Katya Echazarreta sabe lo que significa romper barreras. Con tan solo 27 años, se convirtió en la primera mujer mexicana en viajar al espacio, un hito que ha marcado su trayectoria y que hoy intenta transformar en nuevas oportunidades para las generaciones que vienen detrás. Su apuesta pasa por acercar la industria aeroespacial a los jóvenes y conseguir que Latinoamérica deje de ser una espectadora de la exploración espacial para convertirse en protagonista.
En esta línea, ha participado en el Reto Marte, una iniciativa educativa a nivel internacional que plantea a los estudiantes desafíos relacionados con una futura misión humana al planeta rojo y les anima a desarrollar soluciones científicas y tecnológicas mediante el trabajo en equipo. Una experiencia que conecta con una de las principales convicciones de Echazarreta: los grandes proyectos comienzan con ideas que, "para hacerse realidad, necesitan aprendizaje, esfuerzo y capacidad para superar obstáculos".
Una misión latinoamericana para 2027
Uno de los proyectos más ambiciosos en los que trabaja Echazarreta es el desarrollo de una misión espacial integrada por latinoamericanos, cuya puesta en marcha se ha planteado para 2027. Aunque todavía se encuentra en fase de desarrollo y evita ofrecer detalles -por tratarse de cuestiones delicadas-; la astronauta explica que llevan años trabajando en ella. Su objetivo es que países que hasta ahora no han tenido una actividad espacial significativa puedan participar en la exploración con tecnología y experimentos propios. "El corazón de este proyecto es aprovechar las nuevas oportunidades de la industria espacial comercial para que naciones que en el pasado no tenían actividad espacial puedan liderar sus propias misiones", explica. "No se trata únicamente de conseguir que un astronauta latinoamericano viaje al espacio, sino de impulsar capacidades científicas e industriales propias".
Las mujeres latinas también tienen un lugar en la carrera espacial
Ser mujer y latinoamericana en una industria tradicionalmente dominada por hombres ha supuesto enfrentarse a prejuicios y expectativas ajenas. Echazarreta identifica la primera impresión como uno de los obstáculos más importantes: "La gente por enseñanzas de la misma sociedad tal vez ya lleva expectativas sobre lo que esperan de una mujer latina".
En Estados Unidos, explica, todavía puede resultar poco habitual encontrar a una mujer latina con aspiraciones de viajar al espacio. Sin embargo, cuando regresa a México descubre que son muchas las jóvenes que comparten esas mismas inquietudes. Recuerda especialmente el congreso Personas Espaciales en México, donde pudo encontrarse con numerosas mujeres vinculadas a la industria. "No vamos a dejar que la perspectiva de alguien que ni nos conoce tome una decisión por nosotras", afirma. Una reivindicación que también tiene que ver con la necesidad de que las nuevas generaciones encuentren referentes y oportunidades.

Una nueva generación que exige respeto en la ciencia
Echazarreta también ha observado cambios en el acceso de las mujeres a las carreras científicas y tecnológicas. Durante sus años de formación, recuerda haber escuchado comentarios de profesores relacionados con su condición de mujer y latina dentro de las ingenierías. Una situación que, asegura, muchas estudiantes tenían que soportar. Ahora percibe una actitud diferente entre los profesionales más jóvenes. "Esta nueva generación no se deja como las generaciones del pasado", sostiene. Pone como ejemplo a compañeros que comienzan su trayectoria en la NASA y que no dudan en exigir respeto ante comportamientos que consideran inadecuados, incluso cuando proceden de ingenieros con 20 o 30 años de experiencia. Para Echazarreta, la transformación no depende únicamente de que haya más mujeres en estos espacios, sino también de que las nuevas generaciones no estén dispuestas a aceptar determinadas actitudes.
México quiere pasar de fabricar a desarrollar tecnología espacial
La democratización de la exploración espacial también pasa por fortalecer la industria tecnológica de los países latinoamericanos. En el caso de México, Echazarreta considera que existe una base industrial importante, aunque todavía queda trabajo por hacer. "México es el exportador número cuatro en el mundo de tecnología aeroespacial", señala, en referencia a la capacidad manufacturera del país.
El siguiente paso, a su juicio, consiste en dejar de limitarse a fabricar componentes para otras compañías y avanzar hacia el desarrollo de tecnología propia. Para conseguirlo, considera fundamental aprovechar las oportunidades que ofrece la industria espacial comercial y fomentar la colaboración entre gobiernos y empresas privadas. La experiencia de la NASA demuestra, en su opinión, que esta relación puede acelerar los avances y reducir los costes de determinadas operaciones. No obstante, también reclama establecer estándares tecnológicos comunes que permitan trabajar conjuntamente a los distintos proveedores.
La Tierra no tiene fronteras
Contemplar nuestro planeta desde el espacio puede cambiar la manera de entender el mundo. Echazarreta conoce bien el llamado "efecto perspectiva", un cambio psicológico gradual que, según explica, influye en la forma de reaccionar y tomar decisiones después de observar la Tierra desde fuera. "En mi caso, me atreví a tomar decisiones mucho más grandes sin tanto temor", recuerda.
Durante ese periodo decidió impulsar la Fundación Espacial con la que han organizado campamentos en Latinoamérica, concedido becas a jóvenes, celebrado congresos técnicos en México y desarrollado programas educativos para niños de primaria. También han puesto en marcha iniciativas de apoyo psicológico a padres de menores con altas capacidades. Para la astronauta, la imagen de la Tierra sin fronteras transmite una idea que trasciende la propia exploración espacial: "Entiendes que somos uno y este es nuestro planeta, pero lo crucial es qué haces con esa perspectiva para que otros la compartan".
¿Tiene sentido invertir en Marte mientras existen problemas en la Tierra?
La inversión en exploración espacial suele generar un debate recurrente. ¿Por qué destinar tantos recursos a llegar a Marte cuando todavía existen necesidades básicas sin resolver en nuestro planeta? Echazarreta defiende que ambas cuestiones no son incompatibles.
Recuerda que buena parte de las tecnologías que hoy utilizamos, desde los sistemas de comunicación y navegación hasta determinados avances médicos o el velcro, están vinculadas a la investigación espacial. "Por cada dólar invertido en el programa Apolo hubo un retorno de 24 dólares en beneficio y desarrollo", afirma.
Echazarreta considera que resolver los desafíos de una futura presencia humana en Marte -como la gestión del agua, la alimentación, la radiación o la atención sanitaria a distancia- puede generar soluciones aplicables en la Tierra. La exploración de otros planetas, por tanto, no tiene por qué alejarse de las necesidades humanas más inmediatas. Para Echazarreta, el verdadero valor de mirar hacia el espacio está también en todo lo que podemos aprender para mejorar la vida aquí.
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