La historia de Twitter no se puede contar si no es unida a la forma en la que la sociedad aceptó transformar como se comunica, piensa, e incluso, presta atención. Lo que nació en 2004 como un experimento entre programadores, y vio la luz oficialmente el 22 de marzo de 2006, terminó convirtiéndose en la infraestructura de opinión pública más relevante del mundo. Capaz de facilitar revoluciones, derrocar gobiernos, marcar la agenda de los telediarios y convertir el pensamiento más banal en un fenómeno viral, su trayectoria es el reflejo de las ventajas e inconvenientes que ha traído la era digital.
Sin embargo, detrás de su innegable influencia, el poder de esta red social ha ido derivando hacia lo que muchos consideran el "lado oscuro" de la información. La plataforma que empezó como una herramienta para democratizar el debate y permitir que se conozcan opiniones diversas se ha transformado, con el paso de los años, en un ecosistema donde abundan los bulos, los deep fakes y un algoritmo diseñado no para informar, sino para retener al usuario en un bucle de pensamiento único.
Una red social a partir de SMS: así nació la idea de Twitter
El proyecto comenzó a gestarse en las oficinas de Odeo, una empresa de contenidos de audio online fundada en 2004 por los programadores Noah Glass y Evan Williams y que buscaba reinventarse. En 2006, el primer prototipo vio la luz bajo nombres tan curiosos como "Twiiit" o "Stat.us", hasta que Glass propuso el definitivo: "Twttr". La idea era imitar el canto de los pájaros: ráfagas cortas y rápidas de información. Siguiendo la estética de las startups de la época como Flickr, eliminaron las vocales para parecer modernos y disruptivos.
El 21 de marzo de 2006, Jack Dorsey, cofundador junto con Glass, Williams y Biz Stone, inauguró la plataforma con un escueto "just setting up my twttr". Aquella frase, hoy histórica –y que acuñado como NFT llegó a venderse en 2021 por casi tres millones de dólares–, marcó el inicio de una limitación que definiría a una generación: los 140 caracteres. Esta frontera no fue una decisión creativa, sino una imposición técnica de los operadores móviles. Dado que Twitter funcionaba originalmente sobre el sistema de SMS, y estos tenían un tope de 160 caracteres, la plataforma se reservaba 20 para el nombre de usuario y el resto era para el mensaje. Nadie imaginó que esa restricción obligaría al mundo a sintetizar sus ideas hasta el extremo.
just setting up my twttr
— jack (@jack) March 21, 2006
De las tensiones internas al hashtag
En 2007 Twitter se constituyó oficialmente como empresa y comenzó a experimentar un crecimiento rápido. El número de usuarios aumentó de forma constante. La actividad en la plataforma superó los 70.000 tuits diarios. Ese mismo año se produjo una innovación clave para la historia de la red social: el nacimiento del hashtag. Un usuario de la plataforma sugirió utilizar el símbolo "#" para agrupar conversaciones sobre un mismo tema, una idea que con el tiempo se convertiría en una de las herramientas más utilizadas de Internet para organizar debates y seguir acontecimientos en directo.
Sin embargo, mientras Twitter se consolidaba públicamente, dentro de la empresa surgían tensiones entre sus fundadores. Jack Dorsey fue apartado de su puesto como director ejecutivo y Evan Williams asumió el liderazgo de la compañía. Bajo su dirección, la red social continuó creciendo de forma espectacular: en 2009 el número de usuarios se multiplicó y pasó de cinco a más de 70 millones.
El crecimiento, sin embargo, trajo consigo problemas técnicos. Las caídas del servicio eran frecuentes y la empresa todavía no encontraba un modelo de negocio claro que generara ingresos sostenibles. Ante las dificultades de gestión y las críticas por la inestabilidad de la plataforma, la junta directiva decidió reorganizar la dirección. Dick Costolo asumió el cargo de CEO en 2010 y años más tarde, en 2015, Jack Dorsey regresó como director ejecutivo.
Durante esta etapa, Twitter se consolidó como una herramienta clave para el debate público y la difusión de noticias en todo el mundo. Políticos, periodistas, celebridades y organizaciones comenzaron a utilizar la red social como un canal directo de comunicación con millones de usuarios. Y desempeñó un papel esencial en fenómenos como las primaveras árabes o el 15-M en España.
¿Twitter nos vuelve idiotas?
Sin embargo, la aplicación pronto pasó a ser una forma de adicción. En 2011, un artículo del entonces director del New York Times Bill Keller ya apuntaba hacia los peligros de esta red social, que no ha parado de crecer. Keller señalaba que Twitter no es una plataforma que se pueda consultar de vez en cuando, sino que requiere "atención constante", convirtiéndose en un claro enemigo de la concentración. "Al recibir una notificación se generan descargas de dopamina que dejan al usuario sumido en una constante distracción", advertía Keller. Un riesgo que hoy se reconoce en todas las redes sociales que paulatinamiente adoptaron la fórmula del scroll infinito.
También se abrió el debate sobre cómo se comportaba la gente en la red social. ¿Twitter nos vuelve idiotas? "Independientemente de si Twitter te vuelve tonto o no, lo cierto es que hace que algunas personas inteligentes parezcan tontas", reflexionaba el director del Times en su artículo. La novedosa excitación que producía a los usuarios la oportunidad de compartir con todo el mundo sus brillantes ideas, o que incluso una ocurrencia pudiera hacerles famosos, hacía (y hace) que, efectivamente, mucha gente normal, amable e incluso brillante en la vida real deje mucho que desear al leer sus tuits. Y por ahí llegaron cancelaciones y situaciones embarazosas que ya forman parte de la cultura popular.
A pesar del tiempo y los cambios que ha experimentado la aplicación durante los veinte años que lleva activa –empezando por la prolongación de los mensajes–, todas estas cuestiones siguen vigentes.
La llegada de Elon Musk y la transformación en X
Twitter se hizo cada vez más grande. Hasta que en 2022 el empresario Elon Musk anunció su intención de comprar la compañía después de adquirir una importante participación de la misma. Tras semanas de negociaciones, tensiones y amenazas de acciones legales, el magnate la adquirió finalmente por unos 44.000 millones de dólares.
La llegada de Musk trajo consigo cambios drásticos. El empresario despidió a varios directivos de la empresa, redujo considerablemente la plantilla y modificó diferentes aspectos del funcionamiento de la plataforma, desde el sistema de verificación de cuentas hasta el modelo de negocio basado en suscripciones.
En 2023 la transformación culminó con un cambio simbólico: Twitter pasó a llamarse X. La red social abandonó su histórico logotipo del pájaro azul y adoptó una nueva identidad visual, dentro del plan de Musk de convertir la plataforma en una "superapp" que combine comunicación, contenidos y servicios digitales –como su propia IA, Grok, últimamente en el centro de la polémica por generar imágenes pornográficas a partir de fotografías de personas de carne y hueso–. Las ideas de Musk y su vinculación con Donald Trump y el supremacismo blanco norteamericano, así como las modificaciones en el algoritmo del servicio y la renuncia a la moderación del contenido, hicieron que muchos usuarios abandonaran X y migraran a servicios alternativos como Mastodon, Bluesky o Threads. Pero, pese a los negros vaticinios que se cernieron entonces sobre la compañía, Twitter, ahora X, sigue siendo el referente de un tipo de comunicación que nació con ella hace ahora 20 años.
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