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Daniel Monzón dirige 'Ruega por nosotras': "Cuando yo iba al cine, ellas estaban encerradas"

Daniel Monzón dirige Ruega por nosotras: "Cuando yo iba al cine ellas estaban encerradas"
Rodaje Ruega por nosotras, Daniel Monzón junto a Zoe Bonafonte

En 2020, Daniel Monzón descubrió una historia que desconocía por completo y que, sin embargo, había sucedido prácticamente a las puertas de su casa. Un artículo sobre el Patronato de Protección a la Mujer le descubrió la existencia de una red de más de 500 centros repartidos por España en los que miles de niñas y mujeres fueron internadas entre 1902 y 1985 para ser adoctrinadas y sometidas a los dictados morales del franquismo. Algunas tenían apenas diez años. Lo que más le sorprendió fue comprobar que, tras la muerte de Franco, la institución siguió funcionando durante una década más, ya en democracia.

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De aquel descubrimiento nace Ruega por nosotras, una película que el director lleva cerca de seis años intentando sacar adelante. En El Independiente conversamos sobre la película que llega hoy a la gran pantalla, coincidiendo con el estreno del documental de RTVE.

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P.- En un contexto en el que la religión vuelve a ocupar un lugar destacado en el debate social y cinematográfico, ¿por qué estrenar ahora Ruega por nosotras?

R.- Aunque se estrena ahora, llevo casi seis años trabajando en este proyecto. Cuando leí aquel artículo en 2020 me quedé en shock. Desconocía por completo que existiera el Patronato. Pregunté a mis padres y a gente mayor que había vivido aquella época, pero nadie lo conocía realmente. Lo que más me impactó fue descubrir que había un centro al lado de mi casa. Cuando yo era adolescente e iba tranquilamente al cine, ellas estaban encerradas allí. Me produjo indignación, asco y vergüenza no haber sabido nunca que aquello estaba sucediendo tan cerca.

Pensé que tenía que contribuir a contar esta historia y, como cineasta, la manera de hacerlo era a través de una película. Durante años fui de despacho en despacho buscando financiación y recibí muchas negativas. Me decían que el guion era interesante, pero que querían hacer otra cosa. No querían meterse en esto. Aquello me reafirmó en que era una historia que había que contar.

P.- Has dedicado seis años a investigar una historia muy delicada y prácticamente desconocida. ¿Habéis contado con las supervivientes?

R.- Consuelo García del Cid es la razón para que esto se conozca. Después de pasar por el Patronato, se lo tomó casi como un deber moral, buscó documentación que estaba oculta, localizó a otras supervivientes y las animó a contar sus experiencias.

A partir de sus libros y diferentes tesis doctorales, investigaciones, documentales, podcasts y testimonios audiovisuales fuimos construyendo un mapa de lo que significó el Patronato. Recogimos muchas historias, algunas de mujeres que ya han fallecido. Cada una de ellas merecería una película.

Elegimos situar la historia en la Transición para que el espectador entendiera que no estamos hablando de algo remoto, sino de algo que sucedió hace muy poco. Los personajes no tienen nombres reales, pero sus experiencias recogen los testimonios de muchas mujeres. Ahora que han visto la película, algunas se reconocen a sí mismas o a compañeras.

En cuanto a las religiosas, la mayoría han fallecido. La persona con la que más trato pudimos tener fue una mujer que había dejado los hábitos porque estaba desencantada con lo que hacía.

Zoe Bonafonte en un fotograma de la película

P.- ¿Habéis trabajado mano a mano con las supervivientes durante la escritura del guion o la documentación se ha realizado principalmente a través de sus publicaciones?

R.- Ha sido a través de la documentación. Luego, finalmente, cuando tuvimos el guion, yo quería que la película se llamara como uno de los libros de investigación de Consuelo García: Ruega por nosotras. Le pasamos el guion a Consuelo, lo leyó y dijo que el guion era muy bueno y reflejaba de manera genérica lo que era el Patronato, y nos cedió el título para que la película se llamara así. No solo como homenaje a una persona que realmente hizo que esto se abriera y se diera a conocer, sino también porque dramáticamente Ruega por nosotras me parecía un título idóneo para esta película. Es como un clamor a la propia sala; interpela directamente al espectador: 'Piensa en todo lo que ocurrió, piensa en nosotras'. Me parecía el título perfecto para esta película

P.- La protagonista, Ana, procede de una familia acomodada y termina internada en el Patronato. ¿Por qué elegiste contar la historia desde su perspectiva, teniendo en cuenta que no era el perfil mayoritario de las mujeres que pasaron por estos centros?

R.- Había más casos de los que parece. La hija de Alfonso Paso, por ejemplo, y la propia Consuelo García del Cid, que también procedía de una familia acomodada.

Nos interesaba contar cómo, al final del franquismo, una familia católica y apostólica podía internar a una chica en esta institución. Ana funciona como los ojos del espectador. Si una joven que ha vivido siempre bien, sin problemas económicos y ajena a esas otras realidades entra en el Patronato... El contraste hace que la historia resulte todavía más impactante. Dentro conoce a otras chicas y otras realidades.

Amistad y solidaridad entre mujeres

La amistad entre Ana y Sole constituye el núcleo emocional de la película. Frente a la violencia institucional y el intento de someter a las internas, Monzón introduce una relación de complicidad que permite mostrar otra dimensión de aquella experiencia: la solidaridad entre mujeres que encontraron apoyo unas en otras en circunstancias extremas.

P.- ¿Cómo crees que va a recibir el público la película? ¿Crees que está cansado de las historias ambientadas en la Guerra Civil o la Transición?

R.- Esta historia es tan terrible y tan desconocida que llama poderosamente la atención. Creo que lo mismo que me pasó a mí cuando descubrí esta historia puede sucederle al espectador. Que algo tan tremendo haya sido ocultado durante tanto tiempo, habiendo sucedido al lado de nuestras casas y hace tan poco, tiene que despertar curiosidad e indignación.

Me gustaría que la película provocara que la gente investigase, especialmente los jóvenes, y escuchara directamente a las verdaderas protagonistas contar sus vidas. Esta película obliga a hablar después de verla.

Al final, también es un aviso sobre la fragilidad de los derechos. Tardan mucho tiempo en conseguirse, pero pueden desaparecer en menos de un chasquido de dedos. Esto sucedió hace dos días y algo así no puede volver a suceder.

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