Las ardillas pasan la mayor parte del tiempo en lo alto de los árboles, un entorno impredecible que les obliga a moverse con mucha agilidad por un laberinto de ramas para comer, anidar y huir de los depredadores. Moverse por esos entornos requiere una combinación compleja de capacidades biomecánicas evolucionadas y comportamientos aprendidos.

Investigadores de las universidades estadounidenses de Omaha (Nebraska) y Berkeley (California), liderados por el experto en biomecánica Nathaniel Hunt, han estudiado cuánta habilidad necesaria para moverse en ese entorno es innata y cuánta es aprendida.

Uno de los objetivos de estos investigadores, que han publicado sus resultados en Science, ha sido comprender cómo las ardillas aprenden a medir y ajustar sus movimientos en una fracción de segundo, mientras toman decisiones potencialmente mortales.

Para observar el comportamiento de los saltos, Nathaniel Hunt y sus colegas diseñaron una carrera de obstáculos al aire libre y observaron a las ardillas salvajes mientras saltaban entre ramas simuladas y a través de espacios de varias distancias.

Investigadores con las ardillas.
El grupo de investigadores liderado por Nathaniel Hunt.

A lo largo de una serie de experimentos, los investigadores descubrieron que las ardillas decidían dónde lanzar y aterrizar al equilibrar una compensación entre el cumplimiento de la flexión de la rama -esto es, cómo es de flexible o rígida la plataforma de lanzamiento) y la distancia a cubrir. Otro de los descubrimientos de estos investigadores es lo que han calificado como maniobras «parecidas al parkour», las ardillas inventan movimientos sobre la marcha para realizar aterrizajes particularmente difíciles.

Los hallazgos demuestran que la sinergia entre el manejo de la energía biomecánica y el aprendizaje de prueba y error determinan la navegación arbórea rápida y precisa del animal que permite a las ardillas saltar y aterrizar sin caer.