«Es una recompensa». El líder del Movimiento Imperial Ruso, Stanislav Vorobyov, reaccionó así cuando en abril de 2020 el Departamento de Estado designó a este movimiento político, creado en 2002 en San Petersburgo, como una organización terrorista. Fueron los primeros ultras en recibir esta calificación. Este grupo de supremacistas monárquicos, en coordinación con la Inteligencia Militar rusa, estaría tras la oleada de envíos de paquetes con material pirotécnico, a finales de 2022, que tuvieron como objetivo la Moncloa, residencia del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, el Ministerio de Defensa, una empresa de venta de armas y la embajada ucraniana en España y la estadounidense, según ha publicado The New York Times.

Los envíos de cartas bomba, que también se recibieron en las legaciones ucranianas en otras capitales europeas, fueron interceptados. El material era de escasa potencia. La finalidad sería, sobre todo, lanzar una señal de advertencia a los aliados europeos de Ucrania y para ello se habrían coordinado la inteligencia militar rusa con los ultranacionalistas del Movimiento Imperial Ruso. La embajada rusa en España ha dicho que lo publicado en Estados Unidos era «un artículo fantasía». Rusia negó ya en su día cualquier relación con estos paquetes amenazantes.

Este grupo no siempre actúa en sintonía con el Kremlin, aunque muchos de sus intereses coinciden. Están en guerra con Occidente porque consideran que amenaza los valores tradicionales rusos. El poder imperial y la Iglesia Ortodoxa rusa son sus pilares. En palabras de su líder, Stanislav Vorobyev, «la mayor amenaza es la estabilidad de los regímenes hostiles donde hay ciudadanos rusos».

Mantienen, en palabras de Michael Carpenter, ex alto cargo del Departamento de Defensa, una «simbiosis de adversarios», por la que el gobierno ruso les permite «interactuar con los grupos neonazis y de extrema derecha en Occidente siempre y cuando no causen problemas en Rusia».

Putin instrumentaliza al Movimiento Imperial Ruso, aunque en casa los controla y reprime cuando sobrepasan ciertos límites»

nicolás de pedro, i. for statecraft

«Putin instrumentaliza al Movimiento Imperial Ruso, aunque en casa los controla y reprime cuando sobrepasan ciertos límites. El Kremlin no permite ningún contrapoder autónomo y teme el potencial del ultranacionalismo así que opta por controlarlo», afirma Nicolás de Pedro, investigador especializado en espacio postsoviético del Institute for Statecraft. El Movimiento Imperial Ruso es una organización supremacista blanca, antisemita, monárquica zarista, ultranacionalista rusa, con sede en San Petersburgo, según el Centro para la Seguridad y la Cooperación Internacional de la Universidad de Stanford.

Aspira a la restauración de la monarquía zarista y tiene relación con grupos neonazis europeos y supremacistas en Estados Unidos. En abril de 2020 el Departamento de Estado colocó en su punto de mira a tres de sus dirigentes: Vorobyov, Denis Gariev y Nikolai Trushchalov. En una entrevista, relataba Truschalov, coordinador de relaciones exteriores, cómo el movimiento empezó con una vocación intelectual, ligado a su defensa de la monarquía.

Defiende un nacionalismo ruso basado en la identidad étnica, de modo que aboga por extender la influencia de la Federación Rusa allí donde haya rusos étnicos. Coinciden con Putin en su visión sobre Ucrania, como territorio propio. Cuentan con al menos dos campos de entrenamiento donde imparten cursos que denominan Partisan. Allí aprenden desde hacer bombas a utilizar armas.

Amenaza para Europa y EEUU

Como señalaba en The Washington Post, Anton Shekhovtsov, experto en ultraderecha en la Universidad de Viena, en un reportaje sobre este grupo supremacista ruso, «el Movimiento Imperial Ruso lleva desde 2015 siendo una amenaza para las sociedades europeas. Mucho de lo que es peligroso para las sociedades occidentales es muy útil para el Kremlin».

Uno de los que felicitó a la organización ultranacionalista cuando fue calificada por Estados Unidos como «terrorista» fue Igor Girkin, un ex agente de Inteligencia ruso, condenado en ausencia a cadena perpetua por el derribo del avión de Malaysia Airlines en 2014. Girkin tuvo un papel estelar en la invasión de Crimea y en el Donbás en 2014. Sus críticas al Kremlin ahora cada vez suben más de tono.

Según el Centro de Terrorismo, Extremismo y Contraterrorismo de California, este movimiento es «extremadamente peligroso y está implicado en el entrenamiento de supremacistas blancos en Europa y Estados Unidos». Tienen un ala paramilitar denominada Legión Imperial, que apoyó en los combates en el Donbás en 2014. Uno de sus dirigentes reconoció a Der Spiegel haber recaudado fondos con este objetivo con los que sufragaron desde drones hasta alimentos para los combatientes leales al Kremlin.

En la actual guerra también cuentan con voluntarios, aunque no tienen tanto protagonismo como el Grupo Wagner, que también va a entrar en la lista negra de terroristas de EEUU. Los mercenarios de Wagner, dirigidos por Yevgueni Progozhin, están llevando la iniciativa en la zona de Bajmut. Se considera que la Legión Imperial sí ha sido muy activa a la hora de reclutar extranjeros que luchen a favor del Kremlin.

La Inteligencia alemana confirmó que jóvenes del partido neonazi NDP (Nationaldemokratische Partei Deutschland) había recibido entrenamiento de la Legión Imperial. En agosto de 2016 entrenaron a dos suecos del Movimiento de Resistencia Nórdico, Viktor Melin y Anton Thulin, perpetraron atentados contra un café y un centro de migrantes en Goteburgo, en Suecia. También lo intentaron en un campamento de refugiados. La Fiscalía sueca comprobó que habían aprendido a fabricar explosivos en el curso de la Legión Imperial.

Los contactos entre grupo neonazi sueco, que aboga por crear una nación pan-nórdica y el Movimiento Imperial Ruso tuvieron lugar en el Foro Conservador Ruso Internacional en San Petersburgo, en 2015, organizado por Rodina, otro partido ultranacionalista ruso. Allí concibieron esta idea de las misiones en otros países.

Stanislav Shevchuk y sus lazos en España

Dentro de estas conexiones internacionales, el Movimiento Imperial Ruso estableció lazos en España con el partido de extrema derecha Democracia Nacional. Uno de sus dirigentes, Stanislav Schevchuk, habría residido en la zona de Barcelona, aunque tiene su residencia oficial fijada en la capital de Bielorrusia, según información del Departamento del Tesoro de EEUU que reveló El Confidencial. Desde el 15 de junio de 2022, Schevchuk está en el objetivo de EEUU como terrorista internacional.

A finales de noviembre de 2019 Schevchuk, de 39 años, asistió a una conferencia organizada por Democracia Nacional, a la que acudieron también dirigentes ultraderechistas como el Partido Nacional Británico, el Partido Nacionalista francés o la italiana Alianza por la Paz y la Libertad. Schevchuk hizo turismo por Madrid con Manuel Canduela, líder de Democracia Nacional .

En 2017 viajó a Estados Unidos, donde estableció lazos con el Partido Tradicionalista de los Trabajadores, uno de los portavoces de la alt right. Shevchuk estuvo en Washington DC y Gettisburg, Pensilvania, donde asistió a un mitin de los supremacistas.

En 2017 tuvo lugar la primera reunión de supremacistas de Rusia y EEUU con Shevchuk y Heimbach»

casey michel, periodista en voa

«Era la primera vez que se celebraba una reunión en suelo de EEUU de supremacistas de EEUU y Rusia», dijo a VOA Casey Michel, periodista de investigación que ha estudiado las conexiones de los ultranacionalistas rusos y estadounidenses. Schevchuk se vio con Matthew Heimbach, líder del Partido Tradicionalista de los Trabajadores. Juntos posaron con una bandera imperial rusa ante la Casa Blanca, como difundió en Twitter el investigador Oleksy Kuzmenko.

El Movimiento Imperial Ruso también realiza labores de captación a través de conferencias, manifestaciones, debates, así como eventos religiosos. Cuentan con un portal de Internet, La Visión de la Derecha, una revista, La Visión Imperial, y numerosos libros donde exponen sus tesis. Como la mayoría de los movimientos de ultraderecha se mueven bien en redes sociales, de ahí que les perjudicara ser considerados como un grupo terrorista por Estados Unidos. «Fue una sorpresa en realidad para nosotros. Supongo que fue por nuestra actividad en el Donbás, aunque en el fondo me temo que habrá sido por nuestro cristianismo», decía Gariev, uno de los dirigentes señalados en 2020. Su cruzada está en marcha.