello que nos humaniza.

Realidad virtual de una despedida

Una de las aplicaciones más prometedoras se materializa en el proyecto HENKO NET, impulsado en España, Portugal y Francia. Esta iniciativa aplica la IA para la detección precoz de necesidades paliativas y optimiza el bienestar del paciente en su propio domicilio. Coordinado por el psicólogo clínico Juan Manuel Sánchez, el proyecto integra plataformas de telemonitorización que resuelven dudas recurrentes de familiares y reducen la carga burocrática del personal sanitario.

Pero no solo eso. Junto a la gestión clínica, la realidad virtual está demostrando una conmovedora capacidad terapéutica. Sánchez ilustra cómo esta tecnología ha permitido a una mujer postrada ver por primera vez el mar, a otro paciente navegar en góndola por Venecia o a una anciana reencontrarse virtualmente en su casa natal. Con esto, los expertos no tratan de falsear la realidad, sino de facilitar cierres emocionales, la serenidad y bienestar cognitivo en los instantes finales de vida.

Los "griefbots" y el apego digital

Belén Jiménez Alonso, investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), contextualiza el fenómeno de los "griefbots" dentro de la teoría de los vínculos continuos planteada por Dennis Klass ya en los años noventa. Según esta teoría, conservar la conexión con alguien que ha muerto no significa padecer una patología. Desde visitar cementerios hasta escuchar audios antiguos de WhatsApp, el ser humano siempre ha buscado formas de diálogo con sus seres queridos ausentes.

Sin embargo, la interacción con la IA introduce variables inéditas. Si bien puede aliviar despedidas inconclusas o momentos de soledad, también entraña serios riesgos de evitación, rumiación, apego distorsionado o retraso en la asimilación de la pérdida. Para Jiménez, el mayor peligro reside en el desplazamiento del apoyo humano en una sociedad ya de por sí muy individualista.

La irreemplazable cercanía

A la complejidad psicológica se suman dilemas bioéticos. La creación de estos avatares descansa sobre modelos operados por empresas comerciales que utilizan material muy íntimo. ¿Hasta qué punto se respetan el consentimiento póstumo y la dignidad de la memoria del fallecido?

Jaime Boceta Osuna, referente en bioética asistencial, alerta contra la opacidad de estos programas: "No sabemos qué hay en la caja negra de la inteligencia artificial". Boceta insiste en que el sufrimiento humano jamás puede delegarse en algoritmos entrenados con sesgos comerciales. El alivio del dolor requiere compartir presencia física y reducir el acompañamiento a un flujo de datos aboca al aislamiento.

En definitiva, la tecnología, bien administrada y supeditada a un criterio profesional riguroso, tiene la capacidad de mitigar el dolor físico, salvar barreras geográficas y cumplir deseos que se quedaron pendientes. No obstante, garantizar una muerte en paz, rodeada de afecto, debe continuar siendo una labor humana.