Un equipo de investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), junto con la Universidad de Cádiz (UCA), ha conseguido capturar uno de los escasos avistamientos de tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en esta zona en décadas. Este hallazgo, publicado recientemente en la revista Acta Ichthyologica et Piscatoria, ofrece nuevas pistas sobre la vida y hábitos de una de las especies más emblemáticas y enigmáticas del océano.
Un hallazgo excepcional
Los investigadores identificaron al ejemplar después de una captura accidental ocurrida en abril de 2023 dentro de la Zona Económica Exclusiva española. Se trataba de un tiburón juvenil de casi dos metros de longitud, cuya identidad confirmaron más tarde mediante análisis genéticos.
Según explica José Carlos Báez, investigador principal del IEO-CSIC y autor del estudio, este caso no habría sido posible sin la colaboración activa del sector pesquero. Los pescadores, acostumbrados a ser los primeros testigos de lo que sucede en las profundidades del mar, desempeñaron un papel esencial al comunicar y documentar la captura. Esta cooperación entre ciencia y pesca resulta fundamental para poder registrar episodios tan excepcionales como el actual, donde cada dato cuenta para reconstruir la presencia histórica y actual del tiburón blanco en el Mediterráneo.
Qué es realmente el tiburón blanco
El tiburón blanco es uno de los depredadores más cautivadores del planeta. Conocido por su poderío físico y su capacidad para recorrer largas distancias, puede alcanzar más de seis metros y pesar hasta dos toneladas. Su cuerpo está diseñado para la velocidad, y su extraordinario sentido del olfato le permiten localizar presas a kilómetros de distancia.
Habitualmente, esta especie habita en aguas templadas y frías, desde el Atlántico hasta el Pacífico. Ahora también se ha documentado su presencia desde hace siglos en el Mediterráneo. A pesar de la reputación negativa que arrastra por su representación en el cine y la cultura popular (especialmente tras películas como Tiburón), la realidad es muy distinta, y es que los ataques a humanos son extremadamente raros.
Desde un punto de vista ecológico, el tiburón blanco cumple un papel esencial en el equilibrio marino. Al situarse en la cima de la cadena alimentaria, regula las poblaciones de otras especies y contribuye a mantener la salud de los ecosistemas oceánicos. Su presencia, aunque escasa, es un signo de estabilidad ecológica y de buena calidad ambiental.
Presencia silenciosa en el Mediterráneo
Los registros históricos indican que el tiburón blanco ha estado presente en el Mediterráneo desde hace al menos siglo y medio, aunque siempre de manera esporádica. Los avistamientos confirmados son tan poco frecuentes que cada nuevo caso despierta una expectación desmesurada.
El equipo del IEO y la UCA, al revisar la historia, revela que el tiburón blanco ha estado "persistente pero extremadamente infrecuente". Esto significa que la especie nunca desapareció por completo y que resulta muy difícil de detectar.
El hecho de que el ejemplar identificado sea juvenil (aún no ha alcanzado la madurez sexual ni el tamaño adulto) añade una capa de interés. Los científicos consideran que los individuos jóvenes pueden ofrecer claves sobre las posibles áreas de cría, un aspecto muy poco conocido hasta hoy.
¿Podríamos ver un tiburón blanco en nuestras playas?
El descubrimiento ha generado preguntas entre los bañistas, ¿hay riesgo de encontrar un tiburón blanco cerca de la costa? Los expertos son claros al respecto; las posibilidades son mínimas. En más de 160 años de registros en aguas españolas, los encuentros con personas han sido excepcionalmente escasos, y no se han documentado ataques.
Te puede interesar
