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De Járkov a pintar los frescos de la catedral rusa de Madrid, el viaje del ucraniano Andrey Babotenko

El artista y refugiado ucraniano Andrey Babotenko en el interior de la catedral ortodoxa rusa de Santa María Magdalena en Madrid

El artista y refugiado ucraniano Andrey Babotenko en el interior de la catedral ortodoxa rusa de Santa María Magdalena en Madrid Ignacio Encabo

Intuyó los tambores de guerra y abandonó Járkov, su ciudad natal, poco antes de la invasión rusa que ha convertido su país en un feroz campo de batalla. A finales de febrero, en el segundo día de la contienda, Andrey Babotenko tomó uno de los últimos aviones procedentes de Moscú y aterrizó en Madrid. Desde entonces usa la única arma que conoce: los pinceles con los que dibuja los muros de la catedral ortodoxa rusa de Santa María Magdalena.

Entre las paredes del templo, ubicado en el madrileño distrito de Canillas, se ha fraguado una hermandad a prueba de rencillas y guerras ajenas. La cuadrilla que se encarga de pintar los frescos está integrada por orígenes separados hoy por la contienda. El director del proyecto es un georgiano que estudió en Moscú. Bajo su batuta, trabajan dos rusos y cinco ucranianos, que ya no solo son pintores sino también refugiados, a los que acompañan sus respectivas familias.

“No hay guiños a la situación actual en las creaciones artísticas que estamos realizado porque el arte eclesiástico tiene que reflejar las realidades eternas y no los acontecimientos corrientes”, replica Babotenko, el joven de aire místico a quien le gusta presentarse como “un pintor de iconos”. Es primera hora del viernes y el artista es el único del batallón que se halla encaramado en los andamios que ocupan la zona del ábside. “Es que los demás llegan más tarde y trabajan hasta tarde”, explica, a su lado, Andrey Kordochkin, máximo representante de la Iglesia Ortodoxa Rusa en España.

La eternidad en mitad de la guerra

“Estamos siguiendo el plan inicial”, comenta el sacerdote. “En algún sentido, podemos decir que hemos ganado en mitad de esta situación tan trágica, porque en principio, los ciudadanos ucranianos sólo podían estar aquí tres meses y luego tenían que volver. Pensamos que habría interrupciones pero, como ahora no pueden volver, es un trabajo más intensivo”, relata Kordochkin, quien se ha acostumbrado ya a oficiar las misas con el andamiaje que oculta el altar. Las obras para decorar la iglesia comenzaron el pasado noviembre, pero la guerra en Ucrania ha imprimido un nuevo impulso y sentido.

Las pinturas tienen que reflejar no solamente los acontecimientos del día de hoy, sino la eternidad y toda la historia humana

“La iglesia, por su naturaleza y su objetivo, está siempre mandando el mensaje de la paz. Las pinturas tienen que reflejar no solamente los acontecimientos del día de hoy, sino la eternidad y toda la historia humana. Estos frescos van a estar aquí unos 500 años o más. Y por supuesto, el mensaje principal es transmitir la belleza y la paz, todo lo contrario a lo que nosotros estamos observando en Ucrania”, esboza el cura, de nacionalidad rusa y muy crítico con las supuestas razones que han llevado a Vladimir Putin a declarar la guerra a un pueblo hermano.

Babotenko tampoco comprende las raíces del conflicto. “Dijeron que era una operación especial pero es la guerra más brutal y nadie está preparado mental ni físicamente”, desliza el artista. “Desde el primer momento, nos dimos cuenta de que esta guerra no era para proteger o defender a las personas sino que era una lucha por los territorios”, arguye el pintor, oriundo de Járkov, la segunda urbe de Ucrania, a escasos kilómetros de la frontera rusa. Con una mayoría de población rusoparlante, su callejero ha sido de los más castigados por la artillería rusa. A pesar del hostigamiento, permanece del lado ucraniano.

Andrey Babotenko pinta a Leandro de Sevilla en el ábside de la catedral ortodoxa Santa María Magdalena de Madrid
Andrey Babotenko pinta a Leandro de Sevilla en el ábside de la catedral ortodoxa Santa María Magdalena de Madrid Ignacio Encabo

“Estamos muy preocupados porque hay información de que están preparando un ataque masivo sobre la ciudad”, confiesa Babotenko poco antes de escalar por la estructura y regresar a la faena. En Járkov, han quedado su madre, de 69 años, y su abuela, de 92. “Queremos evacuarlas pero ellas no tienen la voluntad de hacer ese viaje”, murmura.

Arte bizantino y santoral español

Queríamos buscar los puntos de unión, que se remontan a todo el primer milenio, antes de la ruptura entre Roma y Constantinopla

Sobre las paredes del templo han comenzado a tomar forma un proyecto que aspira a unir dos mundos, el santoral español y el arte bizantino llegado de Oriente. “El mensaje general es la transfiguración del mundo, pero con una presencia especial de los santos antiguos españoles, de los mártires romanos, de los santos visigodos y de los mártires de la invasión árabe musulmán además de varios acontecimientos de la historia de la Iglesia en España, como la batalla de Covadonga o el famoso Concilio de Toledo”, detalla Kordochkin. “Queríamos buscar los puntos de unión, que se remontan a todo el primer milenio, antes de la ruptura entre Roma y Constantinopla”.

Una vez concluido, por la catedral rusa de Madrid asomarán unos cuarenta santos locales. Entre ellos, figurarán San Vicente de Zaragoza o Santa Eulalia de Mérida; San Isidro y San Leandro de Sevilla; San Martín de Braga; San Millán de la Cogolla; o San Eulogio de Córdoba. “También habrá santos menos conocidos, como Santa Orosia, muy venerada en Jaca. Procedía de Moravia y es la única santa española con sangre eslava”, narra el religioso, volcado estas semanas en lidiar con la financiación, complicada por la escasez de rublos y las sanciones económicas impuestas por la Unión Europea. “Estamos buscando soluciones. Es más complicado encontrar fondos pero sentimos una responsabilidad mayor con las personas que han venido hasta aquí”.

Interior de la catedral ortodoxa rusa de Santa María Magdalena en Madrid
Interior de la catedral ortodoxa rusa de Santa María Magdalena en Madrid Ignacio Encabo

Todos los que estamos aquí, georgianos, ucranianos y rusos, estamos en contra de esta guerra loca

Babotenko, que se ha establecido en España con su esposa y sus cuatro hijos, calcula que “se necesitará al menos un año para completar las obras”. “O tal vez dos”, balbucea. En mitad de la guerra, él y sus camaradas de tajo han encontrado una cierta unanimidad. “Todos los que estamos aquí, georgianos, ucranianos y rusos, estamos en contra de esta guerra loca. Creo que la mayor parte del pueblo ruso también está en contra”, argumenta.

“No es un trabajo solo mecánico. Es también emocional y va a reflejar la profundidad de las emociones que nosotros vivimos ahora mismo. Las personas que vengan a este templo sabrán que los pintores hicieron estas imágenes en los días más difíciles de sus vidas y les va a impactar mucho. Cualquier forma de arte que está hecha por el corazón del hombre siempre impacta en los corazones de los otros”, concluye Kordochkin.

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