Las informaciones sobre el vórtice polar se han multiplicado en los últimos días, acompañadas de titulares que anticipan un invierno excepcionalmente frío en Europa. Ante la alarma hemos consultado a José Miguel Viñas, meteorólogo de Meteored quien hace una distinción que, en principio no todo el mundo hace: diferencia entre lo que las previsiones detectan en las capas altas de la atmósfera y lo que realmente puede acabar ocurriendo en la superficie.
“Quizá haya que matizar qué es lo que probablemente vaya a pasar. Todavía no está pasando, pero se está ya anunciando”, explica Viñas. Viñas comienza por desmontar la idea de que se trate de un acontecimiento extraño o sin precedentes. El vórtice polar forma parte del comportamiento habitual de la atmósfera.
“El vórtice polar es una estructura que habitualmente se forma siempre sobre la zona del Ártico cuando va llegando el invierno”, señala. “Es una zona donde se concentra el aire frío muy en altura, a bastantes kilómetros por encima, girando o rotando en torno al polo”.
Según Viñas, en condiciones normales esa masa de aire frío permanece concentrada sobre el Ártico. “Normalmente es una estructura estable, es decir, que se mantiene ahí con más o menos una expansión y contracción, pero el núcleo está siempre ahí centrado”, detalla.
¿Por qué se habla del vórtice polar?
La circunstancia que ha activado las alertas no es la existencia del vórtice, sino la posibilidad de que se rompa mucho antes de lo habitual. Los modelos apuntan a un calentamiento súbito estratosférico, un episodio en el que el aire sobre el Ártico se calienta de forma anómala en altura y puede fragmentar el vórtice.
“Hay veces que, por la manera en la que se comporta la atmósfera, ese vórtice, esa estructura rotatoria y de aire frío, se fractura y se termina rompiendo”, explica el meteorólogo. “Ese núcleo frío se divide como en dos partes o en tres y, encima del Ártico, se sitúa un aire que está a una temperatura muy por encima de lo que sería ese aire frío que habitualmente hay ahí”.
Ese proceso es el que se conoce como calentamiento súbito estratosférico. Viñas precisa que el fenómeno ya se ha observado en otras ocasiones, pero que esta vez tiene un rasgo distintivo y es que llega muy pronto, en otoño.
“Tenemos referencias de que pueden ocurrir calentamientos súbitos estratosféricos, pero no hay referencias de que, tan pronto, todavía sin haber empezado el invierno, se empiece a producir uno”, afirma. “Esa configuración de ruptura del vórtice polar es bastante probable que se produzca la próxima semana”.
¿Viene un frío polar extraordinario?
Con esta ruptura en ciernes los modelos representan unas masas de aire frío que asustan si no se saben interpretar. Aquí comienza la parte más incierta. El meteorólogo rechaza saltar directamente de la ruptura del vórtice a la predicción de una entrada de frío extremo en España o Europa. El fenómeno ocurre a gran altura, entre aproximadamente 15 y 30 kilómetros o más, y su influencia sobre el tiempo en superficie no es inmediata ni garantizada.
“A partir de esa ruptura, cuando se produzca la próxima semana, entramos ya mucho en el terreno especulativo”, advierte Viñas. “Las piezas del puzle se colocan de una manera que no es la normal y eso puede generar, al final, en la parte baja de la atmósfera, un desalojo de aire frío en una zona donde habitualmente no se produce tan pronto”.
Si esa transmisión se produce, podría dar lugar a una situación invernal muy temprana. “Podría tener como implicación, a lo mejor, una situación muy invernal, muy temprana. A lo mejor, ya a partir de dentro de dos o tres semanas, entra un frío polar extraordinario a una parte importante de Europa”, reconoce. Pero inmediatamente matiza: “Eso podría quizás estar relacionado con la ruptura del vórtice, pero no es un patrón que sepamos al 100% que se vaya a producir”.
Viñas insiste en que la atmósfera puede evolucionar por otro camino. La perturbación estratosférica podría no llegar con claridad a la troposfera, la capa donde ocurre el tiempo que afecta directamente a las personas. “Puede que al final la señal en la parte baja de la atmósfera no sea tan clara”, explica. “Puede que el aire frío, en vez de meterse, mantenga una situación de vientos húmedos en el Atlántico y un tiempo más tipo el de la próxima semana, con lluvias”.
Por eso, su conclusión es prudente: “No se puede afirmar con seguridad qué va a pasar una vez que tenga lugar la ruptura del vórtice. Yo insistiría en la idea de que lo llamativo es que se va a romper probablemente mucho antes de lo que otras veces se ha observado”.
El Niño añade complejidad
El meteorólogo identifica un tercer elemento que complica aún más el pronóstico: la presencia de un episodio de El Niño intenso. Su influencia global podría interactuar con la dinámica del vórtice polar, aunque no existe una previsión fiable sobre el resultado.
“Tenemos un Niño muy intenso y eso tiene una influencia global de alguna manera”, explica. “A lo mejor su influencia se empieza a notar en la zona cercana donde está el vórtice polar y hay alguna interacción, pero tampoco creo que haya ninguna previsión en ese sentido o que se pueda saber cómo puede ser esa interacción”.
Para Viñas, son “incertidumbres o cosas que están por estudiar”. Y advierte contra los análisis excesivamente rotundos: “Mucha gente, incluso algunos especialistas, se lanzan con ‘cuanto venga, va a haber una ruptura del vórtice polar’, pero de ahí a que al final se vea un cambio en superficie hay un trecho”.
Además, el retraso temporal es esencial. “Aunque la próxima semana se vea que se ha roto el vórtice, suelen pasar dos o tres semanas hasta que al final pueda manifestarse, si se manifiesta, aquí abajo en la troposfera”, subraya.
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